Deidad vs Trinidad
Publicado el 29 de August de 2026
Contenido
Introduccion Introducción
Es imposible comprender el amor de Dios y el plan de salvación sin un conocimiento correcto de Dios. Según la Biblia, tener un conocimiento correcto de la doctrina y naturaleza de Dios es un asunto de vida o muerte espiritual. Las Escrituras no presentan el conocimiento de Dios como un simple ejercicio intelectual o abstracto, sino como la raíz misma de la salvación y la vida eterna. Para la Biblia, el conocimiento doctrinal de Dios es el ancla de la salvación. Una doctrina de Dios equivocada crea un "Dios falso" en la mente, lo que resulta en una fe falsa, una adoración falsa y, por consecuencia, la pérdida de la gracia salvadora. El testimonio de las Sagradas Escrituras en cuanto a la importancia de conocer a Dios es contundente.
"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3).
"Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová..." (Jeremías 9:24)
"... para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo..." (1 Tesalonicences 1:8).
"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (Oseas 4:6).
Debido a que un conocimiento correcto de la doctrina de Dios es un asunto crucial en el plan de salvación, en este estudio "Deidad vs Trinidad", examinaremos al Dios de la biblia (el Dios de Israel) y lo compararemos con el dios de la trinidad (el dios de Babilonia). ¿Cómo es el Dios de la Biblia? ¿Es una sola persona o son tres personas en una?
Por un lado, el dios de la trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana según la Iglesia Católica Romana; y la define como un solo Dios en tres personas divinas coiguales y coeternas en todo sentido: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Según ellos, no se trata de tres dioses, sino de una única sustancia o naturaleza divina que subsiste en tres personas distintas. No obstante, cada uno de los tres miembros de la trinidad desempeña roles distintos en el plan de redención. Cabe afirmar que la doctrina de la trinidad (un dogma eminentemente católico romano) ha sido aceptada por casi todas las iglesias o denominaciones cristianas y protestantes del mundo.
Por otro lado, la biblia presenta un Dios diferente al de la trinidad, el cual es practicamente desconocido en el mundo cristiano. La biblia define a Dios Padre como el único Dios Supremo, una sola Persona. Jesús es el Hijo de Dios, un ser divino, pero subordinado al Padre. Cristo no fue creado como los ángeles o los humanos, sino engendrado en "los días de la eternidad" pasada de la misma sustancia del Padre, por lo que es divino pero comenzó a existir después del Padre. El espíritu santo (ruaj = aliento) es la presencia omnipresente y el poder del Padre y del Hijo, y no una persona distinta a Ellos.
Desarrollo El Dios de Israel
Según la Palabra de Dios, ¿Quién es y cómo es el Dios de Israel? Consideremos este tema más detalladamente. Cuando permitimos que Dios hable por sí mismo a través de las Sagradas Escrituras, siguiendo estrictamente el principio de que "la biblia se interpreta a sí misma", descubrimos toda la verdad maravillosa acerca de quiénes son Dios Padre, Jesucristo y el espíritu santo. Cuando hacemos a un lado todos los prejuicios, interpretaciones y tradiciones humanas aparece toda la verdad en su máxima pureza, sencillez, belleza y profundidad.
Dios es Una Sola Persona
La biblia es absolutamente clara sin ningún tipo de ambigüedad: Dios es uno. Es decir, Dios es un único ser Supremo o Persona literal. En ninguna parte de la biblia se declara que Dios sea tres personas en uno. Este concepto es completamente ajeno al testimonio de las Escrituras. Como veremos más adelante, la idea del dios triuno nació en la Iglesia Católica Romana al fusionar la idea del trío de dioses de origen pagano Babilónico con el concepto bíblico de un solo Dios. El propósito era mezclar el paganismo de origen babilónico con el cristianismo bíblico para complacer a ambas corrientes, logrando así una mayor aceptación y popularidad del cristianismo en todo el mundo. Las Sagradas Escrituras es absolutamente clara al enseñarnos que Dios es una sola Persona.
"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deuteronomio 6:4).
"Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es" (Marcos 12:29).
"Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen y tiemblan" (Santiago 2:19).
"Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí" (Isaías 45:5).
"Antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí" (Isaías 43:10).
"Yo soy Jehová, y no hay otro" (Isaías 45:18).
"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3).
"Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él (1 Corintios 8:5-6).
"Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén" (1 Timoteo 1:17).
"que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén" (1 Timoteo 6:14-16).
Dios Tiene un Hijo
La biblia afirma con absoluta claridad que Dios tiene un Hijo: Jesucristo, el Mesías. Cristo es el Hijo de Dios porque fue engendrado y nació de Él. Por medio de su Hijo, el único Soberano Dios hizo el universo y redimió a la humanidad del pecado. La idea de que Cristo es coigual y coeterno con Dios en todo sentido, es totalmente ajena a la biblia. Jesús no es un Hijo metafórico, simbólico o funcional como propone la doctrina de la trinidad; Él es el Hijo natural y literal de Dios. A diferencia de los ángeles y los humanos, que fueron creados, Jesús nació de Dios. Según Miqueas 5:2, los comienzos o los orígenes de Cristo fueron en "los días de la eternidad", un pasado muy distante, mucho antes de la creación de los ángeles y el universo. La palabra hebrea "motsa'ah" traducida como "sus salidas", viene de la raíz hebrea "yatsa", que significa literalmente "salir, brotar o proceder". Nuevamente, la biblia es contundente en sus declaraciones.
"Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad" (Miqueas 5:2).
"Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy" (Salmo 2:7).
"Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, Y él me será a mí hijo?" (Hebreos 1:5)
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).
"En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él" (1 Juan 4:9).
"¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?" (Proverbios 30:4)
"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,..." (Hebreos 1:1-3).
"Jehová me poseía en el principio, Ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, Antes de la tierra. Antes de los abismos fui engendrada; Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas. Antes que los montes fuesen formados, Antes de los collados, ya había sido yo engendrada; No había aún hecho la tierra, ni los campos, Ni el principio del polvo del mundo. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; Cuando afirmaba los cielos arriba, Cuando afirmaba las fuentes del abismo; Cuando ponía al mar su estatuto, Para que las aguas no traspasasen su mandamiento; Cuando establecía los fundamentos de la tierra, Con él estaba yo ordenándolo todo, Y era su delicia de día en día, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Me regocijo en la parte habitable de su tierra; Y mis delicias son con los hijos de los hombres" (Proverbios 8:22-31).
La Relación Padre-Hijo
Según el testimonio de las Sagradas Escrituras, Dios es el Padre literal de Cristo y Cristo es el Hijo literal de Dios. Por lo tanto, la Deidad o Divinidad está compuesta por Dios Padre, Jehová; y su Hijo, Jesucristo. Ambos son seres o personas literales distintas que comparten la misma sustancia y naturaleza divina, inmortal e infinita. Ambas personas Divinas comparten un mismo espíritu, carácter y misión. Los principales atributos del carácter del Padre y el Hijo (la Deidad) son el amor, justicia, libertad y sabiduría infinitas. Las prerrogativas propias de la naturaleza Divina del Padre y el Hijo son la omnisciencia, omnipotencia y omnipresencia (Proverbios 30:4, Hebreos 1:1-3, Juan 10:30, Juan 10:38, Colosenses 2:9, Juan 1:1, Filipenses 2:6, Juan 14:28, 1 Corintios 11:13, 1 Corintios 15:28).
Sin embargo, en el sistema de gobierno universal, el Padre y el Hijo difieren en jerarquía y función. En cuanto a la jerarquía o línea de mando, el Padre es primero, el Hijo es segundo. En lo que respecta a la función, el Padre es la Gran Fuente de origen y sostenimiento del universo entero; el Hijo es el Gran Medio, a través del cual el Padre crea y sostiene todo el universo. El Padre es el Diseñador de la creación y la redención, el Hijo es el Ejecutor. Si bien es cierto que el Hijo es el Creador de todas las cosas, el Padre es el Gran Creador. El Hijo es el único Socio y Compañero Divino del Padre desde "los días de la eternidad", un pasado muy distante, mucho antes de la creación de los ángeles y el universo. Cristo es Dios (Divino), porque heredó la sustancia y naturaleza divina de su Padre al nacer de Él. Sin embargo, su Padre es el único Gran Dios y Padre de todos en el universo (1 Corintios 8:6, Colosenses 1:15-16, Hebreos 1:1-3, 2 Corintios 5:19, 1 Timoteo 2:5).
Por naturaleza, Cristo es infinito (sin principio ni fin) igual al Padre, porque heredó la misma sustancia y naturaleza divina, inmortal e infinita del Padre al nacer de Él. Pero en cuanto a su personalidad (como persona individual), Cristo tiene un principio, ya que nació del Padre en "los días de la eternidad", un pasado muy lejano, mucho antes de la creación de los ángeles y el universo, aún antes de la existencia de la materia, el tiempo y el espacio. El Padre es el único ser en todo el universo que es doblemente infinito: infinito por naturaleza e infinito por personalidad (1 Timoteo 1:2,17; Juan 1:18; 1 Timoteo 6:13-16; Miqueas 5:2; Juan 8:42; Salmo 2:7; Juan 1:14; Juan 3:16).
La divinidad de Jesucristo se fundamenta en su nacimiento o procedencia natural de Dios Padre. Cristo es el Hijo de Dios por nacimiento, no por creación como los ángeles y los seres humanos. Él es el Unigénito Hijo de Dios. Esto significa que Cristo es el único Hijo natural o literal del Padre Eterno en todo el universo. Su nacimiento es antes de toda la creación, "en los días de la eternidad". Cristo es el Hijo de Dios desde la eternidad, mucho antes de su nacimiento humano en la tierra. De lo contrario, Dios nunca habría podido dar a su Hijo para la salvación del hombre, porque es una verdad innegable que no se puede dar algo que no se tiene (Miqueas 5:2, Juan 1:18, 1 Juan 4:9, Juan 3:18, Salmo 2:7, Hebreos 1:5).
El infinito amor de Dios por la humanidad se fundamenta, justamente, en su incalculable sacrificio paternal al entregar a su Unigénito Hijo amado al castigo de la muerte eterna en la cruz del calvario, para salvar al hombre de sus pecados. Para ilustrar el gran amor del Padre Eterno, Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su único hijo sobre el altar en el Monte Moriah, en el mismo lugar donde Cristo sería sacrificado muchos años después. ¿Cuánto dolor y sufrimiento le habrá causado a Abraham la idea de sacrificar a su propio y único hijo (unigénito)? Sin duda alguna, ésta fue la mayor prueba humana de fe y amor en la historia del mundo – una adecuada representación del amor supremo de Dios Padre al sacrificar a su propio y único Hijo (Unigénito) por la redención de la humanidad. (Juan 3:16, 1 Juan 4:9-10, Romanos 8:32, Efesios 2:4-5)
Dios y su Hijo Tienen un Espíritu
Un conocimiento correcto acerca de la personalidad, rol y ministerio del Espíritu Santo en el plan de salvación es crucial para el pueblo de Dios de los últimos días. El Padre y el Hijo han realizado las obras de la creación y salvación a través del Espíritu Santo que procede de la boca de Ellos porque es el aliento (ruaj) del Padre y el Hijo. El Espíritu Santo es la omnipresencia de Dios. Es decir, el Espíritu Santo es la presencia personal, invisible y extra corporal de Dios Padre y su Hijo Jesucristo, el cual procede de Ellos y es enviado a cualquier lugar del universo en cumplimiento de la voluntad de Ellos (Salmo 139:7-10, Juan 15:26, Gálatas 4:6, Romanos 8:9-11, Juan 16:7, Juan 14:26, Salmo 33:6, Génesis 2:7, Juan 20:22).
La biblia no da mayor información sobre la naturaleza del Espíritu Santo, el cual sigue siendo un misterio incomprensible para la mente humana, pero sí nos da suficiente información acerca de la personalidad del Espíritu Santo. La biblia claramente enseña que el Espíritu Santo es el aliento, el poder y la mente de Dios que actúa como su representante personal. No es un ser o una persona literal aparte del Padre y el Hijo. Por esta razón, la biblia nunca se refiere a él como Dios el Espíritu Santo. Aun cuando el Padre y el Hijo no están con su pueblo de forma presencial o literal, Ellos están con sus hijos fieles de manera espiritual, invisible y extracorporal por medio de su Espíritu Santo. En este sentido, la presencia del Espíritu Santo, es la presencia de Dios mismo (Deuteronomio 29:29, Juan 14:26, Juan 15:26, Romanos 8:9-11, 1 Corintios 2:10-12, Génesis 2:7, Juan 20:22, Hechos 1:8, Lucas 24:49).
En el plan de salvación, los santos ángeles son los portadores del espíritu santo y son los canales o medios a través de los cuales Dios ministra la presencia y el poder de su Espíritu Santo a su pueblo en la tierra (Salmo 104:4, Hebreos 1:7, Hebreos 1:13-14, Hechos 8:26-39, Hechos 10:3,19; 11:11-12; Lucas 22:43, Génesis 28:12-14; Juan 1:51).
En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo es conocido como "el Consolador". Con el propósito de salvar a la raza humana por medio de su amante sacrificio, el Hijo de Dios se hizo hombre y conoció el sufrimiento físico, mental y espiritual de los seres humanos por experiencia propia. Es precisamente esta experiencia, la que calificó al Hijo de Dios para llegar a ser un Consolador propicio para el pueblo de Dios. Después de cumplir con su ministerio terrenal, el Hijo de Dios llegó a ser nuestro Consolador. Él nos consuela y comprende perfectamente, no solamente porque es poderoso, sino porque ha estado en nuestro lugar. Cristo resucitado, es el Consolador. Por consiguiente, el Espíritu Santo que procede de Él, es el Espíritu Consolador. El Consolador es el Espíritu que sale de la boca de Cristo resucitado y actúa como su representante personal. El Espíritu Santo es una extensión de Jesús, por medio del cual Él puede estar con todos sus Hijos en la tierra al mismo tiempo. La presencia del Espíritu Santo es la presencia de Cristo mismo. La conducta del Espíritu Santo es la conducta de Cristo mismo. Las cualidades del Espíritu Santo son las cualidades de Cristo mismo. Por esta razón la biblia le atribuye al Consolador las cualidades propias de la persona de Cristo (Juan 14:16-18, Juan 14:26, Juan 15:26).
El ministerio del Espíritu Santo Consolador comenzó después de la ascensión de Jesús, cuando Cristo fue ungido como Sumo Sacerdote e Intercesor en el lugar santo del santuario celestial, en el día de Pentecostés. El Padre ungió a su Hijo con el poder del Espíritu Santo para que pudiera ministrar los beneficios de la salvación a su pueblo. Cristo, no solamente llegó a ser el Sumo Sacerdote e Intercesor en el plan de salvación, sino también llegó a ser el Santo Consolador de su pueblo. Cuando el Padre ungió a su Hijo con el Espíritu Santo, el Padre le dio a Cristo el don de la Omnipresencia. El Espíritu Santo es la omnipresencia de Cristo. Como resultado del ungimiento de Cristo en el cielo, el Espíritu Santo Consolador fue enviado por primera vez al pueblo de Dios en la tierra, a los 120 en el aposento alto, en el día del Pentecostés. Aunque Cristo no podía estar de forma presencial o literal con su pueblo en la tierra, Él podía estar con todos sus hijos al mismo tiempo de forma invisible y extracorporal, por medio de su Espíritu (Juan 16:7, Hechos 1:8, Romanos 8:8-11, Mateo 18:20, Mateo 28:20, Salmo 139:7-10, Hechos 2:33, Hebreos 8:1-2).
Así como Cristo es el único Sumo Sacerdote e Intercesor en el plan de salvación en virtud de su nacimiento, vida, muerte y resurrección en la tierra, de igual manera Cristo es el único Consolador gracias a su nacimiento, vida, muerte y resurrección. ¡Es imposible que Dios Padre, un ángel o cualquier otra persona en el universo pueda cumplir con la triple función de Sacerdote, Intercesor y Consolador, porque ninguna otra persona del cielo vino a la tierra a nacer, vivir, morir y resucitar! ¡Solo Jesús puede ser el Sacerdote, Intercesor y Consolador! ¡Esta es una verdad irrefutable que anula por completo la idea de que el Consolador sea una persona literal aparte de Cristo! (2 Corintios 3:17, 1 Juan 2:1, 1 timoteo 2:5, Hebreos 7:25)
La doctrina de la trinidad enseña que el Espíritu Santo es un ser o una persona literal igual al Padre y al Hijo, y se refiere a él como Dios el Espíritu Santo, el tercer miembro de la Trinidad. Esta doctrina es completamente ajena a las enseñanzas de la Palabra de Dios. Ella tiene su origen en el paganismo de la antigua Babilonia y la idolatría de la Iglesia Católica Romana, que la introdujo en el Concilio de Nicea (325 d.C.) y la abrazó oficialmente en el Concilio de Constantinopla (381 d. C.). En la Iglesia Adventista del Séptimo Día, donde nací y crecí, sus pioneros nunca enseñaron la doctrina de la trinidad. Esta doctrina fue presentada por primera vez a la iglesia a finales de la década de 1920 por el pastor y teólogo adventista Le Roy Froom. La doctrina de la trinidad fue promovida por él y otras altas autoridades de la iglesia hasta que finalmente fue votada oficialmente como creencia fundamental en 1980, en la sesión de la Conferencia General.
Desarrollo El Dios de Babilonia
Después de haber conocido al Dios de Israel, ahora toca conocer al dios de Babilonia. ¿Cuál es y cómo es el dios de Babilonia? Permitamos que la biblia, la historia y la arqueología nos guíen a través de este fascinante tema.
A lo largo del Antiguo Testamento, los profetas presentan a Babilonia no solo como un imperio político, sino como un símbolo de idolatría extrema, orgullo y prácticas mágicas o paganas que contaminaban a las naciones (Isaías 47:12-13, Jeremías 50:38). Jeremías la describe textualmente como un instrumento de extravío: "Copa de oro fue Babilonia en la mano del Señor, que embriagó a toda la tierra; de su vino bebieron las naciones; por tanto, se enloquecieron las naciones" (Jeremías 51:7).
En el Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis retoma esta misma figura para identificar al enemigo espiritual de la verdad en los últimos días. En Apocalipsis 17:5, se le llama explícitamente: "BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA". El texto muestra que este sistema místico e idólatra extiende su influencia sobre "pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas" (Apocalipsis 17:15).
Origen: Trío de Deidades (tres personas divinas)
¿De dónde viene la idea de adorar a un trío o triada de deidades? Por supuesto, esta idea viene de Babilonia "que embriagó a toda la tierra; de su vino bebieron las naciones". Originalmente, los tres miembros del trío de deidades paganas fueron Nimrod, Tamuz y Semiramis.
1. Nimrod (El Padre y Dios Sol)
El primer rey de Babel, gran cazador y líder de la rebelión contra Dios tras el diluvio. Al morir violentamente, fue deificado por su esposa como Baal (el Señor) o el Dios Sol.
2. Tamuz (El Hijo y Salvador Encarnado)
Hijo de Semíramis, nacido después de la muerte de Nimrod. Semíramis afirmó que Tamuz no tenía padre humano, sino que fue concebido milagrosamente por los rayos del Dios Sol (Nimrod). Tamuz fue presentado como la reencarnación de Nimrod y la "simiente prometida" para salvar a la humanidad.
3. Semíramis (La Madre y Reina del Cielo)
Esposa de Nimrod y la astuta reina de Babilonia que codificó los "Misterios Babilónicos" para mantener el poder tras la muerte de su esposo. Se deificó a sí misma como la Reina del Cielo, adoptando la identidad de la diosa Ishtar (o Astarté). Su símbolo principal era la paloma y es el origen del culto a la Virgen María
El culto a Nimrod, Tamuz y Semiramis se esparció por toda la tierra a través del tiempo. Tras la confusión de lenguas en Babel, el trío de deidades mutó en nuevos nombres y representaciones. A continuación compartimos con el amable lector, un listado de equivalencias de la triada original de dioses babilónicos en las civilizaciones posteriores.
1. Nimrod (El Padre y Dios Sol)
Babilonia y Asiria (Mesopotamia): Baal (señor/amo), Bel (el conquistador), Merodac/Marduk (el rebelde), Anu (el alto), Shamash (el sol) y Kronos (el astuto/oculto).
Medopersia: Ormuz o Ahura Mazda (el principio de la luz y el fuego) y Mithra (el sol invicto).
Grecia: Zeus (padre de los dioses), y Hércules (el titán cazador).
Roma: Saturno (el dios oculto), Júpiter (padre los jóvenes), Jano (dios de los comienzos) y Vulcano (dios del fuego)
Egipto: Osiris (el poderoso), Amón (el que revela secretos), Ra (dios sol) y Seb o Geb (el que purifica por fuego/dios de la tierra).
Canaán y Fenicia: Moloc o Milcom (el que exige sacrificios de fuego), Dagón (el dios-pez o salvador de las aguas) y Baal-Peor (el señor que abre).
India: Brahma (el misericordioso/padre eterno), y Vishnu (el omnipresente).
2. Tamuz (El Hijo y Salvador Encarnado)
Babilonia y Asiria (Mesopotamia): Tamuz/Dumuzi (el hijo legítimo o el hijo de la vida), Ninus (el hijo).
Medopersia: Mithra el Joven (nacido de una roca luminosa).
Grecia: Dionisio o Baco (dios joven del vino y el éxtasis), Cupido (dios del corazón) y Adonis (el señor reencarnado).
Roma: Júpiter (Júpiter el niño) y Plutón (el hijo de la riqueza)
Egipto: Horus (el hijo).
Canaán y Fenicia: Baal-Berit (como el hijo del pacto), y Atis (el dios joven que muere en un árbol).
India: Iswara o Ganesha (la diosa madre con su hijo).
3. Semiramis (La Madre y Reina del Cielo)
Babilonia y Asiria (Mesopotamia): Ishtar (la que hace salir o la luz matutina), Beltis (mi señora), Mylitta (la mediadora/intercesora), y Rhea (la pastora/la que alimenta).
Medopersia y Asia Menor: Anahita (o la Gran Madre de Frigia).
Grecia: Afrodita (diosa del amor), Hera (la señora), Rea (la madre), Hécate (la que hace desaparecer), Diana o Artemisa (la que abre las puertas), e Irene (diosa de a paz).
Roma: Venus (la deseada), Juno (la paloma), Diana (la que abre las puertas), Ceres (la que brota), Fortuna (madre de la fortuna), y Cybeles (Cibeles, madre de las torres o de los cabellos trenzados)
Egipto: Isis (la madre con el niño), Hathor (la morada de dios) y Mut (la madre).
Canaán y Fenicia: Astarté o Astoret (reina del cielo).
India: Isi (la madre de la sabiduría), Parvati (la que divide, la montaña del orgullo) o Devaki (la purificadora, la de la estirpe divina).
China y Lejano Oriente: Shingmoo (la Madre Santa con el bebé)
Tras la confusión de las lenguas en Babel, el culto misterioso de esta tríada familiar se esparció por el mundo cambiando de nombres según el idioma, pero manteniendo la estructura de "Madre e Hijo" o "Tríada". En Egipto se convirtieron en Osiris, Isis y Horus, en Grecia en Zeus, Afrodita y Eros, y en el Imperio romano se adoraban como Saturno, Venus (o Fortuna) y Cupido.
Origen: La Trinidad (tres personas en un solo dios)
¿Cómo nació el concepto de la trinidad (tres personas en un solo dios)? Cabe mencionar que, la idea del dios triuno o trinidad (tres personas en un solo dios) ya existía mucho antes de que la Iglesia Católica Romana la oficializara en el siglo IV de nuestra era. El dios triuno de origen babilónico estaba perfectamente representada en las imágenes de la Trimurti (India), el dios celta Lugus (Europa Prerromana) y la Hécate Triformis (Antigua Grecia y Roma).
1. La Trimurti (India)

2. El dios celta Lugus (Europa Prerromana)

3. La Hécate Triformis (Antigua Grecia y Roma)

Cuando el emperador Constantino el Grande supuestamente se convirtió al cristianismo en el siglo IV, realizó una amalgama política. Para unificar el imperio, "bautizó" los ídolos de la religión de misterio babilónica-romana dándoles nombres cristianos: el culto a la diosa madre (Venus/Isis) con su hijo (Cupido/Horus) se transformó en la veneración a la Virgen María y el Niño Jesús, mientras que la estructura mística de la tríada dio forma definitiva al dogma de la Trinidad.
Según la historia, el teólogo norteafricano Tertuliano fue el primero en acuñar el término latino Trinitas hacia el año 200 d.C. para explicar la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La doctrina de la Trinidad se definió formalmente en el Concilio de Nicea (325 d.C.) y el Concilio de Constantinopla (381 d.C.) como respuesta a disputas internas cristianas, específicamente contra el arrianismo, que negaba la plena divinidad de Jesucristo.
En definitiva, tanto la Biblia como la historia y la arqueología confirman que la antigua Babilonia no solo es la cuna de la adoración a un trío de deidades, sino también de la adoración a un dios triuno. Luego, lo que hizo la Iglesia de Roma fue combinar el monoteísmo heredado del judaísmo con la adoración al trío de deidades heredado de la antigua Babilonia. El resultado fue la doctrina de la Trinidad o el dios triuno. Para lograr su objetivo, los teólogos católicos convirtieron a Jesús y al espíritu santo en dos personas divinas coiguales y coeternas con Dios el Padre.
Para conocer más detalladamente cómo se propagó el paganismo o idolatría de la antigua Babilonia a todo el mundo a través del tiempo hasta ser adoptado y "cristianizado" por el Papado y la Iglesia Católica Romana, lo exhortamos a estudiar el libro The Two Babylons (Las Dos Babilonias) de Alexander Hislop en 1853, en el siguiente enlace:
https://elultimoremanente.com/public/uploads/recursos/pdf_69f7c33272ef46.49029030.pdf
Desarrollo La Trinidad y el Plan de Salvación
¿Alguna vez te has preguntado cómo la doctrina de la trinidad afecta al plan de salvación? A decir verdad, el dogma del dios triuno no solo afecta el plan de salvación sino practicamente lo destruye de varias maneras.
1. En primer lugar, la doctrina de la Trinidad destruye el amor de Dios al anular la relación natural o literal entre el Padre y el Hijo. Al presentar a Dios Padre y a Cristo como dos personas coiguales y coeternas en todos los aspectos, la doctrina de la trinidad deshace la relación natural o literal entre el Padre y el Hijo, ya que presenta una relación meramente metafórica o funcional asumidos solo para la encarnación. En otras palabras, Dios Padre y Cristo asumen el papel de Padre e Hijo porque así lo requiere el plan de salvación, no porque lo sean en realidad. El vínculo entre ambos representa una mera distribución de roles funcionales y títulos relacionales.
Sin embargo, la biblia enseña claramente que la profundidad del amor de Dios quedó demostrado al sacrificar a su Unigénito Hijo amado para salvar a la humanidad. ¡No es lo mismo sacrificar un Hijo real y literal que entregar un hijo puramente simbólico! ¡El dolor y el sufrimiento dista mucho de ser igual! Dios muestra la magnitud de su amor precisamente al sacrificar a su propio Hijo real y literal. De otra manera, es imposible comprender el profundo amor de Dios. Sagazmente, Satanás utiliza el dogma de la Trinidad para destruir el supremo amor de Dios.
El testimonio de la Palabra de Dios es completamente natural y razonable al describir la relación entre el Padre y el Hijo como un vínculo plenamente literal. La pureza, sencillez y belleza del testimonio bíblico es incomparable.
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).
"El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8:32).
"En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4:9-10).
2. En segundo lugar, la doctrina de la Trinidad destruye la muerte real y total de Cristo, el Divino Hijo de Dios. Esto es cierto porque dicho dogma define a Dios Padre y a Cristo como dos personas coiguales y coeternas en todos los sentidos. Según la doctrina de la trinidad, Dios es un solo ser que se manifiesta simultaneamente en tres personas distintas (tres personas en uno). De hecho, la tradición católica romana utiliza un triángulo equilátero (escudo de la trinidad) para representar al dios triuno. Esta descripción de Dios hace que Cristo sea incapaz de morir literal y totalmente, porque Dios nunca muere.
Si seguimos la lógica del concepto de la Trinidad con toda honestidad hasta sus últimas implicaciones y consecuencias, llegamos inevitablemente a dos posibles conclusiones. (Analizaremos la segunda conclusión en el tercer punto más abajo). La primera posible conclusión es que, lo que murió en la cruz fue necesariamente una fracción de Dios (la tercera parte). Mientras Dios el Hijo moría, Dios el Padre y Dios el Espíritu Santo estaban vivos porque Dios es un solo ser en tres personas. Dios experimentó una muerte parcial, no total. Es decir, tenemos una muerte a medias. La muerte sacrificial total de Cristo queda anulada, porque en realidad, solo murió la tercera parte de Él. Asimismo, la resurrección de Cristo es parcial - no es total. Cuando aplicamos el pensamiento trinitario a la muerte expiatoria de Cristo, ¡ésta es completamente confusa, contradictoria y absurda!
3. En tercer lugar, la doctrina de la Trinidad destruye el Divino sacrificio de Cristo, reduciéndolo a una ofrenda puramente humana, menoscabando así su valor.
Siguiendo la lógica del dogma de la Trinidad con toda honestidad hasta sus últimas implicaciones y consecuencias, la segunda conclusión es que, lo que murió en la cruz fue solo la parte humana de Cristo. La parte Divina nunca murió, porque Dios no puede morir. Debido a que Cristo es coigual y coeterno con el Padre, le es imposible morir totalmente. Entonces, para poder morir de alguna manera - aunque fuera parcialmente - Dios Hijo se dividió necesariamente en dos partes: una humana y otra Divina. Lo que murió en la cruz fue solo la parte humana de Cristo; la parte Divina nunca murió porque Dios no puede morir.
¿Te das cuenta de la consecuencia final de la enseñanza de la Trinidad? ¡El sacrificio que Dios presentó en la cruz del Calvario fue una ofrenda humana! ¡No fue ni siquiera angélica mucho menos Divina! De esta manera, Satanás degrada y destruye el valor del sacrificio Divino en la cruz del Monte Calvario. Querido hermano lector, la biblia es absolutamente clara al enseñarnos que un sacrificio humano no puede redimir al hombre del pecado; solo una ofrenda Divina puede hacerlo.
La Palabra de Dios es contundente en sus enseñanzas: Cristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre y experimentó un sacrificio real y una muerte total. Al hacerse hombre, el Hijo de Dios no se dividió en dos partes o presentaciones. Cristo siguió siendo una sola Persona al velar o cubrir su Divinidad con la humanidad que asumió cuando vino a este mundo. Solo así podía pagar el precio por los pecados de la raza humana y redimirla para la gloria de su Padre. La paga del pecado es muerte eterna. El sacrificio y la muerte del Hijo de Dios debía ser y fue total; el cielo quedó completamente vacío de su presencia. Es más, si Cristo no hubiera resucitado de los muertos, ¡el cielo y los ángeles lo hubieran extrañado para siempre! El Salmo 24 describe el gozoso recibimiento que los ángeles le dieron al Hijo de Dios al cielo después de su resurrección. Sagazmente, a través del dogma de la Trinidad, Satanás destruye la verdad del sacrificio, muerte y resurrección reales y totales de Jesús, el Hijo de Dios. Asimismo, el Diablo destruye el plan de salvación.
"Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23).
"...sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive" (Romanos 6:9,10).
"Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu" (Mateo 27:50).
"Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor" (Mateo 28:5,6).
4. En cuarto lugar, la doctrina de la Trinidad destruye la obra de salvación e intercesión que Cristo realiza en favor de su iglesia en la tierra. Según la idea del dios triuno, es Dios el Espíritu Santo el que realiza la obra de salvación en la vida de los creyentes en la tierra. Cristo es una especie de Intercesor celestial pero el que ejecuta toda la obra de salvación en la tierra es la Persona de Dios el Espíritu Santo, el tercer miembro de la Trinidad. Esto convierte al espíritu santo en una especie de Socio Co-Salvador y Co-Intercesor con Cristo en la obra de salvación. Si seguimos la lógica de esta doctrina, Dios Hijo es el Salvador e Intercesor celestial y Dios Espíritu Santo es el Co-Salvador y Co-Intercesor terrenal. La obra terrenal de salvación se le asigna a una persona diferente: dios el espíritu santo. Esto anula por completo la enseñanza bíblica de que, Cristo es el único Salvador e Intercesor entre Dios y los hombres.
Según las Escrituras, es Cristo mismo mediante su propio espíritu, mente o poder (ruaj - aliento), quien realiza toda la obra de salvación e intercesión en favor del hombre tanto en el cielo como en la tierra. La manifestación del Espíritu Santo o el Consolador es la presencia misma de Jesús - es su presencia invisible en la vida de los creyentes. Es decir, el espíritu santo es la omnipresencia de Cristo con su iglesia.
"¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?" (Salmo 139:7)
"Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo" (Juan 20:22).
"Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2 Corintios 3:17).
"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros" (Juan 14:16-18).
"Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!" (Gálatas 4:6).
"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo (1 Timoteo 2:5).
"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12).
Pero alguién preguntará, ¿No presenta la Biblia al espíritu de Dios como una persona, con su propia personalidad distinta al Padre y al Hijo? Esta es una pregunta completamente lógica y válida. Examinemos el asunto con honestidad y profundalidad a la luz de la Biblia. Es verdad que las Escrituras parecen presentar al Espíritu Santo como si fuera una persona diferente al Padre y el Hijo. Esto se debe principalmente a que el espíritu santo es el representante personal de Jesús; y como tal, posee cualidades propias de una persona - la persona de Jesús. Como hemos visto anteriormente, la Palabra de Dios enseña que el espíritu es el "ruaj" (aliento) que sale de la persona del Padre y el Hijo - específicamente de la boca de Éllos. El Espíritu Santo actúa como la presencia personal invisible o la omnipresencia de la Deidad (el Padre y el Hijo).
En consecuencia, la biblia enseña que el espíritu santo sabe y escudriña (1 Corintios 2:10-11), enseña y recuerda (Juan 14:26), tiene una mente (Romanos 8:27), puede ser entristecido (Efesios 4:30), puede amar (Romanos 15:30), puede ser insultado (Hebreos 10:29), reparte dones como él quiere (1 Corintios 12:11), dirige y prohibe acciones (Hechos 16:6-7), puede hablar (Hechos 13:2), intercede (Romanos 8:26), testifica (Juan 15:26). Además de todo lo anterior, el ser humano puede blasfemar, resistir y mentir en contra del espíritu de Dios (Mateo 12:31-32, Hechos 7:51, Hechos 5:3-9).
Desarrollo La Trinidad y la Primera Tabla de la Ley de Dios
La doctrina de la Trinidad atenta directamente contra los cuatro mandamientos ubicados en la primera tabla de la ley de Dios, los cuales condenan la idolatría y ordenan adorar y servir al único Dios Creador. Los cuatro mandamientos de la primera tabla de la ley de Dios dicen lo siguiente:
"Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó" (Éxodo 20:1-11).
Como vimos anteriormente, el concepto de la Trinidad es el resultado de la fusión de dos ideas: el monoteísmo bíblico de un solo Dios y el politeísmo del trío de deidades proveniente de la idolatría y paganismo de Babilonia. Es decir, la idea de la Trinidad surge de la necesidad de combinar el concepto de un solo Dios (una persona) con el concepto de tres personas divinas. De allí proviene la idea de "tres en uno" reflejado en el uso de los términos "triuno" o "Trinidad" (triunidad).
En consecuencia, el dios triuno es una creación de la Iglesia Católica Romana y, como tal, es completamente ajeno a la Biblia. Por lo tanto, el dios triuno es uno de los dioses ajenos condenados por el primer mandamiento de la ley de Dios. Dicho mandamiento dice:
"Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Éxodo 20:2,3).
Asimismo, el dios triuno es adorado por medio de las imágenes que lo representan. Esta es una violación directa al segundo mandamiento de la ley de Dios, el cual prohibe la adoración de imágenes de cualquier cosa que esté en cielo, en la tierra o debajo de la tierra. El mandamiento dice:
"No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios..." (Éxodo 20:4-6).
El tercer mandamiento ordena considerar el nombre de Dios, Jehová (Yehová), con la máxima reverencia, solemnidad y respeto porque su nombre es santo y representa su carácter. Los juramentos falsos, las blasfemias, la hipocresía y el uso descuidado del nombre de Dios son una violación del tercer mandamiento del decálogo. De igual manera, hacer imágenes o ídolos para representar a Dios, y adorarlo a través de ellos, es tomar su nombre en vano y rebajar su santidad. El tercer mandamiento dice:
"No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano" (Éxodo 20:7).
Finalmente, el cuarto mandamiento ordena reposar en el séptimo día de la semana en alabanza y adoración al Dios Creador de los cielos y la tierra. Dios creó el calendario lunisolar para señalar los tiempos de adoración (Génesis 1:14). Dicho calendario está regido por :los movimientos naturales del sol y la luna. El séptimo día de reposo semanal no es ni el sábado ni el domingo del calendario Gregoriano. El verdadero séptimo día de reposo se encuentra únicamente en el calendario lunisolar de la Biblia. El cuarto mandamiento dice:
"Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó" (Éxodo 20:8-11).
Sin embargo, la profecía de Daniel 7:25 predice que el cuerno pequeño intentaría cambiar los tiempos y la ley. Efectivamente, el imperio romano en alianza con la Iglesia Católica Romana, cambió el calendario lunisolar de la Biblia por el calendario Juliano-Gregoriano. Dicho calendario fue creado para señalar los días de adoración a su dios - el dios triuno. Tanto el primer día como el séptimo día del calendario moderno, son días de adoración al dios de la Trinidad (el dios triuno). La observancia del primer día de la semana, domingo (Dies Solis - día del sol), rinde adoración al dios sol. Mientras tanto, la observancia del séptimo día de la semana, sábado (Dies Saturni - día de Saturno - Saturday en inglés), rinde adoración al dios Saturno.
Al abrir el enlace de abajo, usted tendrá acceso a un seminario completo sobre el calendario lunisolar de la Biblia y el verdadero séptimo día de reposo semanal.
Desarrollo La Trinidad y el Número 666
Como vimos anteriormente apoyados en la historia y la arqueología, la adoración al dios de Babilonia consistía en la adoración al dios triuno o el dios de la trinidad (Nimrod - padre y dios sol, Tamuz - hijo del sol, Semiramis - madre y reina del cielo). Este dios triuno estaba representado antiguamente por un solo cuerpo con tres caras. Hoy día, la Iglesia Católica Romana utiliza un triángulo equilátero para representar al dios triuno. Las tres esquinas de triángulo representan a las tres personas divinas de la trinidad.
Dicho esto, la cara principal del dios triuno era el sol. Según la historia y la arqueología, la adoración al dios sol estaba representado por el número 666 (Apocalipsis 13:18). Dicho número no solo representa e identifica a la primera bestia de Apocalipsis 13, sino también representa e identifica al falso dios de este sistema de religión pagana. Este sistema no es otro que el Papado que heredó la antigua religión pagana de Babilonia de adoración al “Dios Sol” o el “Dios Saturno”. Como veremos más adelante, en la religión babilónica, la adoración al Dios Sol es igual a la adoración al Dios Saturno. Esto es algo que todo estudiante serio de la historia puede confirmar acerca del paganismo de Babilonia. El número 666 se puede verificar con absoluta certeza de tres formas distintas:
1. Primero, la suma de los valores numéricos de las letras del nombre o título oficial del Papa en latín “VICARIUS FILII DEI”, es de 666. Este título se traduce al español como “el Vicario del Hijo de Dios” que literalmente significa el representante del Hijo de Dios en la tierra, que ejerce el poder y la autoridad en lugar de Cristo.
F = 0, I = 1, L = 50, I = 1, I = 1 = 53
D = 500, E = 0, I = 1 = 501
VICARIUS = 112, FILII = 53, DEI = 501 = 666
2. Segundo, la suma total de las "casas astrológicas" de las 36 divinidades de la antigua religión de Babilonia que representaba al Dios Sol o Dios Saturno, que aparecían en el “Sigilla Solis” o "sello solar", era de 666. Si sumamos los números de estos 36 dioses babilónicos de la siguiente manera: 1 + 2 + 3 + 4 + 5, y así sucesivamente hasta el 36, el cálculo nos da exactamente el número 666. Todas las filas, columnas y diagonales del sello solar suman 111. Las seis filas horizontales o las seis columnas verticales suman un total de 666 (6 x 111 = 666).

3. Tercero, el nombre o título oculto de Nimrod por el cual era conocido en los misterios de Babilonia (Apocalipsis 17:5) era “Stur” (Saturno). El nombre “Stur” contiene el número apocalíptico 666.
Misterio y Saturno son dos términos correlativos en la lengua Caldea. Misterio significa "el sistema oculto". Saturno significa "el dios oculto". Saturno en caldeo se pronuncia "Satur", pero se escribe "Stur". Todos los que conocemos la historia, sabemos que antiguamente, a Roma se le conocía con el nombre de "Saturnia" o "Ciudad o País de Saturno" porque fue la heredera de la religión pagana de la antigua Babilonia. El primer "Pontifex Maximus" fue Nimrod. Todos sabemos por la historia que el título y el oficio de " Pontifex Maximus" pasó de la antigua religión de Babilonia a los emperadores de Roma y luego al Papado.
El nombre oculto de Nimrod era "Stur" (Saturno) como el dios o cabeza visible de la religión babilónica. Mientras tanto, el dios o la cabeza invisible era "Satán" (Sheitán o Teitán en el idioma caldeo). Cuando los paganos adoraban a Saturno, adoraban a Satán. Es decir, cuando ellos adoraban a Nimrod, en realidad adoraban a Satanás. Cuando los profesos cristianos adoran en el día de Saturno (séptimo día sábado del calendario gregoriano), en realidad lo que hacen es ¡rendir adoración al dios Saturno o dios Sol, sin saberlo! ¡No solamente rinden adoración a la cabeza visible de la falsa religión, el Papa; sino que, en realidad, le rinden adoración a la cabeza invisible de la falsa religión, ¡Satanás! ¡Gracias a Dios por esta nueva luz! ¡Ahora podemos ser libres de semejante abominación e idolatría! Rindamos al Creador la adoración debida a su Nombre en el día que Él ha señalado en su Palabra – el séptimo día sábado del calendario de la biblia.
El valor numérico del nombre "Stur" suma el número exacto de la besti y el dios triuno: 666.
STUR = S = 60 T = 400 U = 6 R = 200 = 666
(M'Gavin'sProtestant, Vol. II., p. 79, 1837.) (Chambers's Book of Days, p. 435) Origo Gentis Romanæ, cap. iii. " Hislop, op. cit.,
NOTA: Actualmente estamos trabajando en la parte final de este estudio. Muy pronto estará disponible el material completo.