Doctrina

PARTE 1: El Trasfondo del Plan de Salvación

Doctrina

Publicado el 04 de April de 2026


Ilustración: PARTE 1: El Trasfondo del Plan de Salvación

Introduccion Introducción

VERDADES ETERNAS DEL PLAN DE SALVACION

Practicada y Enseñada por El Último Remanente (última revisión y actualización, abril 2026)

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Al presentar a la iglesia y al mundo esta sinopsis de nuestra fe, deseamos dejar bien definido que nosotros no tenemos ningún artículo de fe, credo, o disciplina, aparte de la biblia. Nosotros no creemos que el presente resumen de enseñanzas bíblicas cuente con una autoridad doctrinal mayor, igual o adicional a la biblia, mucho menos la consideramos un reemplazo de la biblia. Solamente las Sagradas Escrituras contienen todas las verdades esenciales para la salvación de la humanidad. Este resumen no es final, porque seguimos el principio bíblico de la verdad presente o verdad progresiva, el cual enseña que nuevas verdades se siguen desarrollando en la actualidad, así como ha venido sucediendo en el pasado desde la época de la reforma protestante. Sin embargo, Dios muy pronto completará su obra de revelación de toda su verdad, antes del fin de la gracia. Al ser un Dios de amor y justicia, El no permitirá que la iglesia y el mundo lleguen al fin de la gracia sin haber tenido la oportunidad de conocer la plenitud de su voluntad. Al igual que en el pasado, como receptores de la nueva luz, Dios elige a hombres y mujeres en base a su fidelidad y consagración espiritual, y no tanto en base a su calificación académica, oficio, rango religioso o eclesiástico.

En esta primera parte, presentamos las verdades esenciales relacionadas con el trasfondo o contexto del plan de salvación de acuerdo con la autoridad y testimonio de Dios a través de las Sagradas Escrituras. Presentamos lod temas de la Deidad y el Espíritu Santo. Exponemos los antecedentes que hicieron necesario el plan de salvación, incluyendo la historia del gran conflicto entre Cristo y Satanás en el cielo y la tierra, la creación y caída del hombre. No es posible llegar a un entendimiento pleno del plan de salvación sin un conocimiento amplio de los eventos que lo motivaron.    

Desarrollo La Autoridad de Dios y Las Escrituras

VERDAD ETERNA # 1: La Autoridad de Dios y Las Escrituras

Dios expresa y ejerce su autoridad suprema por medio de las Sagradas Escrituras porque ellas contienen su Palabra. La biblia constituye la única fuente autoritativa en materia de fe, práctica y disciplina espiritual para la iglesia. Ella contiene toda la instrucción Divina y todas las verdades esenciales del plan de salvación. Solo la Biblia revela la perfecta voluntad de Dios, y su autoridad está por encima de los amigos, la familia, la sociedad, las instituciones y organizaciones humanas, el gobierno civil y la iglesia misma. (Isaías 8:20, 2 Timoteo 3:16, Juan 17:17, Isaías 55:11, Hechos 5:29, Gálatas 1:18)

Cuando las leyes de Dios entran en conflicto con las leyes humanas, cada fiel hijo de Dios tiene el derecho y el privilegio de elegir ser fiel a la Palabra de Dios antes que a las leyes humanas, aunque su decisión le traiga inconvenientes personales, pérdidas materiales, persecución, sufrimiento o la muerte. La recompensa celestial de cada hijo fiel supera por mucho el sufrimiento terrenal. (Hechos 5:29, Mateo 5:10-12)

La biblia fue escrita por unos 40 diferentes autores inspirados por el Espíritu Santo en un período de más de 1,500 años. Aun así, los 66 libros del canon bíblico forman una unidad indivisible con una armonía perfecta. Las maravillas de la naturaleza, los hechos de la historia y los hallazgos arqueológicos dan testimonio de la autenticidad y credibilidad de las Sagradas Escrituras. Las abundantes evidencias disponibles dan fe de la veracidad de la biblia más allá de toda duda. Las únicas razones que existen para no creer en la biblia son el desconocimiento, el prejuicio o la necedad voluntaria. (2 Timoteo 3:16-17, Salmo 119:160, Salmo 18:30, Salmo 19:1-4, Salmo 85:11, Isaías 46:9-10)

En su sabiduría, Dios ha facultado a todo ser humano con la capacidad intelectual para comprender las Sagradas Escrituras, la cual está escrita en un leguaje humano. Dios ha preservado providencialmente las Escrituras a través de las edades por su poder y voluntad. Todo ser humano es individualmente responsable ante Dios por su propia salvación. De igual manera, todo ser humano es individualmente responsable ante Dios de estudiar y entender por sí mismo el mensaje de salvación que se encuentra en las Escrituras. (Job 32:8, 2 Timoteo 2:7, Juan 5:39, Josué 1:8, Filipenses 2:12) 

Nuestro deber como criaturas e hijos de Dios, no consiste en “interpretar” la biblia, sino en estudiarla con diligencia para "descubrir" sus verdades. El hombre no tiene la responsabilidad ni la capacidad de “interpretar” la biblia. El único “intérprete” de la biblia es el Espíritu Santo que procede de Dios porque fue él quien la inspiró. Dependemos totalmente de la dirección del Espíritu Santo para comprender las enseñanzas de la Palabra de Dios. De hecho, la biblia enseña que los "intérpretes de la ley" seguían sus propias tradiciones y mandamientos de hombres en lugar de la Palabra de Dios (Hechos 17:11, 1 Corintios 2:13, 2 Pedro 1:20, Mateo 23:2, Mateo 23:23-24, Lucas 11:52, Marcos 7:8-9)

Aunque debemos siempre respetar y escuchar a las autoridades de la iglesia y a nuestros hermanos, la investigación de la verdad es una tarea que nunca debe ser confiada a la iglesia ni a ningún líder religioso o teólogo por muy encumbrado que sea, porque todos ellos no son infalibles. Debemos siempre comprobar todas las enseñanzas con la biblia. Toda doctrina debe tener un fundamento sólido en la Palabra de Dios. (1 Corintios 2:4-5, Hechos 17:11, Mateo 23:8-10, Jeremías 17:5, 1 Juan 2:7)

Nuestras decisiones doctrinales deben siempre seguir la regla del peso de la evidencia. A la hora de decidir si una enseñanza es verdad o mentira, debemos ser guiados siempre por el peso de la evidencia bíblica, no por la opinión de los más encumbrados maestros de la biblia o por la opinión de la mayoría. Lo credos religiosos o los libros que contienen una declaración oficial de las doctrinas de las diferentes iglesias, no son inspirados por el Espíritu Santo como lo es la biblia. En consecuencia, el credo oficial de cualquier iglesia debe estar siempre abierto a la investigación, corrección y actualización constante, para asegurarnos de que dichas doctrinas se ajusten a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, siguiendo el principio de la verdad progresiva. Dicho principio enseña que la luz de la verdad está en constante desarrollo hasta el fin del mundo. (Isaías 28:10, Salmo 119:160, 1 Tesalonicenses 5:21; 2 Pedro 1:20-21)

Además, nunca fue el plan de Dios que la iglesia tuviera un credo doctrinal, ya que el único credo es la biblia. La realidad es, y la historia lo atestigua, que el gran problema de oficializar un credo doctrinal, siempre ha sido que éste ha llegado a sustituir la Palabra de Dios como la única regla de fe, práctica y disciplina para los miembros de la iglesia. Solo Dios y las Escrituras son confiables, porque solo ellos son perfectos. (2 Timoteo 3:16-17, Deuteronomio 31:10-13, Deuteronomio 17:18-19, Deuteronomio 4:2, Isaías 8:20, 1 Corintios 4:6, Tito 1:14)

A continuación compartimos algunos lineamientos para estudiar la biblia correctamente y "descubrir" sus verdades espirituales en lugar de "interpretarlas". 

1. Deja que la biblia se interprete a sí misma. La biblia se explica sola. Nunca debemos interpretar la biblia, sino solamente estudiarla diligentemente para descubrir sus enseñanzas guiados por el Espíritu Santo. La palabra de Dios es tan perfecta, que no necesita que le quitemos o le añadamos ninguna idea. De echo, las escrituras lanzan advertencias muy duras en contra de quienes se atrevan a quitarle o añadirle. Primero, debemos estudiar cada versículo de la biblia en su contexto inmediato. Luego, debemos estudiarlo en su contexto más amplio en toda la Escritura. Otros versículos nos ayudarán a entenderlo mejor. El uso de herramientas de estudio como la concordancia, diccionario hebreo y griego, diferentes versiones de la biblia y comentarios bíblicos serán de gran utilidad. (2 Pedro 1:20-21, Isaías 28:10, Salmo 119:130, Apocalipsis 22:18-19)

2. No estudies la biblia para apoyar tus prejuicios, opiniones y creencias preestablecidas. Debemos estar dispuestos a poner a un lado nuestros prejuicios, ideas, opiniones y creencias preestablecidas ante el descubrimiento y confirmación de una nueva verdad o nueva luz procedente de la Palabra de Dios. Debemos aceptar y obedecer cada nueva verdad aún cuando contradiga las doctrinas oficiales de la iglesia a la que pertenezcamos y seamos finalmente expulsados o excomulgados de nuestra congregación. (2 Pedro 3:16, 2 Corintios 4:2, Juan 17:17)

3. Elige siempre la opción con el mayor peso de la evidencia bíblica. Ante la duda o una aparente contradicción bíblica, debemos siempre elegir la opción con el mayor peso de la evidencia o el mayor número de testigos de la biblia. (Salmo 119:160, 1 Tesalonicenses 5:21, Hechos 19:11)

4. Asegúrate de que cada enseñanza encaje armoniosa y perfectamente en el gran cuadro del plan de salvación. Cada verdad o enseñanza de la biblia es como una pieza del rompecabezas que debe encajar armoniosa y perfectamente en el cuadro más amplio del mensaje de la Palabra de Dios y el plan de salvación. (Lucas 24:27, Efesios 2:20-21, Salmo 119:160)

5. Estudia la biblia siguiendo el principio de la verdad progresiva. El principio de la verdad progresiva enseña que las verdades de la Palabra de Dios se irán desarrollando hasta alcanzar la plenitud justo antes del fin de la gracia y el fin del mundo. Dios está revelando más luz y nuevas verdades de la biblia especiales para este tiempo que el pueblo de Dios necesitará para salir victorioso sobre la marca de la bestia y los engaños sutiles de Satanás en las escenas finales de la historia del mundo. (2 Pedro 1:12, Proverbios 4:8, Juan 16:12-13, Daniel 12:4, Daniel 12:10, Apocalipsis 10:2-7, Mateo 24:14, Apocalipsis 14:6-12, Apocalipsis 18:1-4)

Desarrollo La Deidad: El Padre y el Hijo

VERDAD ETERNA # 2: La Deidad: El Padre y el Hijo

Es imposible comprender el amor de Dios y el plan de salvación sin un conocimiento correcto de la Deidad. La Divinidad está compuesta de Dios Padre, Jehová; y el Hijo de Dios, Jesucristo. Ambos son seres o personas literales que comparten la misma sustancia y naturaleza divina e infinita, la misma inmortalidad, el mismo espíritu, el mismo carácter y la misma misión. (Proverbios 30:4, Hebreos 1:1-3, Juan 10:30, Juan 10:38)

Los atributos del carácter de la Deidad son el amor, justicia, libertad y sabiduría infinitas. Las prerrogativas propias de la naturaleza Divina son la omnisciencia, omnipotencia, omnipresencia y autoexistencia infinitas. Sin embargo, el Padre y el Hijo difieren en jerarquía y función universales. En la línea de mando, El Padre es primero, el Hijo es segundo. (Colosenses 2:9, Juan 1:1, Filipenses 2:6, Juan 14:28, 1 Corintios 11:13, 1 Corintios 15:28)

En el universo, El Padre es la Gran Fuente de origen y sostenimiento de toda la creación. El Hijo es el Gran Medio, a través del cual el Padre ha dado origen y sostenimiento a toda la creación. Mientras que el Padre es el Diseñador de la creación y el plan de redención, el Hijo es el Ejecutor. Si bien es cierto que el Hijo es el Creador de todas las cosas, el Padre es el Gran Creador. El Hijo es el Socio y Compañero Divino del Padre desde los días de la eternidad. Cristo es Dios, porque heredó la sustancia y naturaleza divina de su Padre al nacer de Él. Sin embargo, su Padre es el único Gran Dios y Padre de todos en el universo. (1 Corintios 8:6, Colosenses 1:15-16, Hebreos 1:1-3, 2 Corintios 5:19, 1 Timoteo 2:5) 

Por naturaleza, Cristo es infinito (sin principio ni fin) igual al Padre, porque heredó la misma sustancia y naturaleza infinita del Padre al nacer de Él. Sin embargo, como persona individual, Cristo tiene un principio. El Padre es el único ser en todo el universo que es doblemente infinito: infinito por naturaleza e infinito como persona individual. (1 Timoteo 1:2,17; Juan 1:18; 1 Timoteo 6:13-16; Miqueas 5:2; Juan 8:42; Salmo 2:7; Juan 1:14; Juan 3:16)  

La divinidad de Jesucristo se fundamenta en el hecho de su nacimiento de Dios Padre. Cristo es el Hijo de Dios por nacimiento, no por creación como los ángeles y los seres humanos. Él es el Unigénito Hijo de Dios. Esto significa que Cristo es el único Hijo natural o literal del Padre Eterno en todo el universo. Su nacimiento es antes de toda la creación, ‘en los días de la eternidad’. Cristo es el Hijo de Dios desde la eternidad, mucho antes de su nacimiento humano en la tierra. De lo contrario, Dios nunca habría podido dar a su Hijo para la salvación del hombre, porque no se puede dar algo que no se tiene. (Miqueas 5:2, Juan 1:18, 1 Juan 4:9, Juan 3:18, Salmo 2:7, Hebreos 1:5)

El infinito amor de Dios por la humanidad se fundamenta justamente en su incalculable sacrificio paternal al entregar a su Unigénito Hijo amado al castigo de la muerte eterna en la cruz del calvario por los pecados del hombre para obtener su redención. Para ilustrar el gran amor del Padre Eterno, Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su único hijo sobre el altar en el Monte Moriah, en el mismo lugar donde Cristo sería sacrificado muchos años después. Sin duda alguna, ésta fue la mayor prueba humana de fe y amor en la historia del mundo – una adecuada representación del amor supremo de Dios Padre hacia la humanidad perdida. (Juan 3:16, 1 Juan 4:9-10, Romanos 8:32, Efesios 2:4-5)

Desarrollo El Espíritu Santo

VERDAD ETERNA # 3: El Espíritu Santo

Un conocimiento correcto acerca de la personalidad, rol y ministerio del Espíritu Santo en el plan de salvación es crucial para el pueblo de Dios de los últimos días. El Padre y el Hijo han realizado las obras de la creación y salvación a través del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la omnipresencia de Dios. Es decir, el Espíritu Santo es la presencia personal, invisible y extra corporal de Dios Padre y su Hijo Jesucristo, el cual procede de Ellos y es enviado a cualquier lugar del universo en cumplimiento de la voluntad de Ellos. (Salmo 139:7-10, Juan 15:26, Gálatas 4:6, Romanos 8:9-11, Juan 16:7, Juan 14:26, Salmo 33:6, Génesis 2:7, Juan 20:22)

La biblia no da mayor información sobre la naturaleza del Espíritu Santo, el cual sigue siendo un misterio incomprensible para la mente humana, pero sí nos da suficiente información acerca de la personalidad del Espíritu Santo. La biblia claramente enseña que el Espíritu Santo es la mente, el aliento y el poder de Dios que actúa como su representante personal. No es un ser o una persona literal aparte del Padre y el Hijo. Por esta razón, la biblia nunca se refiere a él como Dios el Espíritu Santo. Aun cuando el Padre y el Hijo no están con su pueblo de forma presencial o literal, Ellos están con sus hijos fieles de manera espiritual, invisible y extracorporal por medio de su Espíritu Santo. En este sentido, la presencia del Espíritu Santo, es la presencia de Dios mismo. (Deuteronomio 29:29, Juan 14:26, Juan 15:26, Romanos 8:9-11, 1 Corintios 2:10-12, Génesis 2:7, Juan 20:22, Hechos 1:8, Lucas 24:49)

En el plan de salvación, los santos ángeles son los portadores del espíritu santo y son los canales o medios a través de los cuales Dios ministra la presencia y el poder de su Espíritu Santo a su pueblo en la tierra. (Salmo 104:4, Hebreos 1:7, Hebreos 1:13-14, Hechos 8:26-39, Hechos 10:3,19; 11:11-12; Lucas 22:43, Génesis 28:12-14; Juan 1:51) 

En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo es conocido como el Consolador. Con el propósito de salvar a la raza humana por medio de su amante sacrificio, el Hijo de Dios se hizo hombre y conoció el sufrimiento físico, mental y espiritual de los seres humanos por experiencia propia. Es precisamente esta experiencia, la que calificó al Hijo de Dios para llegar a ser un Consolador propicio para el pueblo de Dios. Después de su ministerio terrenal, el Hijo de Dios ha llegado a ser nuestro Consolador. Él nos consuela y comprende perfectamente, no solamente porque es poderoso, sino porque ha estado en nuestro lugar. Cristo resucitado es el Consolador. Por consiguiente, el Espíritu Santo que procede de Él, es el Espíritu Consolador. El Consolador es el Espíritu que sale de Cristo resucitado y actúa como su representante personal. El Espíritu Santo es una extensión de Jesús, por medio del cual Él puede estar con todos sus Hijos en la tierra al mismo tiempo. La presencia del Espíritu Santo es la presencia de Cristo mismo. La conducta del Espíritu Santo es la conducta de Cristo mismo. Las cualidades del Espíritu Santo son las cualidades de Cristo mismo. Por esta razón la biblia le atribuye al Consolador las cualidades propias de la persona de Cristo. (Juan 14:16-18, Juan 14:26, Juan 15:26)  

El ministerio del Espíritu Santo Consolador comenzó después de la ascensión de Jesús, cuando Cristo fue ungido como Sumo Sacerdote e Intercesor en el lugar santo del santuario celestial, en el día de Pentecostés. El Padre ungió a su Hijo con el poder del Espíritu Santo para que pudiera ministrar los beneficios de la salvación a su pueblo. Cristo, no solamente llegó a ser el Sumo Sacerdote e Intercesor en el plan de salvación, sino también llegó a ser el Santo Consolador de su pueblo. Cuando el Padre ungió a su Hijo con el Espíritu Santo, el Padre le dio a Cristo el don de la Omnipresencia. El Espíritu Santo es la omnipresencia de Cristo. Como resultado, el Espíritu Santo Consolador fue enviado por primera vez al pueblo de Dios en la tierra, a los 120 en el aposento alto, en el día del Pentecostés. Aunque Cristo no podía estar de forma presencial o literal con su pueblo en la tierra, Él podía estar con todos sus hijos al mismo tiempo de forma invisible y extracorporal, por medio de su Espíritu. (Juan 16:7, Hechos 1:8, Romanos 8:8-11, Mateo 18:20, Mateo 28:20, Salmo 139:7-10, Hechos 2:33, Hebreos 8:1-2)

Así como Cristo es el único Sumo Sacerdote e Intercesor en el plan de salvación en virtud de su vida, muerte y resurrección en la tierra, Cristo también es el único Consolador en el plan de salvación en virtud de su vida, muerte y resurrección en la tierra. ¡Es imposible que Dios Padre, un ángel o cualquier otra persona en el universo cumpla con estas tres funciones, porque ninguna otra persona del cielo vino a la tierra a vivir, morir y resucitar! ¡Solo Jesús puede ser el Sacerdote, Intercesor y Consolador! ¡Esta verdad irrefutable anula por completo la idea de que el Consolador sea una persona literal aparte de Cristo! (2 Corintios 3:17, 1 Juan 2:1, 1 timoteo 2:5, Hebreos 7:25)      

La doctrina de la trinidad enseña que el Espíritu Santo es un ser o una persona literal igual al Padre y al Hijo, y se refiere a él como Dios el Espíritu Santo, el tercer miembro de la Deidad. Esta doctrina es completamente ajena a las enseñanzas de la Palabra de Dios. Ella tiene su origen en el paganismo de la antigua Babilonia y la idolatría de la Iglesia Católica Romana, que la introdujo en el Concilio de Nicea (325 d.C.) y la abrazó oficialmente en el Concilio de Constantinopla (381 d. C.). La doctrina de la trinidad nunca fue enseñada por la mensajera del Señor ni los pioneros de la iglesia adventista. Esta doctrina fue introducida a la iglesia por el jesuita Le Roy Froom en 1928. Fue promovida por él y otras altas autoridades de la iglesia hasta que finalmente fue votada oficialmente como creencia fundamental en 1980 en la sesión de la Conferencia General. (Apocalipsis 17:2,5; Apocalipsis 18:3; Jeremías 51:7)

Desarrollo La Semana de la Creación

VERDAD ETERNA # 4: La Semana de la Creación

Por medio de Cristo, Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas que en ellos hay en seis días literales. En el séptimo día, el Creador reposó para celebrar y conmemorar su creación en compañía de Adán y Eva en el Jardín del Edén. El planeta tierra era bello y perfecto en todo sentido. Posteriormente, el planeta tierra se degradó y deformó con las maldiciones del pecado y el diluvio. (Génesis 2:1-4, Éxodo 20:8-11, Génesis 1:31, Génesis 3:17-18, Génesis 8:21)

Del registro bíblico aprendemos que la tierra tiene una forma plana, circular. Dios la hizo estacionaria y la afirmó sobre cimientos inamovibles. El Creador juntó las aguas en un solo lugar (un solo mar) para que la tierra apareciera y quedara en un solo lugar (un solo continente), de tal manera que las aguas rodeaban la tierra seca. Luego Dios hizo un muro de hielo alrededor del planeta para marcar el límite de las aguas y la circunferencia del planeta. Entonces Dios puso el sol, la luna y las estrellas en la expansión de los cielos sobre la tierra. Finalmente, el Creador puso un domo protector por encima de todo lo que había creado para marcar los límites aéreos y terrestres del planeta tierra. Desde luego, el registro bíblico de la creación expone la falsedad de las teorías de la evolución de las especies y el planeta esférico, así como muchas otras teorías de la pseudociencia humana. (Isaías 40:22, Proverbios 8:27, Salmo 104:5, 1 Samuel 2:8, Génesis 1:9-10, Proverbios 8:29, Job 26:10, Job 38:8-11, Job 38:29-30, Job 37:10, Génesis 1:14-17, Génesis 1:6-8, Job 37:18, Salmo 148:4, Ezequiel 1:22,26)  

En el sexto día, al final de la semana de la creación, Dios formó al hombre a partir del barro de la tierra y le dio vida. Luego formó a la mujer a partir de una costilla de Adán. El ser humano está hecho del polvo de la tierra más el soplo o aliento de vida que procede de Dios, el cual es su Espíritu. Esto es lo que constituye un alma o persona viviente. Del barro de la tierra obtenemos el cuerpo físico. Del soplo o aliento de Dios obtenemos la vida física, mental y espiritual. (Génesis 2:7, Eclesiastés 12:7, Job 32:8, Job 33:4, 1 Tesalonicenses 5:23)

Por cierto, la vida que recibió Adán era una vida inmortal condicionada por la obediencia. Dios creó a Adán a su imagen y semejanza. A su imagen porque tenía el carácter o el espíritu de Dios que había recibido a través del soplo o aliento de vida. A su semejanza porque físicamente era parecido a Dios. Cuando Adán cayó en pecado, no solamente perdió la vida inmortal sino también el espíritu de Dios que lo dotaba de la imagen de su Creador. La mente del hombre dejó de poseer el Espíritu o la presencia de Dios. Ahora el hombre poseía una naturaleza pecaminosa. Cuando el ser humano muere, el cuerpo regresa al polvo de la tierra de donde fue tomado. El aliento de vida regresa a Dios quien lo dio. La enseñanza de la Palabra de Dios expone la falsedad de la doctrina de la inmortalidad del alma que enseña que el alma es una parte del hombre que puede existir de forma consciente e independiente del ser humano. (Génesis 1:26-27, Génesis 2:16-17, Génesis 3:22-23, Romanos 3:23, Romanos 5:12, 1 Corintios 5:22, Romanos 6:23, Ezequiel 18:4)   

Desarrollo La Caída y la Naturaleza Humana

VERDAD ETERNA # 5: La Caída y la Naturaleza Humana

Cuando Dios creó a Adán, éste era perfecto física, mental y espiritualmente. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Al soplar en su nariz el aliento de vida, el Creador dotó a Adán de una mente poderosa que era poseída y controlada en su totalidad por el Espíritu Santo. Adán tenía una naturaleza santa y reflejaba perfectamente la gloria y el carácter de Cristo. Su obediencia a ley de Dios era natural y perfecta. (Génesis 2:7, Génesis 1:26,27)

Cuando Adán cayó en pecado, su naturaleza cambió. Perdió la presencia del Espíritu Santo. El hombre llegó a poseer una naturaleza pecaminosa, dominada por el espíritu de Satanás. Ahora, la práctica del pecado era parte de su naturaleza. Por otro lado, la obediencia a la ley de Dios se convirtió en una conducta contraria a su naturaleza. Había un conflicto espiritual permanente en la mente del hombre. En su mente quería obedecer a Dios, pero en su naturaleza carnal no podía. El hombre había perdido la capacidad para obedecer la ley de Dios. Para recuperar la presencia del Espíritu Santo que lo habilitara para obedecer la ley de Dios, el hombre necesitaba del plan de salvación anclado en el ministerio terrenal y celestial de Cristo. (Romanos 5:12, Romanos 8:7, Gálatas 5:17, Filipenses 2:7-9, Hebreos 9:24)

Adán transmitió su naturaleza caída a toda su descendencia gracias a la ley de la herencia. La humanidad heredó la naturaleza pecaminosa de Adán, porque él era el padre y representante de la raza humana. La ley de la herencia se sustenta en el principio de la ‘creación corporativa’. Cuando Dios creó a Adán, no creó solamente a una persona individual aislada. Dios creó un Adán corporativo. Es decir, cuando Dios creó a Adán, creó también a toda la humanidad. Dios creó en Adán a todos los seres humanos pasados, presentes y futuros. Toda la raza humana estaba en Adán. Por esta razón, el nombre Adán significa ‘humanidad’. (Génesis 1:28, 1 Corintios 15:22, Romanos 5:19)  

Valiéndose de esta realidad, el diablo hizo caer en pecado a Adán y Eva antes que éstos tuvieran hijos, para que toda su descendencia naciera con una naturaleza contaminada por el pecado. Todos los seres humanos somos pecadores, no porque pecamos como Adán, sino porque pecamos en Adán. Cuando Adán pecó, todos pecamos en él, porque todos estábamos en él. Por esta razón, Dios jamás nos culpa ni nos hace responsables por nacer pecadores o por poseer una naturaleza pecaminosa. Dios nos hace responsables y llegamos a ser culpables únicamente cuando rechazamos las buenas nuevas de salvación en Cristo. (Salmo 51:5, Romanos 3:23, Juan 3:18-19)

Desarrollo La Historia del Conflicto entre Cristo y Satanás

VERDAD ETERNA # 6: La Historia del Conflicto entre Cristo y Satanás

Antes de la creación del planeta tierra y la raza humana, todo en el cielo era perfecto. Todos los seres creados reflejaban la gloria y el carácter de su Hacedor. Entre los ángeles había paz y armonía. Dios había creado a Lucifer como el ángel más bello, sabio y poderoso. En el orden de jerarquía, Lucifer era el tercero, solo por detrás del Hijo de Dios. Al igual que todos los demás ángeles, Lucifer era perfectamente feliz y leal a Dios, hasta que el egoísmo y el orgullo comenzó a encontrar cabida en su corazón. Cuanto más se fijaba en su propia belleza, sabiduría y poder, tanto más superior se sentía a todos los demás ángeles en el cielo. (Salmo 89:14, 1 Juan 4:8, Ezequiel 28:12-15)

En su orgullo desenfrenado, Lucifer comenzó a codiciar el trono de Dios y deseó recibir la adoración que los ángeles le rendían al Padre y al Hijo. Específicamente, Lucifer codició la posición del Hijo de Dios y tuvo celos de Él; no soportaba ser inferior a Cristo. La gota que derramo el vaso, fue que Dios Padre se reunió con su Hijo para tratar el tema de la creación de la raza humana en la tierra. Lucifer se sintió excluido y herido en su orgullo infundado. Inmediatamente inició una campaña de desprestigio en contra de Dios y su gobierno. Intentó persuadir a los ángeles de que la ley de Dios era arbitraria e injusta. Les prometió a los ángeles un mejor gobierno, sin la ley de Dios, donde ellos serían libres y felices. Durante el proceso, muchos ángeles trataron de advertirle que su proceder no tenía justificación alguna, y que Dios era justo en todo lo que hacía. Le hicieron ver que sus argumentos no tenían ningún fundamento.  Con infinita paciencia y amor, el Padre y el Hijo le advirtieron a Lucifer sobre las consecuencias devastadoras de su rebelión. (Isaías 14:12-14, Juan 8:44, Apocalipsis 12:4-5, Apocalipsis 12:17, Génesis 1:26, Hebreos 1:2)

No obstante, Lucifer dio rienda suelta a todo su egoísmo, orgullo, codicia, celos y rebeldía. Su resistencia incesante al amor de Dios sumado a su permanente rechazo a su ley, llevaron a Lucifer demasiado lejos donde le era imposible arrepentirse de su maldad. Su corazón se endureció y se tornó completamente insensible al amor de Dios. Finalmente, Lucifer logró engañar a la tercera parte de los ángeles del cielo. Con el apoyo de los ángeles caídos, intentó tomar el trono de Dios por la fuerza. El Hijo de Dios repelió el ataque, al frente de los ángeles leales. Finalmente, Satanás fue expulsado del cielo. (1 Juan 3:8, Mateo 25:41, Apocalipsis 12:4,7-9)

Desde aquella rebelión en el cielo hasta el presente, ha existido una guerra abierta entre Cristo y Satanás. Éste es un conflicto de proporciones universales. El enemigo de Dios ha convertido la tierra en un planeta en rebelión al lograr la caída del hombre en pecado. Satanás se ha empeñado en deshacer las obras y los planes de Dios. Por un lado, Cristo defiende la ley de amor de su Padre. Por el otro lado, Satanás promueve la ley del egoísmo. El diablo siempre ha manifestado desprecio y odio hacia la ley de Dios. Tanto así que, durante la Edad Media, casi logró la destrucción y desaparición total de las Escrituras, porque ellas contienen la ley de Dios. Existe un odio repugnante del diablo hacia Cristo, cuya dimensión se ha puesto de manifiesto, no solamente en el sufrimiento indescriptible que le causó en la cruz, sino en la persecución despiadada del pueblo de Dios en la tierra. (Isaías 14:12-14, Apocalipsis 12:7-9, Marcos 1:12-13, Juan 14:30, 1 Pedro 5:8, 1 Juan 3:8)   

Dios podría haber aniquilado a Satanás en cualquier momento durante la rebelión en el cielo. Es más, Dios podría haber evitado la creación de Lucifer, sabiendo lo que iba a suceder. Sin embargo, no lo hizo por dos razones fundamentales. (Judas 1:9, Romanos 9:22)

En primer lugar, Dios requiere de sus criaturas un servicio libre y voluntario, no obligatorio. Con este propósito, Él ha dotado a todas sus criaturas con la facultad del libre albedrío, el libre ejercicio de su voluntad. Todos los seres creados tienen la libertad de elegir entre el bien y el mal, entre obedecer y desobedecer a Dios. Eso sí, el Creador advierte explícitamente a todos sobre las consecuencias de su elección. La obediencia garantiza la vida eterna, mientras que la desobediencia trae consigo la muerte eterna. Lucifer eligió el camino de la desobediencia, y Dios respetó su decisión. (Judas 1:6, Deuteronomio 30:19, Josué 24:15, Mateo 23:37, Apocalipsis 3:20)

En segundo lugar, Dios requiere de sus criaturas un servicio motivado por el amor, no por el temor. La destrucción inmediata de Satanás en el cielo hubiera causado un impacto negativo en la hueste angelical. Los ángeles servirían a Dios, no tanto por un sentimiento de amor sincero, sino por un sentimiento de temor al castigo. Dios permitió que Lucifer y los ángeles caídos desarrollaran todos sus planes de rebelión para que sirviera de ejemplo a todos los seres creados en el universo, de las terribles consecuencias del pecado. (Juan 14:15, 1 Juan 4:18, Salmo 110:3, Lucas 10:27, Ezequiel 28:18-19)

Al final del conflicto, cuando el pecado y los pecadores sean destruidos para siempre, Dios permanecerá como un Gobernante indiscutiblemente justo y misericordioso. Su ley permanecerá justa y perfecta por la eternidad. (Apocalipsis 20:10,15, Apocalipsis 15:3-4, Filipenses 2:10-11, Salmo 51:4)

Conclusion Conclusión

En esta primera parte, hemos visto un resumen de las verdades esenciales que tienen que ver con el trasfondo del plan de salvación. Estas verdades incluyen la autoridad de Dios y las escrituras, la Deidad, el Espíritu Santo, la creación y caída del hombre así como la historia del conflicto entre Cristo y Satanás. Un conocimiento correcto de estos temas es necesario para entender el plan de salvación.