Doctrina

PARTE 2: La Base del Plan de Salvación

Doctrina

Publicado el 17 de April de 2026


Ilustración: PARTE 2: La Base del Plan de Salvación

Introduccion Introducción

VERDADES ETERNAS DEL PLAN DE SALVACION

Practicada y Enseñada por El Último Remanente (última revisión y actualización, abril 2026)

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Al presentar a la iglesia y al mundo esta sinopsis de nuestra fe, deseamos dejar bien definido que nosotros no tenemos ningún artículo de fe, credo, o disciplina, aparte de la biblia. Nosotros no creemos que la presente declaración cuente con una autoridad doctrinal mayor, igual o adicional a la biblia, mucho menos la consideramos un reemplazo de la biblia. Solamente las Sagradas Escrituras contienen todas las verdades esenciales para la salvación de la humanidad. Este resumen no es final, porque seguimos el principio bíblico de la verdad presente o verdad progresiva, el cual enseña que nuevas verdades se siguen desarrollando en la actualidad, así como ha venido sucediendo en el pasado desde la época de la reforma protestante. Sin embargo, Dios muy pronto completará su obra de revelación de toda su verdad, antes del fin de la gracia. Al ser un Dios de amor y justicia, El no permitirá que la iglesia y el mundo lleguen al fin de la gracia sin haber tenido la oportunidad de conocer la plenitud de su voluntad. Al igual que en el pasado, como receptores de la nueva luz, Dios elige a hombres y mujeres en base a su fidelidad y consagración espiritual, y no tanto en base a su calificación académica, oficio, rango religioso o eclesiástico.

En esta segunda parte, presentamos las verdades relacionadas con la base del plan de salvación. El amor de Dios es la base del plan de salvación. La mayor manifestación del amor y la gracia de Dios se dio en el sacrificio supremo del Padre y el Hijo en la cruz del calvario. Cuando el hombre entiende lo que su salvación le ha costado al Padre y al Hijo, éste adquiere una nueva valoración del amor, gracia, sabiduría y poder infinitos de Dios, produciendo en su corazón una condición de agradecimiento, alabanza, adoración y amor profundos hacia Dios. Esta nueva apreciación del amor, gracia, sabiduría y poder Divinos, es indispensable para una preparación adecuada del terreno del corazón para un exitoso recibimiento del mensaje de salvación y el descubrimiento del verdadero propósito de la vida.

Desarrollo El Amor de Dios

VERDAD ETERNA # 7: El Amor de Dios 

El amor de Dios es la base, la razón o el motivo del plan de salvación. (Juan 3:16, Romanos 5:8, Efesios 2:4,5)

Dios es amor. El amor es la naturaleza de Dios. El amor es la mejor definición de la persona y el carácter del Creador. El amor es la fuerza más grande del universo. El amor es el secreto de la omnipotencia de Dios. (1 Juan 4:8, 1 Juan 4:16) 

El amor de Dios nace de un corazón lleno de santidad, pureza, sinceridad y bondad. El amor divino es natural, genuino e intachable. El secreto de la belleza y la perfección de Dios radica en su amor. (Salmo 145:8,9)  

El amor de Dios es incondicional. El amor de Dios es completamente desinteresado. El amor divino da sin pedir nada a cambio. El amor divino no se cansa de dar aun cuando solo recibe reproches y ofensas. (Deuteronomio 7:7,8; 1 Juan 4:10; Romanos 5:8)

El amor de Dios es el fundamento de su trono y gobierno universal. El amor de Dios es la ley que rige el universo y toda su creación. La ley de Dios es una descripción del amor divino. El amor es el gran principio del cual depende la ley de Dios. El amor es la ley que guía las relaciones interpersonales de todos los seres creados. El amor es el gran principio que sostiene y preserva la paz, la armonía, la felicidad y la prosperidad en toda la creación.  (Salmo 89:14, Salmo 97:2)

El amor de Dios es inagotable e infinito. Nuestro Padre Celestial nunca deja de amar a sus criaturas, aunque éstas se conviertan en los más viles pecadores y le causen mucho dolor y tristeza. Su amor jamás pierde la paciencia y jamás abandona al pecador. Es el pecador el que decide rechazar el amor de Dios persistentemente hasta el punto de endurecer su propio corazón y volverse completamente insensible al amor Divino. El Padre Eterno finalmente respeta su decisión basada en el libre albedrío y permite que el pecador coseche las consecuencias de sus pecados. Prolongar el tiempo de gracia para los pecadores no tiene ningún sentido, porque ellos han perdido la capacidad de arrepentirse. Dios nunca abandona al pecador; es el pecador el que abandona a Dios. Cuando el pecador endurece su corazón y se vuelve insensible al amor de Dios, El Padre Eterno decide poner fin a su vida de pecado y sufrimiento. En este sentido, la muerte eterna representa para los pecadores un descanso eterno del dolor y sufrimiento del pecado.  La muerte eterna de los impíos es un acto de amor de parte de Dios. El amor y la paciencia de Dios son verdaderamente infinitos.  (Efesios 3:18,19; Lamentaciones 3:22,23; Jeremías 31:3)

El amor de Dios es un amor libre o "vaciado" del "yo" y el egoísmo. Mientras que el amor humano está inclinado al yo y el egoísmo, el amor de Dios está inclinado a servir a todas sus criaturas hasta el punto de sacrificar su propia vida por el bien de ellas. La mayor manifestación del amor de Dios y su Hijo Jesucristo, se dio en la cruz del Monte Calvario. El Padre estuvo dispuesto a sacrificar a su propio Hijo Unigénito por amor a la humanidad. (Filipenses 2:5-8, Romanos 5:10, Lucas 23:34)

Cuando el Padre dio a su Hijo para salvar al hombre, Él realizó un sacrificio supremo e infinito que estudiaremos por la eternidad sin poder nunca llegar a comprenderlo en su totalidad. (Efesios 2:7)

Desarrollo La Gracia de Dios

VERDAD ETERNA # 8: La Gracia de Dios

La gracia de Dios se sustenta en el infinito amor del Padre y el Hijo. Somos salvos gratuitamente por la gracia de Dios por medio de la fe. La gracia es el favor que Dios le hace al hombre de salvarlo del pecado, aunque éste no lo merezca en absoluto.  (Efesios 2:8,9; Romanos 3:24)

Cuando el hombre cayó en pecado, éste quebrantó la ley de Dios voluntariamente, a pesar de haber sido advertido de las consecuencias que el pecado traería sobre él mismo y su descendencia. El pecado de Adán es una traición a su propio Creador. El pecado es una traición a la confianza y el amor de Dios. Cuando Adán pecó, éste eligió voluntariamente ser un enemigo de Dios, un enemigo de su reino y su santa ley. Al mismo tiempo, eligió ser un aliado de Satanás, el gran enemigo de Dios. Evidentemente, el hombre merecía con toda justicia cosechar las consecuencias del pecado y la condenación del pecado: la muerte eterna. (1 Timoteo 2:14, Colosenses 1:21, Santiago 4:4, Romanos 6:16)

Sin embargo, Dios hizo mucho más que solamente pagar la deuda del hombre y restaurarlo a su condición original antes del pecado en el Jardín del Edén. La gracia de Dios para con la humanidad es sobreabundante y va mucho más allá de la comprensión humana. (Romanos 5:20, 2 Corintios 9:14)

En primer lugar, los redimidos poseerán una vida eterna “incondicional”. Es decir, los redimidos vivirán con la garantía de una vida eterna sin la presencia del pecado, la tentación y sin el riesgo de volver a pecar. En el Jardín del Edén, el hombre poseía una vida eterna "condicional". Es decir, la vida eterna estaba condicionada por la obediencia, la tentación y el riesgo de pecar. (Hebreos 9:12, Juan 10:28, Hebreos 10:14, Apocalipsis 21:27, Nahum 1:9) 

Además, Dios coronará al hombre redimido con favores, honores y gloria que éste no tenía originalmente, y que van más allá de nuestra imaginación. Dios creó al hombre un poco menor que los ángeles en rango. Sin embargo, los redimidos tendrán un rango mayor al de los ángeles porque serán los hermanos menores y amigos especiales del Hijo de Dios para siempre. A través de su propia naturaleza humana, el Hijo de Dios quedará ligado a la humanidad redimida para siempre. (1 Corintios 2:9; Hebreos 2:6,-11; Romanos 8:17) 

Por si esto fuera poco, los redimidos serán coherederos con Cristo del reino de Dios, y se sentarán a la diestra del Padre junto con el Hijo y reinarán en los cielos nuevos y tierra nueva por la eternidad. ¡Qué manera de tratar a un enemigo pecador y traidor! ¡Sublime gracia! (Apocalipsis 3:21; Efesios 2:6)  

Desarrollo El Supremo Sacrificio del Padre y el Hijo

VERDAD ETERNA # 9: El Supremo Sacrificio del Padre y el Hijo

La salvación es completamente gratuita para el hombre por medio de la fe, pero tiene un costo infinito para el Padre y el Hijo. Para la Deidad, nuestra redención ha significado un sacrificio y sufrimiento incalculables. El sacrificio del Padre y el Hijo es tan grande que, por la eternidad los redimidos nunca podrán dimensionar la profundidad y la anchura de semejante proeza en su totalidad.

La mayor demostración del sacrificio del Padre y el Hijo sucedió en la cruz del Monte Calvario. Sin embargo, este sacrificio alcanza la eternidad pasada y se extienden hasta la eternidad futura. Antes de la creación de la raza humana, el Padre y el Hijo tomaron la difícil y arriesgada decisión de sacrificarse para redimirla cuando esta cayera en pecado. El Padre y el Hijo acordaron darlo todo y juraron por sus propias vidas salvar a la raza humana. El Padre estuvo dispuesto a sacrificar a su propio Hijo Unigénito por amor a la humanidad. Por su parte, el Hijo estuvo dispuesto a sacrificar su propia vida por amor a la raza humana. La Deidad realizó un sacrificio triple. (Juan 3:16; Romanos 5:8; Efesios 3:18,19; Hebreos 6:13-17)

PRIMERO: el Padre estuvo dispuesto a soportar el dolor de perder a su Hijo para siempre. Al tomar sobre sí la naturaleza pecaminosa de la humanidad caída, Cristo corrió el riesgo de caer en pecado bajo las terribles pruebas y tentaciones de Satanás; en consecuencia, morir para siempre. La biblia y el espíritu de profecía dejan en claro que Jesús tuvo que enfrentar las pruebas y tentaciones de Satanás por medio de la fe exactamente igual que nosotros, sin ninguna ventaja respecto de los seres humanos. Como ser humano, Jesús tuvo la posibilidad de pecar y sufrir la condenación de la muerte eterna. De haber pecado, Jesús se habría perdido juntos con todos los pecadores. Sin embargo, durante 33 años y medio, ¡Jesús nunca cometió un solo pecado! ¡La gloria sea para Dios! (Romanos 8:3; Hebreos 2:14-17; Hebreos 4:14,15; 2 Corintios 5:21; Romanos 6:23; Ezequiel 18:4)

SEGUNDO: el Padre estuvo dispuesto a soportar el dolor de ver a su Hijo sufrir en carne propia la terrible experiencia de la separación eterna que el pecado produce entre el pecador y Dios, al padecer el castigo de la muerte eterna en lugar de los pecadores. El Padre cargó sobre su propio Hijo el peso y la culpabilidad de los pecados pasados, presentes y futuros de toda la humanidad. En realidad, Jesús no sufrió una muerte de tres días, ¡Jesús sufrió la muerte eterna por todos los pecadores! Ese era el precio que debía pagar. Es decir, a pesar de que Jesús había predicho que iba a resucitar al tercer día, cuando agonizaba en la cruz, el Padre le quitó toda esperanza de resurrección y Cristo se sintió totalmente abandonado por su Padre para siempre. Esto fue infinitamente doloroso para ambos. Todo esto era necesario para obtener la salvación del hombre. Cristo no podía ver más allá de los portales de la tumba tenebrosa. En otras palabras, cuando Jesús moría en la cruz, Él moría con el pensamiento de que moriría para siempre y nunca más volvería a ver el rostro de su Padre. En esos instantes críticos, Jesús todavía podía arrepentirse de morir y recuperar instantáneamente su sustancia y naturaleza divinas y el trono universal. Sin embargo, Cristo se mantuvo firme en su decisión de sacrificar su vida por la redención del hombre. Es decir, Cristo murió pensando en que, si su muerte eterna obtenía la vida eterna de los seres humanos, lo demás no importaba. Jesús no murió pensando en Él sino en nosotros. ¡Qué sacrificio! ¡Qué amor! ¡Esto es demasiado profundo para comprender! Para los ángeles y representantes de otros mundos, el evento del sacrificio de Cristo fue un espectáculo terrible que los llenó de un respeto y admiración imborrables hacia el Padre y el Hijo. (Isaías 53:5; Gálatas 3:13; Mateo 20:28; 1 Pedro 3:18; Mateo 27:40-42; Lucas 23:35-37; Marcos 15:34) 

TERCERO: el Padre estuvo dispuesto a ver a su Hijo renunciar a su naturaleza y sustancia divinas y adoptar la naturaleza humana para siempre como parte del plan de redención. La biblia y el espíritu de profecía dejan en claro que Jesús conservará la sustancia y naturaleza humanas por toda la eternidad futura como el segundo Adán y nuevo Representante de la raza humana. Nunca más recuperará la sustancia y naturaleza divinas que poseía antes de la encarnación. ¡Cuán doloroso debe ser esto para el Padre! Cristo reinará como Rey de reyes y Señor de señores en la gloria de su Padre en el trono universal por la eternidad, con la naturaleza humana. ¡Cuán infinito es el sacrificio y el amor de la Deidad! ¡Y saber que todo esto lo hicieron por amor a nosotros! Los redimidos estaremos agradecidos y en deuda con el Padre y el Hijo para siempre. Por los siglos de los siglos estudiaremos el costo de nuestra salvación sin poder comprenderlo en su totalidad. Por los siglos de los siglos alabaremos y adoraremos al Padre y al Hijo sin cansarnos ni aburrirnos. ¡Al Padre y al Hijo sea toda alabanza, honra, poder, gloria y adoración por los siglos de los siglos sin fin! Amén. (Filipenses 2:5-9; Hebreos 1:1-4; 1 Timoteo 2:5; Filipenses 3:20,21; 1 Corintios 15:49; 1 Juan 3:2; Hebreos 2:11)

Conclusion Conclusión

En esta segunda parte, hemos visto las verdades esenciales relacionados con la base del plan de salvación. El amor de Dios es la base y motivación del plan de salvación.  La máxima manifestación del amor y la gracia de Dios se dio en la cruz del calvario. Cuando el hombre entiende lo que su salvación le ha costado al Padre y al Hijo, éste adquiere una nueva valoración del amor, gracia, sabiduría y poder infinitos de Dios, produciendo en su corazón una condición de agradecimiento, alabanza, adoración y amor profundos hacia Dios. Esta nueva apreciación del amor y la gracia de Dios es indispensable para una preparación adecuada del terreno del corazón para recibir el mensaje de salvación y descubrir el verdadero propósito de la vida. (2 Corintios 5:14, Romanos 2:4; 1 Juan 4:19)