Doctrina

PARTE 3: El Método del Plan de Salvación

Doctrina

Publicado el 17 de April de 2026


Ilustración: PARTE 3: El Método del Plan de Salvación

Introduccion Introducción

VERDADES ETERNAS DEL PLAN DE SALVACION

Practicada y Enseñada por El Último Remanente (última revisión y actualización, abril 2026)

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Al presentar a la iglesia y al mundo esta sinopsis de nuestra fe, deseamos dejar bien definido que nosotros no tenemos ningún artículo de fe, credo, o disciplina, aparte de la biblia. Nosotros no creemos que la presente declaración cuente con una autoridad doctrinal mayor, igual o adicional a la biblia, mucho menos la consideramos un reemplazo de la biblia. Solamente las Sagradas Escrituras contienen todas las verdades esenciales para la salvación de la humanidad. Este resumen no es final, porque seguimos el principio bíblico de la verdad presente o verdad progresiva, el cual enseña que nuevas verdades se siguen desarrollando en la actualidad, así como ha venido sucediendo en el pasado desde la época de la reforma protestante. Sin embargo, Dios muy pronto completará su obra de revelación de toda su verdad, antes del fin de la gracia. Al ser un Dios de amor y justicia, El no permitirá que la iglesia y el mundo lleguen al fin de la gracia sin haber tenido la oportunidad de conocer la plenitud de su voluntad. Al igual que en el pasado, como receptores de la nueva luz, Dios elige a hombres y mujeres en base a su fidelidad y consagración espiritual, y no tanto en base a su calificación académica, oficio, rango religioso o eclesiástico.

En esta tercera parte, presentamos las verdades relacionadas con el método del plan de salvación. Abordamos la gran pregunta: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Exponemos toda la instrucción Divina para obtener gratuitamente la gozosa experiencia de la salvación en el contexto de las dos grandes fases del plan de salvación. Lejos de experimentar duda y temor, sentirás seguridad y confianza en el maravilloso plan de salvación preparado para ti desde antes de la fundación del mundo.

La metodología del plan de salvación consiste en dos grandes fases: la salvación objetiva y la salvación subjetiva. A su vez, ambas fases se componen de tres elementos: la justificación, la santificación y la glorificación.


En la primera fase, Dios obtuvo la salvación plena (justificación, santificación y glorificación) de toda la humanidad caída de manera incondicional, aparte de la fe, durante el ministerio terrenal de Cristo con base en su nacimiento, vida, muerte y resurrección.


En la segunda fase, Dios aplica gratuitamente la salvación plena (justificación, santificación y glorificación) previamente obtenida unicamente a los creyentes por medio de la fe, durante el ministerio de Cristo en el santuario celestial con base en su nacimiento, vida, muerte y resurrección. 

Desarrollo La Naturaleza Humana de Cristo

VERDAD ETERNA # 10: La Naturaleza Humana de Cristo

La naturaleza humana de Cristo es el factor clave que hizo posible su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Dicho de otra manera, si Cristo no hubiera adoptado la naturaleza humana, su ministerio terrenal no hubiera sido posible. En consecuencia, la salvación de la humanidad tampoco fuera una realidad. La naturaleza humana de Cristo, hizo posible la manifestación de la justicia de Dios en la vida de su Hijo. La justicia de Dios en Cristo, es el método que el Padre Eterno emplea para la salvación de la humanidad. (Filipenses 2:5-9, 1 Corintios 1:30)

Ahora surge la pregunta fundamental, ¿cuál naturaleza humana adoptó Jesús? ¿La naturaleza de Adán antes de la caída o la naturaleza de Adán después de la caída? La respuesta a esta pregunta es crucial para una comprensión correcta del plan de salvación. Las Escrituras afirman categóricamente que el Hijo de Dios no solamente adoptó la naturaleza de Adán después de la caída, sino que la adoptó con ¡4,000 años de degradación pecaminosa! (Hebreos 2:14-17, Romanos 8:3)

Jesús nació de la virgen María, pero fue engendrado por el Espíritu de Dios. Su nacimiento de mujer demuestra la humanidad de Cristo y su adopción de la naturaleza humana caída. Su engendramiento del Espíritu de Dios demuestra su divinidad y naturaleza santa. Jesús tenía una madre biológica humana que poseía una naturaleza caída y un Padre biológico Divino que poseía una naturaleza santa. Cristo era el Hijo de hombre y el Hijo de Dios al mismo tiempo. Él era un ser divino-humano. La ascendencia (genealógica) humana de Jesús se derivaba de su madre María. José, el padre biológico de María, pertenecía a la línea genealógica de Abraham, Isaac, Jacob y David. Por lo tanto, por derecho genealógico, Cristo era Hijo de Abraham e Hijo de David. Ambos, el padre y el esposo de María se llamaban José. Ambos eran descendientes directos de Abraham y David. Sin embargo, María no concibió a Jesús de su esposo José, sino del Espíritu Santo. Por lo tanto, la única forma de demostrar la ascendencia (genealógica) humana de Jesús es a través de su madre María. (Mateo 1:20, Lucas 1:35, Lucas 19:10, Mateo 1:1, Mateo 1:1-17, Lucas 3:23-38)

Como resultado del "consejo de paz" entre el Padre y el Hijo, celebrado en el cielo antes de la creación de la humanidad, Cristo tomó la decisión de hacerse hombre con el propósito de redimir a la raza humana cuando ésta cayera en pecado. En virtud de su divinidad como Hijo de Dios y Creador del hombre, Cristo se propuso salvar a la humanidad del pecado. Cristo era el único medio de redención en el universo provisto por Dios. (Zacarías 6:13, Hechos 4:12, Colosenses 1:16-18)

Antes de venir a nacer a este mundo, el Príncipe del cielo, se sometió completamente a la voluntad de su Padre en un acto de rendición voluntaria. El Mesías tomó la decisión voluntaria de obedecer perfectamente la ley de Dios durante toda su vida y ministerio terrenal futuros. Eligió depender plenamente de su Padre por medio la presencia permanente del Espíritu Santo. El Padre aceptó el compromiso de sostener a su Hijo en un estado de santidad perfecta, sin pecado, durante la etapa temprana de su vida terrenal. Por esta razón, el Espíritu Santo gobernó la vida de Jesús durante sus años de infancia, sosteniéndolo sin pecado. Sin embargo, una vez superada la infancia, cuando Jesús tuvo consciencia de su identidad como el Hijo de Dios y la misión que debía cumplir en la tierra como el Mesías prometido, el compromiso del Padre de sostener a su Hijo en una condición de santidad perfecta, sin pecado, dependía directamente de una entrega consciente, voluntaria y permanente de Cristo a la dirección de su Padre. Jesús cumplió resposablemente con su parte del compromiso, y llevó una vida de dependencia total de su Padre. Esto explica la razón por la cual Jesús nunca pecó durante toda su infancia y vida adulta. (Hebreos 10:5-7, Lucas 2:49, Hebreos 4:15)

Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, Él tomó sobre sí la naturaleza humana caída en pecado. Es decir, en su humanidad, Cristo vivió con la naturaleza santa de su Padre y la naturaleza pecaminosa del hombre al mismo tiempo. Para poder rescatar al hombre, el Divino Hijo de Dios debía bajar hasta donde éste se encontraba. La única naturaleza que Adán tenía antes del pecado era la naturaleza santa que había recibido de Dios. En cambio, Jesús debía vencer el pecado en la naturaleza caída de Adán. La posibilidad de que Jesús cayera en pecado con el riesgo de perderse eternamente junto con los pecadores, es una impactante realidad respaldada por la Palabra de Dios. (Romanos 8:3, Hebreos 2:17, Hebreos 4:15, Hebreos 5:7-8)

La misión del Hijo de Dios era doble: Cristo debía ser nuestro suficiente Salvador personal y nuestro Modelo perfecto a seguir en la vida espiritual. Aun cuando Jesús fue probado y tentado en todo, Él nunca cometió pecado alguno. Se mantuvo en perfecta santidad y obediencia a la ley de Dios gracias a su dependencia total y permanente de su Padre, por medio de la presencia del Espíritu Santo. Así como Cristo venció el pecado en la naturaleza caída del hombre, el creyente también puede vencer el pecado en su naturaleza pecaminosa. La buena nueva de salvación es que el creyente en Cristo, es liberado de la condenación y el dominio del pecado, y habilitado para obedecer la ley de Dios perfectamente al igual que Jesús. El creyente será finalmente liberado de la naturaleza pecaminosa y presencia del pecado en ocasión de la segunda venida de Jesús. (Lucas 19:10, 1 Pedro 2:21, Juan 15:10, Judas 1:24)

Satanás ha ocultado la verdadera naturaleza humana de Cristo por medio de muchas enseñanzas erróneas y blasfemas, entre las que se destacan la doctrina de "la inmaculada concepción" y la "naturaleza prelapsaria de Cristo". La primera enseña que Jesús nació de una madre inmaculada; por lo tanto, Cristo era un ser santo y divino que jamás tomó la naturaleza pecaminosa del hombre. La segunda enseña que Jesús asumió la naturaleza humana de Adán antes de la caída. En ambos casos, Jesús es presentado con una naturaleza humana única y moralmente santa, sin una naturaleza pecaminosa; por lo tanto, le era prácticamente imposible pecar. Estas enseñanzas niegan el verdadero poder del evangelio y la gloria de la salvación en Cristo. Estas enseñanzas forman parte del sistema del Anticristo, el cual niega que el Mesías haya venido en la carne. (1 Juan 4:2-3, 2 Juan 1:7)  

Desarrollo El Ministerio Terrenal de Cristo

VERDAD ETERNA # 11: El Ministerio Terrenal de Cristo

El método del plan de salvación consiste en dos grandes fases: la salvación objetiva y la salvación subjetiva. A su vez, ambas fases se componen de tres elementos: la justificación, la santificación y la glorificación.

En la primera fase, Dios obtuvo la salvación plena (justificación, santificación y glorificación) de toda la humanidad caída de manera incondicional, aparte de la fe, durante el ministerio terrenal de Cristo gracias a su nacimiento, vida, muerte y resurrección.

En la segunda fase, Dios aplica gratuitamente la salvación plena (justificación, santificación y glorificación) previamente obtenida, unicamente a los creyentes por medio de la fe, durante el ministerio de Cristo en el santuario celestial gracias a su nacimiento, vida, muerte y resurrección.

En este resumen, nos enfocaremos en el ministerio terrenal de Cristo (nacimiento, vida, muerte y resurrección) como la base de la primera gran fase del plan de salvación: la salvación objetiva. 

El Nacimiento de Cristo

El plan de salvación no consiste en un mejoramiento de la humanidad caída sino en una nueva creación de ella. Con este propósito, Dios envió a Cristo como el segundo Adán, para ser el nuevo padre y representante de la raza humana. El nacimiento de Cristo es el nacimiento de una nueva humanidad. En Cristo, Dios realizó una nueva creación de toda la humanidad caída en pecado. En Cristo, todos los seres humanos somos una nueva creación. Dios realizó la obra del "nuevo nacimiento" de toda la humanidad caída de forma objetiva, incondicional, sin la participación humana. (1 Corintios 15:45-47,  2 Corintios 5:17, Juan 3:3-5, 2 Corintios 5:19)

La Vida de Cristo

El plan de salvación no consiste en la justicia del hombre sino en los méritos de la justicia de Cristo. En calidad de nuevo padre y representante de la humanidad, la vida santa, justa y perfecta de Cristo es también la de toda la raza humana caída. La vida de obediencia de Cristo es nuestra. De esta manera somos liberados del dominio y esclavitud del pecado. En Cristo, toda la humanidad caída ha sido santificada de forma objetiva, aparte de la fe. (Jeremías 23:6, Romanos 4:22-25)

La Muerte de Cristo

Cuando Cristo murió en la cruz del Calvario, murió para siempre la humanidad caída con la naturaleza pecaminosa que Él asumió cuando se hizo hombre. En Cristo, el segundo Adán, y nuevo padre y representante de la humanidad, todos hemos sido liberados de la culpabilidad y condenación del pecado, que es la muerte eterna. En Cristo toda la humanidad caída ha sido justificada objetivamente, aparte de la experiencia humana. (Romanos 6:3-8, Colosenses 3:3, 2 Corintios 5:14)

La Resurrección de Cristo

La resurrección de Cristo es la resurrección de toda la humanidad caída porque estábamos todos en Él, el segundo Adán. Toda la humanidad ha resucitado con Cristo y está sentada a la diestra del Padre en "lugares celestiales". La glorificación de la humanidad caída es una realidad en Cristo, y hemos sido librados de la naturaleza y presencia del pecado de forma objetiva, aparte de la fe. (Colosenses 3:1, Efesios 2:5-6, Colosenses 2:12)

El Padre resucitó a su Hijo al tercer día de su muerte en virtud de su vida terrenal inmaculada, sin pecado. Fueron los pecados de la humanidad, no los propios, los que condenaron a Jesús a la experiencia de la muerte eterna. El Padre tenía el justo derecho de resucitar a su Hijo para vida eterna. El Padre le dio a Cristo toda potestad en el cielo y la tierra y lo sentó a su diestra en el trono del universo. (1 Pedro 3:18, 1 Juan 3:5, Filipenses 2:9-11, Efesios 1:19-21)

En el plan de salvación, la resurrección de Jesús es necesaria por tres razones principales.

Primero, la resurrección de Cristo es la prueba irrefutable de su identidad como el Mesías. Ella otorga absoluta validez a su vida y sacrificio como el único medio de salvación para el hombre. Segundo, la resurrección de Cristo no es solo un evento histórico, sino la evidencia irrefutable de que los justos también resucitarán en el día final. Tercero, Jesús resucitó para continuar su obra sacerdotal en el santuario celestial. Allí, como nuestro intercesor y consolador, aplica a favor de su pueblo la salvación que conquistó definitivamente en la cruz del Calvario. (Romanos 1:4, Hechos 17:31, Isaías 53:11, Efesios 5:2, 1 Corintios 15:14-17, Hebreos 1:3, Romanos 8:34, 1 Timoteo 2:5)       

Desarrollo El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial

VERDAD ETERNA # 12: El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial

El método del plan de salvación consiste en dos grandes fases: la salvación objetiva y la salvación subjetiva. A su vez, ambas fases se componen de tres elementos: la justificación, la santificación y la glorificación.

En la primera fase, Dios obtuvo la salvación plena (justificación, santificación y glorificación) de toda la humanidad caída de manera incondicional, aparte de la fe, durante el ministerio terrenal de Cristo gracias a su nacimiento, vida, muerte y resurrección.

En la segunda fase, Dios aplica gratuitamente la salvación plena (justificación, santificación y glorificación) previamente obtenida, unicamente a los creyentes por medio de la fe, durante el ministerio de Cristo en el santuario celestial gracias a su nacimiento, vida, muerte y resurrección.

En este resumen, nos enfocaremos en el ministerio de Cristo en el santuario celestial como el medio de la segunda gran fase del plan de salvación: la salvación subjetiva. 

La biblia claramente enseña las dos fases del ministerio de salvación de Jesús en favor de la humanidad. La primera fase es el ministerio terrenal de Jesús. La segunda fase es el ministerio de Jesús en el santuario celestial. (Hebreos 9:11-12, Hebreos 8:1-2)

En el ministerio terrenal, Jesús es el Cordero expiatorio del plan de salvación. Cristo no solamente obtiene el perdón de los pecados sino la salvación plena de toda la humanidad caída a través de su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Es decir, Jesús obtiene la justicación, santificación y glorificación de toda la humanidad, aparte de la fe. Esta fase corresponde a la fase de la salvación objetiva de toda la humanidad. (Hebreos 9:11-12, Hebreos 8:1-2, Hebreos 9:24)

Luego de su resurrección y ascención, Cristo entró en el santuario celestial para inagurar la segunda fase de su ministerio de salvación como el Gran Sumo Sacerdote, Mediador y Juez del plan de salvación. Además de continuar con el ministerio del perdón de los pecados, Cristo procede con la obra de la purificación del santuario celestial, el cual consiste en el borramiento y eliminación definitivos de todos los pecados del pueblo de Dios. Cristo aplica a los creyentes, la salvación plena previamente obtenidos durante su ministerio terrenal gracias a su nacimiento, vida, muerte y resurrección. En otras palabras, Cristo activa la justicación, santificación y glorificación de los creyentes por medio de la fe. Esta fase corresponde a la salvación subjetiva de los creyentes. (Daniel 8:14, Hebreos 9:23)

Mientras que la inmensa mayoría de los cristianos reconoce el ministerio terrenal de Jesús como el cordero expiatorio, desconocen el ministerio de Jesús en el santuario celestial como el Gran Sumo Sacerdote e Intercesor. Es decir, la mayoría de Cristianos recibe a Cristo como el Cordero Salvador, pero no lo recibe como su Sacerdote, Intercesor y Juez. Para poder obtener la salvación en este tiempo final, no solamente es necesario aceptar a Cristo como nuestro Cordero Salvador, sino también como nuestro Sumo Sacerdote Mediador. (Hebreos 7:25, Romanos 8:34, Hebreos 10:21-22) 

El ministerio de Cristo en el santuario celestial es la doctrina fundacional del pueblo remanente del tiempo del fin. Al mismo tiempo, esta es la doctrina que mejor  distingue a la iglesia verdadera de todas las demás iglesias judeocristianas. (Daniel 8:14, Hebreos 9:24, Juan 14:6, 1 Timoteo 2:5)

Desarrollo Las Dos Fases de la Expiación

VERDAD ETERNA # 13: Las Dos Fases de la Expiación

La expiación se refiere al proceso de reconciliación entre Dios y su pueblo mediante la eliminación o erradicación definitiva de sus pecados. Dicho proceso de expiación o reconciliación, abarca dos fases. Ambas fases de la expiación se efectúan gracias a la sangre expiatoria del sacrificio de Cristo. (Efesios 1:7, Mateo 26:28, 1 Juan 1:7)

La primera fase de la expiación constituye en un tratamiento provisional o preliminar de los pecados cometidos por el pueblo de Dios, y consiste del perdón provisional de los pecados del pecador arrepentido. Esta fase está representada por el servicio o ministerio diario que los sacerdotes realizaban en el lugar santo del santuario terrenal. Los sacerdotes ofrecían la sangre de los sacrificios de los animales en favor del pecador. El pecador arrepentido, confesaba sus pecados sobre el cordero expiatorio, y el sacerdote rociaba la sangre del cordero en el santuario. De esta manera, los pecados del pueblo de Dios ingresaban al santuario y lo contaminaban. (Éxodo 29:38-39, Levítico 16:16)

Cristo, el Sacerdote e Intercesor del nuevo pacto, ministra por su pueblo en el lugar santo del santuario celestial. Mediante el ofrecimiento de su propia sangre ante su Padre, Cristo perdona todos los pecados confesados de su pueblo. Esta primera fase de la expiación, fue oficialmente inaugurada el día del Pentecostés, cuarenta días después de la resurrección, cuando Cristo fue entronizado e investido como Rey de la gracia, Sacerdote del nuevo pacto y Mediador entre Dios y su pueblo. (Hebreos 8:1-2, Hebreos 4:14)

El ministerio de la primera fase de la expiación continuará en vigencia hasta el fin de la gracia por la sencilla razón de que siempre habrá pecados confesados que perdonar hasta el fin de la gracia. Así como el santuario terrenal era contaminado por los pecados y las inmundicias del pueblo de Israel durante todo el año por medio de la sangre de los sacrificios y el sacerdocio humano, así también el santuario celestial ha sido contaminado por los pecados confesados del pueblo de Dios durante toda la historia de la humanidad por medio de la sangre y el sacerdocio de Cristo y los registros celestiales de los pecados cometidos por el pueblo de Dios. (Hebreos 7:25, Hebreos 6:19-20, 1 Juan 2:1)    

La segunda fase de la expiación constituye un tratamiento permanente o definitivo de los pecados cometidos por el pueblo de Dios y consiste de la purificación, borramiento y eliminación definitiva de los pecados confesados. Esta segunda fase de la expiación en el lugar santísimo se unirá a la primera fase de la expiación en el lugar santo. Esta fase está representada por el servicio o ministerio anual que el Sumo Sacerdote realizaba en el lugar santísimo del santuario terrenal en ocasión del Día de la Expiación. En ese día el sacrificio del ministerio diario no cesaba. (Levítico 16:1-34, Números 29:11, Hebreos 9:11-12) 

Cristo, el Sumo Sacerdote del nuevo pacto, es el ministro del lugar santísimo del santuario celestial. Al mismo tiempo que continúa con la primera fase de la expiación, Cristo efectúa la purificación, borramiento y eliminación definitiva de los pecados de su pueblo en virtud de su sangre expiatoria. (Levítico 16:30, Hechos 3:19, Isaías 43:25)

Esta segunda fase de la expiación, fue oficialmente inaugurada al final del cumplimiento de la profecía de los 2,300 días, el 22 de octubre de 1844 y continuará hasta el fin de la gracia. En esa fecha, Cristo pasó del lugar santo al lugar santísimo, donde fue investido como nuestro Gran Sumo Sacerdote y Juez. Cristo, el gran Sumo Sacerdote y Juez, terminará la obra de purificación, borramiento y eliminación definitiva de los pecados de los registros del santuario celestial. (Daniel 8:14, Daniel 9:24-27, Hebreos 9:23,28; Hechos 3:19)

Sin embargo, antes del borramiento o eliminación definitiva de los registros de pecado del pueblo de Dios en el santuario celestial, Cristo deberá realizar una obra de purificación de los pecados de todos los miembros vivos de su pueblo en la tierra, antes del fin de la gracia. Para que esto suceda, los miembros de la iglesia final, el último remanente, deberán alcanzar la victoria total sobre el pecado, la madurez espiritual plena y la perfección de caracter por medio de la fe en Cristo. De lo contrario, el remanente final no podrá obtener el sello de Dios y el derramamiento de la lluvia tardía. Igualmente, la iglesia final no podrá soportar el tiempo de angustia de Jacob como tampoco vivir sin un Intercesor en el santuario celestial después del fin de la gracia.(Levítico 16:30, Efesios 4:13, Efesios 5:27, 1 Tesalonicenses 5:23, Apocalipsis 12:17, Apocalipsis 14:5) 

La verdad eterna de las dos fases de la expiación (doble expiación) se fundamenta en la enseñanza bíblica del ministerio de Cristo en el santuario celestial. Esta es la doctrina fundacional del pueblo remanente del tiempo del fin. Al mismo tiempo, esta es la doctrina que mejor distingue a la iglesia verdadera de todas las demás iglesias judeocristianas. (Daniel 8:13-14, Daniel 9:24-27)

Desarrollo La Salvación Corporativa en Cristo

VERDAD ETERNA # 14: La Salvación Corporativa en Cristo

La salvación corporativa en Cristo de toda la humanidad caída, es una enseñanza con fundamento bíblico. A través de su nacimiento, vida, muerte y resurrección, Cristo ha redimido incondicionalmente a todos los seres humanos desde Adán hasta el último en nacer en el mundo. Esta enseñanza corresponde a la primera fase del plan de salvación: la salvación objetiva. (1 Corintios1:30, 2 Corintios 5:19)

La verdad de la salvación corporativa en Cristo de toda la humanidad caída, se sustenta en el principio bíblico de la ‘creación corporativa’. La biblia se refiere a esta verdad, a través del uso de las frases "en Cristo", "en el Señor" o "en Jesús" alrededor de 190 veces. (Romanos 6:23, 1 Juan 5:11-12)

Cuando Dios creó a Adán, no creó solamente a una persona individual aislada. Dios creó un Adán corporativo. Es decir, cuando Dios creó a Adán, creó también a toda la humanidad en él. Dios creó en Adán a todos los seres humanos pasados, presentes y futuros. Toda la raza humana estaba en Adán. Por esta razón, el nombre Adán significa ‘humanidad’. De esta manera, Adán fue constituido padre y representante de la humanidad. Por medio de la ley de la herencia, todo lo que él hiciera afectaría a toda su descendencia para bien o para mal. Lamentablemente, Adán cayó y heredó el pecado y la muerte a toda su descendencia, convirtiendo en pecadores a todos los seres humanos. (Hechos 17:26, 1 Corintios 15:45, Génesis 5:2, Romanos 5:12)

Valiéndose del principio de la “creación corporativa” y la ley de la herencia, el diablo hizo caer en pecado a Adán y Eva antes que éstos tuvieran hijos, para que toda su descendencia naciera con una naturaleza contaminada por el pecado. Todos los seres humanos somos pecadores, no porque pecamos como Adán, sino porque pecamos en Adán. Cuando Adán pecó, todos pecamos en él, porque todos estábamos en él. Por esta razón, Dios jamás nos culpa ni nos hace responsables por nacer pecadores o por haber heredado una naturaleza pecaminosa. Dios nos hace responsables y culpables únicamente cuando rechazamos las buenas nuevas de salvación en Cristo. Romanos 5:19, 1 Corintios 15:22, Juan 3:17-19)

Dios ha empleado el principio de la “creación corporativa en Adán” y la “ley de la herencia” que Él mismo estableció, para redimir a la humanidad caída. Dios envió a Cristo, el Segundo Adán para volver a crear a la raza humana en Cristo. En la concepción terrenal de Jesús en la matriz de la virgen María, Dios puso en Cristo, a toda la humanidad caída de Adán, uniendo la divinidad de su Hijo con la humanidad caída. Este acto calificó a Cristo para ser el Nuevo Padre y Representante de la humanidad caída, así como el Redentor del mundo. Así como el primer Adán heredó el pecado y la muerte a toda la humanidad que estaba en él, el Segundo Adán heredó la justicia y la vida a toda la humanidad caída que estaba Él. Así como en el primer Adán, todos somos pecadores y herederos de muerte eterna, en el Segundo Adán, todos somos justos y herederos de la vida eterna. (2 Corintios 5:17, 1 Corintios 15:45-49, Romanos 5:18-19)

La salvación corporativa en Cristo es un evento pasado, que se cumplió durante el ministerio terrenal de Cristo, el Segundo Adán, en su nacimiento, vida, muerte y resurrección, como el Cordero de Dios en el atrio del santuario. Esta es una obra realizada por Dios completamente aparte de la experiencia y participación humanas. (Romanos 5:10, 1 Pedro 3:18, Juan 19:30)

La prueba más contundente de la verdad de la salvación corporativa (objetiva) de toda la humanidad caída, independiente de la voluntad y la fe humana, es el hecho de que, en el cielo habrá personas redimidas que nunca conocieron las escrituras o el plan de salvación. Estas personas redimidas estarán en el cielo gracias exclusivamente a la salvación corporativa (objetiva) en Cristo, realizada durante el ministerio terrenal de Jesús en su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Ellas, al igual que todos los seres humanos desde Adán hasta el último en venir a nacer a este mundo, están en Cristo, el segundo Adán. Estas personas no necesitaron expresar su fe en los méritos de la justicia y sacrificios perfectos de Cristo porque nunca conocieron el mensaje de salvación. Durante su vida en la tierra, reconocieron a un Dios supremo por medio de la naturaleza creada y vivieron a la altura de ese conocimiento. Dios no los condena por su falta de conocimiento. En su amor y justicia, Él los acepta en su Hijo Jesucristo. (Juan 3:18-19, Santiago 4:17, Hechos 17:30, Romanos 1:19-20, Romanos 2:14-15, Romanos 2:12)

La salvación corporativa en Cristo de toda la humanidad caída es un regalo que se origina en el amor infinito de Dios y gracia sublime. El regalo de la salvación corporativa en Cristo ya ha sido asignado y acreditado a la cuenta de cada uno de los miembros de la humanidad caída sin su conocimiento y consentimiento previos. Sin embargo, para llegar a ser parte de la vida y experiencia del hombre caído, éste regalo debe ser activado a través de una decisión voluntaria. El hombre debe primero conocer y aceptar el regalo, así como obedecer las instrucciones de activación. Como cualquier regalo, la salvación corporativa en Cristo, también puede ser rechazado. De hecho, la inmensa mayoría de los seres humanos eventualmente lo rechazarán. (Efesios 2:8-9, Juan 1:12, Romanos 10:9-10, Mateo 22:14)

 

Cuando el creyente activa el regalo de la salvación corporativa en Cristo, se activa la segunda fase del método de salvación: la salvación subjetiva. Esta segunda fase incluye únicamente a los creyentes. Dios reproduce la justicia de Cristo en la vida y experiencia de los creyentes. Esta fase es efectuada a través el ministerio de Cristo en el santuario celestial. La salvación subjetiva es condicional e involucra la experiencia y participación humanas. (Juan 3:36, Mateo 24:13, Hebreos 4:14-16)  

Desarrollo La Salvación a la Luz de la Justificación por la Fe

VERDAD ETERNA # 15: La Salvación a la Luz de la Justificación por la Fe

La justicia de Cristo es el método que Dios emplea para la salvación del hombre, el cual consiste en dos grandes fases: la salvación objetiva y la salvación subjetiva.

En ambas fases de la salvación, la justicia de Cristo se desarrolla en tres etapas: la justificación, la santificación y la glorificación (redención). En la primera etapa, la justificación, la santificación y la glorificación de toda la humanidad caída se realizó incondicionalmente aparte de la fe, durante el ministerio terrenal de Cristo, a través de su nacimiento, vida, muerte y resurrección. En la segunda etapa, la justificación, la santificación y la glorificación de los creyentes se realiza condicionalmente por medio de la fe, a través del ministerio de Cristo en el santuario celestial, en virtud de su sacrificio y justicia perfectas obtenidas durante su ministerio terrenal. (1 Corintios 1:30)

En la primera gran fase del plan de salvación, la justicia de Cristo es la obra de Dios en favor del hombre, sin absolutamente ninguna participación o contribución de parte del hombre. Dicho de otra manera, Dios concibió, planificó, ejecutó y terminó la obra de la justicia de Cristo en su totalidad, completamente aparte o fuera de la experiencia del hombre. La justicia de Cristo es una obra perfeccionada y acabada en Cristo. La justicia de Cristo se generó y se estableció durante su ministerio terrenal a través de su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Dios redimió en Cristo, el segundo Adán, a toda la humanidad de manera objetiva (aparte de la experiencia del hombre) en la vida y ministerio terrenal de Jesús. (Juan 1:29, 1 Juan 2:2, Tito 2:11, Juan 19:30)

La justificación, la santificación y la glorificación de toda la humanidad caída quedaron completadas cuando Jesús murió y confirmada cuando resucitó. Él llegó a ser la justicia de Dios. El Padre tomó la justicia perfecta de su Hijo y se la acreditó al hombre sin consultarle o pedirle permiso. Cristo es nuestra sabiduría, justificación, santificación y glorificación, porque Él es nuestra justicia. Es decir, la humanidad ya ha sido justificada, santificada, perfeccionada y glorificada en Cristo. En Cristo, todos los seres humanos pasados, presentes y futuros, han sido redimidos del pecado y están calificados para ir al cielo. La salvación ya ha sido imputada o acreditada a la cuenta del hombre.  De principio a fin, todos los elementos de la experiencia de la salvación, son un regalo de Dios en Cristo. Esto quiere decir que, el amor, la fe, el arrepentimiento, el perdón, el servicio cristiano, la obediencia a los diez mandamientos y la perfección de carácter, son todos regalos de Dios en Cristo.  ¡Estas son las buenas nuevas del evangelio eterno! (2 Corintios 5:19, Romanos 5:18, 1 Corintios 1:30)   

En la segunda fase de la salvación, la justicia de Cristo es la obra de Dios en la vida de los creyentes. Esta obra involucra la fe y la participación de los creyentes. El creyente es justificado, santificado y glorificado por medio de la fe en la justicia de Cristo. Como la justicia de Cristo es un regalo de amor, para hacerlo efectivo en la vida del hombre, Dios depende de que el pecador lo acepte voluntariamente. Dios respeta la decisión de cada persona. Dios no puede obligar a nadie a aceptar el regalo de la salvación. Dios no puede salvar a nadie en contra de su voluntad. (Efesios 2:8-9, Juan 1:12, Josué 24:15)

Cuando el hombre llega a tener el conocimiento de la gloriosa verdad de la salvación a la luz de la justicia de Cristo, y ve en ella el único medio de salvación, solamente entonces está listo para aceptar o rechazar el regalo de la salvación. Cuando una persona acepta el regalo de la salvación, su corazón se llena de admiración, felicidad y agradecimiento desbordantes. (Romanos 10:14, 2 Timoteo 3:15, Salmo 51:12, 2 Corintios 9:15)

La fe es la reacción o la respuesta del hombre a la maravillosa obra de salvación de Dios. La fe es aferrarse a la justicia de Cristo, como el poder de Dios para salvar al pecador de la condenación, dominio y presencia del pecado de forma amplia y total para siempre. El hombre es justificado por gracia, por medio de la fe. Esta es la justificación por la fe, la primera etapa del proceso de la salvación a la luz de la justicia de Cristo. Este es el corazón del mensaje del tercer ángel y del evangelio eterno. Este es el mensaje de la justificación por la fe que Dios le dio a la iglesia adventista en 1888, a través de los hermanos Alonso Jones y Ellet Waggoner. (Romanos 5:1, Romanos 3:28, Apocalipsis 14:12)

Después de haber sido justificado por medio de la fe, el pecador comienza el proceso de la santificación por medio de la fe. Esta es la segunda etapa del proceso de la salvación a la luz de la justicia de Cristo.  Al igual que la justificación, la santificación es un regalo de Dios. Mientras que la justificación es la justicia de Cristo imputada o acreditada al pecador, la santificación es la justicia de Cristo impartida al pecador. A través de la justicia impartida, Dios reproduce y desarrolla el carácter y la obediencia de Cristo en la vida de los creyentes. El pecador se aferra a la justicia imputada e impartida de Cristo a través de una entrega diaria a Dios. El creyente experimenta un crecimiento constante en la santidad a medida que aprende a depender más de Cristo y menos de sí mismo. (Romanos 1:16-17, Filipenses 1:6, Juan 15:5)

Por medio de la fe, en esta etapa de la santificación, el creyente recibe permanentemente el fruto del Espíritu Santo, los cuales son el amor, fe, esperanza, arrepentimiento, perdón, gozo, dominio propio, servicio, obediencia y todos los demás. Durante la etapa de la santificación, el cual abarca toda la vida, la parte de Dios es hacer todo; la parte del hombre es confiar que Dios hace todo. Por lo tanto, el esfuerzo del hombre debe concentrarse en la fe, no en la obediencia a los diez mandamientos.  Los medios que Dios ha dejado para fortalecer la fe del creyente son el estudio y la investigación diligente de las verdades de su Palabra, la oración sincera, la alabanza y adoración por medio himnos, salmos y la música sagrada, y la consagración diaria a Dios. Una vida devocional sincera, estable y permanente, dará como resultado una fe vigorosa y creciente. (Romanos 6:22, Gálatas 5:22-23, Habacuc 2:4, Romanos 12:1, Lucas 9:23, Juan 7:17, Mateo 26:41)

El tercer y último paso del proceso de la salvación a la luz de la justicia de Cristo, es la glorificación por medio de la fe. Al igual que los dos pasos anteriores, éste también es un regalo de Dios al creyente. En la etapa de la glorificación, el creyente alcanza el objetivo o el punto final de la santificación. El gran objetivo o clímax del proceso de la santificación, es la glorificación de Dios en su iglesia. Dios será glorificado en su iglesia aquí en la tierra, cuando ésta haya alcanzado la victoria total sobre el pecado, la madurez espiritual y la perfección de carácter por medio de la fe en Cristo. (Efesios 5:25-27, Hebreos 9:23-24, Mateo 5:48)

Hacia el final de la etapa de la glorificación, Dios finalmente, habrá completado su obra de reproducir el carácter y la obediencia perfecta de su Hijo Jesucristo en la vida de cada uno de los miembros de su iglesia en la tierra, antes del fin de la gracia. Esta experiencia está reservada para la iglesia triunfante, la iglesia de los 144,000 sellados, el último remanente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.  El creyente finalmente, habrá alcanzado el ideal de Dios para su vida. El creyente habrá crecido hasta llegar a la medida y la estatura de Cristo. Por medio de la fe, el creyente habrá logrado llegar a ser una imitación perfecta de su Salvador y Modelo, Cristo Jesús. A través del plan de salvación, el creyente habrá cumplido con la condición para obtener la vida eterna: la obediencia perfecta a la ley de Dios. Ahora, el creyente está listo para ser transformado de un cuerpo mortal a un cuerpo inmortal y ser trasladado vivo al cielo sin ver la muerte en esta tierra. (Gálatas 4:19, Efesios 4:13, Apocalipsis 14:12, Apocalipsis 14:4-5)

En la etapa de la glorificación se cumple la promesa de Dios ante todos los actores y observadores del plan de salvación en el universo: de que el hombre pecador puede obedecer su ley perfectamente por medio de la fe en la justicia de Cristo. La afirmación de Satanás de que el hombre en su naturaleza caída no puede obedecer la ley de Dios, queda desmentida irrefutablemente para siempre. El amor y la justicia de Dios quedan vindicados y establecidos para la eternidad. (1 Corintios 15:51-53, Romanos 3:4, Filipenses 2:10-11)

Desarrollo La Salvación a la Luz del Evangelio

VERDAD ETERNA # 16: La Salvación a la Luz del Evangelio 

El evangelio son las buenas nuevas de salvación en Cristo. La mejor noticia en la historia de la humanidad, consiste en que la salvación es completamente gratuita en Cristo; aunque para el Padre y el Hijo, la salvación tiene un costo incalculable. Pero, ¿cuán grande, abarcante y maravillosa es la salvación gratuita que tenemos en Cristo? (Romanos 10:15)

Históricamente, el tema del evangelio ha generado mucha confusión en el seno de la iglesia remanente del tiempo del fin. La realidad es que tenemos un conocimiento parcial, incompleto y confuso acerca del mensaje del evangelio. Es inevitable que, un conocimiento mediocre del mensaje del evangelio genera como resultado una experiencia de salvación mediocre.  Es necesario tener un conocimiento claro en cuanto a qué es exactamente el evangelio. La iglesia jamás podrá alcanzar el ideal de Dios sin una comprensión cabal del mensaje del evangelio y el impacto que tiene en la experiencia de la salvación. (Romanos 1:16)

En el contexto del evangelio, el proceso de la salvación consiste de tres etapas. Estas tres etapas son: a) el conocimiento del evangelio, b) el fruto del evangelio y c) la esperanza del evangelio. Es verdad que estas tres etapas o conceptos se relacionan entre sí, pero ellos son distintos y no debemos confundirlos nunca. Como iglesia, hemos confundido el mensaje del evangelio con el fruto del evangelio y la esperanza del evangelio. Hemos llegado a pensar que el fruto del evangelio y la esperanza del evangelio es lo mismo que el evangelio. Esto ha afectado nuestra comprensión correcta del mensaje del evangelio y nuestra experiencia de salvación, así como nuestra manera de hacer evangelismo público. (2 Tesalonicenses 1:8, Colosenses 1:3-6)

El Conocimiento del Evangelio

La primera etapa de la salvación en el contexto del evangelio, es el conocimiento del evangelio. Por un lado, el amor de Dios es la base de la salvación. El amor es la razón por la cual Dios entregó a su Unigénito Hijo amado para salvar a la humanidad. Por otro lado, la justicia de Cristo es el método de la salvación. La justicia de Cristo es el método que el Padre Eterno ha utilizado para salvar a la humanidad. En este sentido, la justicia de Cristo es el evangelio de las buenas nuevas de salvación. Es decir, Cristo es la justicia de Dios que salva al hombre; Cristo es el evangelio. Pero, ¿qué es la justicia de Cristo? (2 Tesalonicenses 1:8)

La justicia de Cristo se refiere a la obra que Dios realizó y completó durante el ministerio terrenal de Jesús a través de su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Esta es una obra planificada, ejecutada y finalizada por Dios aparte del hombre, sin contribución alguna de la raza humana. Por esta razón se le conoce como la salvación objetiva, porque esta obra se realizó fuera de la experiencia humana. El ser humano no contribuyó ni puede contribuir de ninguna forma a la obra de la justicia de Cristo. Las buenas nuevas del evangelio enseña que Dios redimió en Cristo, a toda la raza humana desde Adán hasta la última persona en nacer en este mundo. Por medio del nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, Dios ha redimido a toda la humanidad del pecado y la ha calificado para obtener la vida eterna. En Cristo, la raza humana es libre de la culpabilidad y condenación del pecado; libre del dominio y esclavitud del pecado; y libre de la naturaleza y presencia del pecado. ¡Estas son las buenas nuevas del evangelio eterno! (Romanos 3:25-26, Romanos 5:1, Efesios 2:8-9)

El evangelio incluye la justificación, la santificación y la glorificación de toda la humanidad. La salvación ya ha sido acreditada a la cuenta del hombre.  De principio a fin, todos los elementos de la experiencia de la salvación, son un regalo de Dios en Cristo. Esto quiere decir que, el amor, la fe, el arrepentimiento, el perdón, el servicio cristiano, la obediencia a los diez mandamientos y la perfección de carácter, son todos regalos de Dios en Cristo. (1 Corintios 1:30)

El verdadero conocimiento del mensaje del evangelio es la llave que abre la puerta a una experiencia de salvación genuina. Solamente cuando entendemos el mensaje del evangelio en su verdadera dimensión y magnitud, quedamos habilitados para experimentar su gloria y poder en nuestras vidas. Cuando el evangelio de la justicia de Cristo es entendida correctamente y aceptada por el creyente, entonces ésta se convierte en justificación por la fe. El hombre entiende que toda la experiencia de salvación es la obra de Dios en su vida a través de la justicia de Cristo imputada e impartida. El hombre entiende que, en todo el proceso de salvación, la parte de Dios es hacer todo y su parte es confiar que Dios se encarga de hacer todo. Por lo tanto, todos sus esfuerzos deben concentrarse en depender diariamente de Dios por medio de la fe, nunca en tratar de obedecer los diez mandamientos o vencer el pecado, las pruebas y las tentaciones. Esto es, en esencia, el mensaje de las buenas nuevas del evangelio. (Romanos 1:16-17, Filipenses 2:13)

El Fruto del Evangelio

La segunda fase de la salvación en el contexto del evangelio, es el fruto del evangelio. El fruto del evangelio es el resultado de haber entendido, aceptado y obedecido el mensaje del evangelio correctamente. Obedecer el evangelio es seguir el único método de salvación que Dios le ha dado al pecador: la justicia de Cristo imputada e impartida. La parte de Dios en todo el proceso de la salvación es hacer todo por el hombre y en el hombre; la parte del hombre es confiar que Dios hace todo por él y en él. Por lo tanto, todos los esfuerzos del ser humano deben concentrarse en depender de Dios por medio de la fe, nunca en tratar de obedecer los diez mandamientos o vencer el pecado, las pruebas y las tentaciones. El fruto del evangelio se manifiesta en una vida santa, obediente a la ley de Dios, que refleja el carácter de Cristo. (Colosenses 1:3-6, Filipenses 2:13, Efesios 2:10)

En consecuencia, cuando uno de nuestros predicadores o evangelistas presenta temas como la ley de Dios, el sábado, el evangelismo, la mayordomía, la conducta cristiana y la reforma pro-salud, entre otros, en realidad no está exponiendo el mensaje de las buenas nuevas del evangelio. Lo que está haciendo es presentar el mensaje del fruto del evangelio. Solamente está presentando el resultado de la obra del evangelio en la vida del creyente. (Tito 2:11-12, Efesios 2:10, 1 Juan 2:3-5)

Por otro lado, una presentación parcial o incompleta del mensaje de las buenas nuevas del evangelio, genera en los oyentes una comprensión incompleta o confusa acerca del método de la salvación. Los oyentes pueden llegar a tener ideas confusas acerca de cómo cooperar con Dios en el plan de salvación. A su vez, esto puede producir una experiencia de salvación incompleta, confusa, insegura y carente del poder de Dios. (Filipenses 2:12-13)  

La Esperanza del Evangelio

La tercera fase del plan de salvación en el contexto del evangelio es la esperanza del evangelio. La esperanza del evangelio se refiere a la última realidad del proceso de la salvación que los creyentes experimentarán en ocasión de la segunda venida de Cristo, cuando sus cuerpos sean transformados y reciban el don de la inmortalidad. La esperanza final que el evangelio nos ofrece es la de una vida eterna en el cielo y la tierra nueva donde tendremos amor, justicia, felicidad, paz, y prosperidad para siempre. (Colosenses 1:3-6, Colosenses 1:23, Tito 2:13)

En consecuencia, cuando uno de nuestros predicadores o evangelistas presenta temas como la segunda venida de Jesús, la resurrección, el milenio, la tierra nueva, la vida eterna y el fin del pecado, entre otros, no está exponiendo el mensaje de las buenas nuevas del evangelio. Lo que está haciendo es predicar el mensaje de la esperanza del evangelio. Solamente está presentando temas que tienen que ver con la recompensa final que los justos recibirán en consecuencia de su aceptación y obediencia al mensaje del evangelio. (Romanos 6:22, Santiago 1:12, Apocalipsis 22:12)

Desarrollo La Salvación a la Luz del Nuevo Pacto

VERDAD ETERNA # 17: La Salvación a la Luz del Nuevo Pacto

El nuevo pacto se refiere al plan de salvación que Dios ha realizado en Cristo. En la biblia, la fase previa que conduce al nuevo pacto se conoce como el antiguo pacto. El antiguo pacto y el nuevo pacto abarcan dos dimensiones: una dimensión histórica y una dimensión espiritual. Para tener un cuadro completo y una mejor comprensión de los dos pactos, es necesario estudiarlos en el contexto de las dos dimensiones. ((Jeremías 31:31-32, Gálatas 4:24-26)

Dimensión Histórica del Antiguo Pacto

Desde una perspectiva histórica, el antiguo pacto es un sistema de salvación provisional y temporal. La base del antiguo pacto es la ley eterna de Dios. Los términos o condiciones son: “obedece y vivirás, desobedece y morirás”. Es decir, la obediencia a la ley eterna de Dios es la condición obligatoria para obtener la vida eterna. Por otro lado, la ley eterna de Dios condena la desobediencia con la pena de la muerte eterna. El soporte o respaldo del antiguo pacto era la ley ceremonial que consistía de la sangre de los sacrificios de los animales, ofrendas del altar, un sacerdocio humano y la circuncisión de la carne. (Hebreos 8:7,13; Gálatas 3:12; Romanos 6:23; Hebreos 10:1-4)

La ley ceremonial era un soporte o respaldo defectuoso porque funcionaba a través de elementos humanos. Las condiciones y beneficios del antiguo pacto entraron en vigor cuando Adán cayó en pecado. Sin embargo, el antiguo pacto fue establecido oficialmente en el Monte Sinaí cuando la ley eterna de Dios fue promulgada e Israel fue organizado teocráticamente como nación y pueblo de Dios. (Éxodo 19:1-5, Éxodo 24:7-8, Gálatas 4:24) 

El antiguo pacto señalaba a Cristo, el único y verdadero sacrificio por los pecados; el único y verdadero Sacerdote y Mediador en el plan de salvación. Por lo tanto, desde una perspectiva histórica, el antiguo pacto era un sistema de salvación provisional y temporal, que debía funcionar hasta que fuera reemplazado por un sistema de salvación mejor. El antiguo pacto debía tener vigencia hasta que fuera instituido el nuevo pacto con la sangre del sacrificio de Jesús en el Monte Calvario y su ungimiento como Sumo Sacerdote en el santuario celestial. (Hebreos 9:9, Lucas 22:20)

Como mencionamos anteriormente, el antiguo pacto era sostenido por la ley ceremonial que consistía de la sangre de los sacrificios de animales y ofrendas del altar, el sacerdocio de Aarón y la circuncisión. Estos tres elementos de la ley ceremonial eran tipos o figuras que señalaban el futuro sacrificio de Cristo y su ministerio sacerdotal en el santuario celestial.  La ley ceremonial caducó con la llegada del ministerio de Cristo en la tierra y en el santuario celestial, porque Jesús es el antitipo, la realidad y el cumplimiento de la ley ceremonial del antiguo pacto. El antiguo pacto era el tipo, la figura, la sombra, la promesa, la profecía, o la fotografía de la realidad de la salvación en Cristo. (Hebreos 10:9-10, Hebreos 7:11-12, Gálatas 5:6, Colosenses 2:11)

Dimensión Histórica del Nuevo Pacto

Desde una perspectiva histórica, el nuevo pacto es un sistema de salvación definitivo y perdurable. La base del nuevo pacto es la ley eterna de Dios, igual que el antiguo pacto. Los términos o condiciones también son los mismos: “obedece y vivirás, desobedece y morirás”. Es decir, la obediencia a la ley eterna de Dios es la condición obligatoria para obtener la vida eterna. Por otro lado, la ley eterna de Dios condena la desobediencia con la pena de la muerte eterna. (Hebreos 10:12-14, Hebreos 13:20, Hebreos 8:10, Romanos 8:3-4, Romanos 3:31, Mateo 5:17, Mateo 19:16-17)

Ahora bien, a diferencia del antiguo pacto, el soporte o respaldo del nuevo pacto es la gracia, la cual consiste de la sangre del sacrificio de Cristo, la ofrenda de Cristo, el sacerdocio y la mediación de Cristo en el santuario celestial, y la circuncisión del corazón realizada a través del bautismo del agua y del Espíritu Santo. La gracia es un soporte o respaldo perfecto porque funciona a través de Cristo. Las condiciones y los beneficios del nuevo pacto entraron en vigor cuando Adán pecó y seguirán vigentes hasta el fin del mundo. Sin embargo, el nuevo pacto fue oficialmente establecido en ocasión del sacrificio de Cristo en el Monte Calvario y su ungimiento como Sumo Sacerdote y Mediador en el santuario celestial. (Hebreos 8:6, Hebreos 9:12, 

El antiguo pacto estaba sostenido por la ley ceremonial; el nuevo pacto está sostenido por la gracia. En otras palabras, el antiguo pacto es por la ley y el nuevo pacto es por gracia. El nuevo pacto es el antitipo, la realidad y el cumplimiento de la ley ceremonial del antiguo pacto. En el nuevo pacto, la sangre de Cristo reemplaza la sangre de los animales. La ofrenda de Cristo reemplaza las ofrendas del altar que eran ofrecidas por el antiguo pueblo de Israel. El sacerdocio y mediación de Cristo en el santuario celestial reemplaza el sacerdocio humano de Aarón en el santuario terrenal. La circuncisión del corazón realizado a través del bautismo del agua y del Espíritu Santo reemplaza el rito de la circuncisión en la carne. (Hebreos 7:11-12, Gálatas 5:6, Colosenses 2:11, Juan 3:5)

Es muy importante resaltar que la base y los términos o condiciones del nuevo pacto, son los mismos del antiguo pacto. La ley eterna de Dios es la base de ambos pactos. La obediencia a la ley produce vida eterna; la desobediencia a la ley produce muerte eterna. Por consiguiente, la ley eterna de Dios está vigente hasta el día de hoy y lo estará hasta el fin del mundo y por la eternidad. Lo único que cambia en ambos pactos es el soporte o respaldo. El antiguo pacto funcionaba a través de la ley por medio de un ceremonial humano; el nuevo pacto funciona a través de la gracia por medio de la fe en Cristo. (Efesios 2:8-9)

Dimensión Espiritual del Antiguo Pacto  

Desde una perspectiva espiritual, el antiguo pacto representa la salvación por las obras de la ley. Dicho de otra manera, el antiguo pacto representa el esfuerzo del hombre por alcanzar la salvación por sus propias obras de justicia, ya sea por medio de la obediencia a la ley ceremonial del antiguo pacto o por medio de la obediencia a la ley eterna de Dios (10 mandamientos). En este sentido, como medio de salvación, el antiguo pacto ha estado vigente desde que el hombre pecó y seguirá vigente hasta el fin del mundo. (Gálatas 3:10-12, Hebreos 8:7-13)

La ley ceremonial del antiguo pacto era defectuosa porque funcionaba a través de la sangre del sacrificio de animales, ofrendas del altar ofrecidas por humanos, un sacerdocio humano y la circuncisión de la carne. Por esta razón, desde una perspectiva espiritual, el elemento humano de la ley ceremonial del antiguo pacto es un símbolo de las obras de justicia u obediencia humanas como medio o método para alcanzar la salvación. Así como el elemento humano de la ley ceremonial del antiguo pacto era defectuoso, así también, las obras de justicia u obediencia humanas son defectuosas. Así como ningún israelita puede ser salvo por medio de la obediencia a la ley ceremonial del antiguo pacto, así también, ningún cristiano puede ser salvo por medio de la obediencia a la ley eterna de Dios (10 mandamientos). (Gálatas 3:10-12, Hebreos 8:7-13)

Concluimos que, tanto para judíos como cristianos por igual, es imposible alcanzar la salvación, ya sea por medio de las obras de obediencia a la ley ceremonial del antiguo pacto o por medio de las obras de obediencia a la ley eterna de Dios (10 mandamientos). En este sentido, “la ley” se refiere indistintamente, tanto a la ley ceremonial del antiguo pacto como a la ley eterna de Dios (ley de los 10 mandamientos). Estar bajo la ley significa estar bajo la ley como medio de salvación. Puesto que la ley no puede salvar al hombre, estar bajo la ley significa estar bajo maldición. A su vez, estar bajo maldición significa estar bajo la condenación de la muerte eterna. (Gálatas 2:16, Romanos 3:20)

Dimensión Espiritual del Nuevo Pacto  

Desde una perspectiva espiritual, el nuevo pacto representa la salvación por gracia, por medio de la fe. Es decir, el nuevo pacto representa al hombre alcanzando la salvación por medio de la fe en las obras de justicia u obediencia de Cristo a la ley eterna de Dios (10 mandamientos). En este sentido, como medio de salvación, el nuevo pacto entró en vigencia cuando Adán cayó en pecado y seguirá vigente hasta el fin del mundo. El nuevo pacto es un medio de salvación perfecto porque funciona a través de la sangre del sacrificio de Cristo, la ofrenda ofrecida por Cristo, el sacerdocio y mediación de Cristo en el santuario celestial y la circuncisión del corazón por medio del bautismo del agua y del Espíritu Santo. (Hebreos 8:10, Romanos 3:20-23)

El nuevo pacto es la gracia de Dios que salva al pecador indefenso. El nuevo pacto es la justicia de Cristo, que salva al hombre del pecado. El nuevo pacto es el mensaje de la justificación por la fe. El nuevo pacto representa el evangelio de las buenas nuevas de salvación que tenemos gratuitamente en Cristo. El nuevo pacto es la promesa de Dios de salvar al pecador por su poder y para la gloria de su Nombre. Estar bajo la gracia del nuevo pacto significa estar bajo la gracia como medio de salvación. Por consiguiente, estar bajo la gracia significa ser salvo por medio de la fe en Cristo. Estar bajo la gracia significa ser justificado para la vida eterna. (Hebreos 13:20)

Desarrollo La Salvación a la Luz del Santuario

VERDAD ETERNA # 18: La Salvación a la Luz del Santuario 

El santuario es una presentación didáctica y dramatizada del plan de salvación. En otras palabras, el santuario terrenal es al mismo tiempo un dibujo, una maqueta y una dramatización que ilustra el plan de salvación de una manera atractiva, práctica y detallada, que aún los niños pueden entender. (Éxodo 25:8, Salmo 77:13, Hebreos 9:9)

Los Dos Cuadrados del Santuario

El plano del santuario tiene la forma de un rectángulo y está dividido en dos cuadrados iguales. Este detalle encierra dos elementos importantes que nos permiten tener un panorama más amplio del maravilloso plan de salvación. (Éxodo 27:9-18, Éxodo 40:6, Éxodo 26:33-34)

En primer lugar, los dos cuadrados iguales del santuario representan el amor y la justicia, los cuales son las dos grandes cualidades del carácter de Dios y los dos grandes pilares del plan de salvación. (Salmo 89:14, Salmo 85:10)

En el primer cuadrado se encuentra el atrio con el altar de sacrificio y el lavacro. En el segundo cuadrado se encuentran el lugar santo y el lugar santísimo con sus muebles. Cuando vemos el primer cuadrado, notamos que el altar de sacrificio se encuentra exactamente en el centro. Aquí aprendemos que el primer cuadrado del santuario terrenal representa el amor infinito de Dios. La máxima expresión de ese amor es el sacrificio de Cristo en la cruz del Monte Calvario. Cuando vemos el segundo cuadrado, notamos que el arca del pacto que contiene la ley de Dios, se encuentra exactamente en el centro. El segundo cuadrado del santuario representa la perfecta justicia de Cristo. La ley de los diez mandamientos, es la descripción de la justicia de Cristo. (Éxodo 27:9-18, Éxodo 40:6, Éxodo 26:33-34)    

El amor y la justicia son el equilibrio perfecto del carácter y la gloria de Dios. El amor y la justicia son el fundamento del trono y gobierno de Dios. Reconocer que Dios, su trono y su gobierno son eternos, equivale a reconocer que su amor, su justicia y su ley son eternos. Por otro lado, el amor y la justicia de Dios son los dos grandes pilares que sostienen el maravilloso plan de salvación. El amor infinito de Dios es la base del plan de salvación. La justicia perfecta de Dios es el método del plan de salvación. (Salmo 89:14, Salmo 85:10)

En segundo lugar, los dos cuadrados iguales del santuario representan las dos grandes fases o dimensiones del plan de salvación: la salvación objetiva y la salvación subjetiva. Así como los dos cuadrados del santuario terrenal son iguales, las dos fases o dimensiones del plan de salvación son iguales en valor e importancia. La salvación objetiva es la obra que Dios hizo por nosotros durante el ministerio terrenal de Cristo a través de su nacimiento, vida, muerte y resurrección. La salvación subjetiva es la obra que Dios hace en nosotros gracias al ministerio de Cristo en el santuario celestial en virtud de su justicia y sacrificio perfectos. (Romanos 5:10)

Primer Cuadrado del Santuario: Salvación Objetiva

Primero, veamos la salvación objetiva representada por el primer cuadrado del santuario. El primer cuadrado del santuario ilustra los tres componentes de la salvación objetiva: justificación, santificación y glorificación. (1 Corintios 1:30)

En el primer cuadrado encontramos el atrio del santuario con el altar de sacrificio y el lavacro. El primer cuadrado con su atrio y sus muebles, ilustra el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús.  El atrio del santuario representa el ministerio terrenal de Cristo. La puerta de entrada al atrio del santuario simboliza el nacimiento de Jesús. El altar de sacrificio simboliza la muerte de Jesús. El lavacro simboliza la sepultura y resurrección de Jesús. (Éxodo 27:16, Juan 10:9, Éxodo 27:1-2, Éxodo 30:18, Juan 1:29, Juan 3:5)

La vida de Jesús y su ministerio terrenal es el fundamento de la salvación objetiva. En Cristo, Dios ha imputado o acreditado la justificación, santificación y glorificación a toda la humanidad. En la muerte de Cristo, Dios ha justificado al hombre. En la vida de Cristo, Dios ha santificado al hombre. En la resurrección de Cristo, Dios ha glorificado al hombre.

La salvación objetiva contempla la obra de Dios en favor de la humanidad sin ninguna participación o contribución de parte del hombre. Esta es una obra planificada, ejecutada y finalizada en su totalidad por Dios, completamente aparte de la experiencia humana. La salvación de toda la humanidad fue completada en el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús. La salvación objetiva es una obra terminada y acreditada a la cuenta de todos los seres humanos desde Adán hasta el último en nacer en este mundo. La salvación objetiva es un regalo de amor a la humanidad perdida. Este mensaje es lo que constituye el evangelio de las buenas nuevas de salvación. (Efesios 2:8-9, 1 Corintios 5:19)

Las buenas nuevas son que toda la raza humana ya ha sido redimida del pecado y está calificada para la vida eterna en el cielo y la tierra nueva. Esto significa que toda la experiencia de la salvación incluyendo la justificación, santificación y glorificación, es un regalo de la gracia de Dios a la humanidad. Este regalo se recibe por medio de la fe. En todo el proceso del plan de salvación, la parte de Dios es hacer todo; la parte del hombre es confiar que Dios hace todo. Por lo tanto, todos los esfuerzos del hombre deben centrarse en la fe, no en tratar de obedecer los diez mandamientos o vencer el pecado, las pruebas y las tentaciones. (Romanos 3:20-24, Juan 15:5, Filipenses 2:13)

La fe es aferrarse a la justicia de Cristo imputada e impartida como el único método para alcanzar la liberación de la condenación, dominio y presencia del pecado. La fe es depender totalmente del poder de Dios para obedecer los diez mandamientos y vencer el pecado, las pruebas y las tentaciones. (Hebreos 11:6, Gálatas 3:11) 

Segundo Cuadrado del Santuario: Salvación Subjetiva

Ahora veamos la salvación subjetiva representada por el segundo cuadrado del santuario. El segundo cuadrado del santuario ilustra los tres componentes de la salvación subjetiva: justificación, santificación y glorificación. (1 Corintios 1:30)

En el segundo cuadrado del santuario encontramos el lugar santo, el lugar santísimo y la sangre de los sacrificios de los animales ofrecida en ambos lugares. Primeramente, la sangre ofrecida en el lugar santo y santísimo del santuario, ilustra la obra de la justificación, porque la sangre representa la muerte de Cristo por los pecados del hombre. El creyente es justificado por medio de la fe, cuando acepta el sacrificio de Jesús por sus pecados. (Éxodo 40:6)

En el lugar santo se encuentra la mesa de los panes de la proposición, el candelero de oro y el altar del incienso. Estos tres elementos representan la Palabra de Dios, el Espíritu Santo y la justicia de Cristo. Estos son los tres medios que Dios emplea para producir en la vida de los creyentes la obra de la santificación. El lugar santo con sus muebles representa la obra de la santificación. (Éxodo 25:23,30; Juan 6:35; Éxodo 25:31-32, Juan 8:12; Éxodo 30:1,6; Apocalipsis 8:3-4)

En el lugar santísimo se encuentra el arca del pacto donde se manifiesta la presencia de Dios. El arca del pacto contiene las tablas de piedra con la ley de Dios, la vara de Aarón que floreció y el pote del maná. El lugar santísimo con su mobiliario representa la obra de glorificación. En la obra de la glorificación, Dios completa la obra de reproducción del carácter y la obediencia perfectas de Cristo en la vida de los creyentes. Esta es la condición para que los creyentes del último remanente puedan ser trasladados vivos al cielo sin ver la muerte y puedan estar en la presencia misma de Dios. (Éxodo 25:10-11, Éxodo 25:16, Éxodo 25:17-18, Romanos 3:25, Éxodo 25:22)

Como podemos apreciar, el segundo cuadrado del santuario ilustra el ministerio de Cristo en el santuario celestial. Por medio del ministerio de Cristo en el santuario celestial, Dios realiza la obra de justificación, santificación y glorificación en la vida de los creyentes, por medio de la fe. La salvación subjetiva consiste precisamente de esas tres partes: la justificación, la santificación y la glorificación. (1 Corintios 1:30)

La salvación subjetiva se realiza solamente en la vida de las personas que aceptan el mensaje de las buenas nuevas de la salvación objetiva. Solo los que aceptan el regalo del evangelio en Cristo, pueden disfrutar de la plenitud de la experiencia de la justificación, la santificación y la glorificación. A diferencia de la salvación objetiva, la salvación subjetiva requiere de la participación y cooperación del creyente con la obra de Dios. La participación y cooperación del creyente es una de aceptación y fe. (Efesios 2:8-9)

Cuando el hombre acepta el regalo de la salvación objetiva, el evangelio o la justificación en Cristo por medio de la fe, ésta se convierte en la justificación por la fe.  Este mensaje es el corazón del mensaje del tercer ángel. Este es el mensaje de la justificación por la fe que Dios le dio a la iglesia adventista en 1888. Mientras el creyente elija aferrarse a la justicia imputada e impartida de Cristo diariamente, Dios obrará en él la justificación, la santificación y la glorificación que le permitirá alcanzar la victoria total sobre el pecado, la madurez espiritual plena y la perfección de carácter que lo habilitará para ser trasladado al cielo en vida sin ver la muerte. (Romanos 5:1, Filipenses 3:9)

El mensaje del santuario comprende tanto el ministerio terrenal de Cristo como su el ministerio en el santuario celestial. Ambos ministerios o fases son necesarias para la redención del hombre. Esta es la doctrina fundacional de la iglesia verdadera del tiempo del fin. Al mismo tiempo, esta es la doctrina que mejor nos distingue de todas las demás denominaciones judeocristianas. (Daniel 8:14, Daniel 9:24-27, Hebreos 7:25)

Conclusion Conclusión

En esta tercera parte, hemos presentado un resumen de las verdades eternas relacionadas con el método del plan de salvación. Hemos visto que la metodología del plan de salvación tiene como base el ministerio terrenal de Cristo, así como su ministerio en el santuario celestial. Estos dos ministerios constituyen las dos grandes fases del plan de salvación: la salvación objetiva y la salvación subjetiva. Para poder cumplir con su ministerio terrenal, Cristo tuvo que tomar sobre sí mismo la naturaleza de Adán después de la caída en pecado. Cristo realizó la salvación objetiva de toda la humanidad  caída gracias a los principios bíblicos de la "creación corporativa" o "el factor en Cristo" y "la ley de la herencia". Asimismo, Hemos visto el plan de salación a la luz de la justificación por la fe, el evangelio, el nuevo pacto y el santuario.