El Mensaje a la Iglesia de Laodicea
El mensaje urgente de Dios a la iglesia de Laodicea en Apocalipsis 3: una llamada al arrepentimiento y a la verdadera riqueza espiritual para los últimos días.
Publicado el 01 de June de 2026
Contenido
Introduccion Introducción
Dios tiene un mensaje diseñado para despertar a la iglesia cristiana a nivel mundial, especialmente al pueblo remanente del tiempo del fin, en la víspera de la gran prueba final provocado por la marca de la bestia, justo antes del fin de la gracia y el regreso de nuestro Señor Jesucristo. Este mensaje funciona como una alarma espiritual diseñada para despertar a la iglesia del letargo y confrontarla con su verdadera condición. Este mensaje no es otro que “el mensaje a la iglesia de Laodicea” de Apocalipsis 3:14-22.
Todos los que estudiamos la palabra de Dios con diligencia, sabemos de sobra que el contenido de este mensaje está dirigido especificamente a la iglesia de los últimos días, por el contexto histórico-profético en el que se encuentra. Sin embargo, para que el mensaje a la iglesia de Laodicea actúe realmente como un despertador espiritual, es necesario comprender su contenido correctamente. Un entendimiento superficial o incompleto del mensaje, impedirá que este logre el efecto para el cual fue diseñado. A pesar de que los miembros de la iglesia seguramente hemos estudiado y repasado este mensaje muchas veces, hay algo en el mensaje a la iglesia de Laodicea que aún no logramos comprender ni percibir en toda su profundidad. Cuando pongamos a un lado las “interpretaciones tradicionales” de este mensaje y lo estudiemos en su verdadero contexto, descubriremos una luz más reveladora y una verdad más contundente.
El propósito de este estudio es el de explorar más profunda y honestamente el mensaje que Jesús, “el testigo fiel y verdadero” nos entrega a nosotros, los miembros del pueblo de Dios, que vivimos en los últimos días de la historia del mundo. Podemos describir este mensaje como una intervención de emergencia. Es el último mensaje de amor, salvación y advertencia de Cristo a su iglesia. Es el grito desesperado de un Salvador que ve a su iglesia muriendo de tibieza, autosuficiencia y autoengaño. Expresado en otras palabras, la iglesia se está muriendo de pobreza, desnudez y ceguera. Jesús utiliza el lenguaje más fuerte posible para generar un golpe de realidad y confrontarla con su verdadera condición espiritual antes que sea demasiado tarde.
Descubriremos juntos que solamente cuando entendamos, aceptemos y obedezcamos correctamente el mensaje de Cristo a la iglesia de Laodicea, podremos experimentar el tan anhelado y esperado reavivamiento y reforma. De igual manera, solo así recibiremos el "aceite extra" o la luz adicional que Dios ha prometido a través del derramamiento del espíritu santo en la lluvia tardía para preparar a su pueblo para la proclamación del "mensaje de los 3 ángeles" que crecerá hasta convertirse en "el fuerte clamor (pregón)" y afrontar exitosamente el zarandeo de la iglesia, la gran prueba final provocado por la marca de la bestia, el juicio de los vivos, el sellamiento y el tiempo de angustia de Jacob.
Asimismo, la obediencia al mensaje de Laodicea es necesaria para la purificación final del pueblo de Dios en el marco de la obra de la purificación del santuario celestial. Dicha obra es indispensable para alcanzar la madurez espiritual plena, victoria total sobre el pecado y perfección de carácter. Solo cuando el pueblo de Dios haya finalmente alcanzado el ideal de Dios, estará listo para vivir sin necesidad de un Intercesor en el santuario celestial que perdone sus pecados, después del fin de la gracia. Solo así la iglesia estará lista para ser trasladada al cielo viva, sin ver la muerte. Escuchemos el testiminio del espíritu de profecía:
"La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra". (Mensajes Selectos, pág. 141)
"Deben producirse un reavivamiento y una reforma bajo el ministerio del Espíritu Santo. El reavivamiento y la reforma son dos cosas diferentes. El reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual, un avivamiento de las facultades de la mente y el corazón, una resurrección de la muerte espiritual. La reforma significa una reorganización, un cambio en ideas y teorías, en hábitos y prácticas. La reforma no producirá el buen fruto de justicia a menos que esté conectada con el reavivamiento del Espíritu. El reavivamiento y la reforma han de hacer su obra designada, y al hacerlo, deben fusionarse". (Review and Herald, 25 de febrero de 1902)
"El 20 de noviembre de 1857 me fue mostrado el pueblo de Dios, y lo vi poderosamente sacudido... Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el directo testimonio que exige el consejo del testigo fiel a la iglesia de Laodicea. Tendrá este consejo efecto en el corazón de quien lo reciba y le inducirá a ensalzar la norma y expresar claramente la verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él. Esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios. El testimonio del testigo no ha sido escuchado. El solemne testimonio, del cual depende el destino de la iglesia, ha sido tenido en poca estima, cuando no se lo ignoró por completo. Este testimonio ha de mover a profundo arrepentimiento, y todos los que lo reciban sinceramente, le obedecerán y serán purificados". (1 Testimonios para la Iglesia, págs. 166-168)
Desarrollo Laodicea: La Iglesia de los Últimos Días
¿Cómo sabemos que la iglesia de Laodicea representa la iglesia de los últimos días de la historia del mundo? Para contestar esta pregunta, es necesario ubicarnos en el contexto histórico-profético de las siete iglesias del apocalipsis, especialmente la iglesia de Laodicea. Sabemos por la evidencia bíblica e histórica que las siete iglesias representan los diferentes periodos o etapas de la iglesia cristiana desde la iglesia apostólica hasta la iglesia del fin del mundo. Para no salirnos del tema, y por motivos de tiempo y espacio nos limitaremos a compartir un breve resumen. Ya tendremos la oportunidad de examinar toda la evidencia bíblica al respecto cuando publiquemos el tema "Las Siete Iglesias del Apocalipsis". A continuación, detallamos los períodos histórico-proféticos representados por cada una de las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis capítulos 2 y 3:
1. Éfeso: significa “deseable”, representa el periodo: 31–100 d.C.
El periodo histórico-profético de la iglesia de Éfeso comienza con el derramamiento del Espíritu Santo en el día de pentecostés en el año 31 d.C. y finaliza con la muerte del apóstol Juan alrededor del año 100 d.C., el último de los apóstoles de nuestro Señor.
2. Esmirna: significa “olor fragante”, representa el periodo: 100–313 d.C.
El periodo histórico-profético de la iglesia de Esmirna comienza con la muerte del apóstol Juan alrededor del año 100 d.C., el último de los apóstoles de nuestro Señor y finaliza con la conversión nominal al cristianismo del emperador romano Constantino el Grande en el año 313 d.C.
3. Pérgamo: significa “elevación”, representa el periodo: 313–538 d.C.
El periodo histórico-profético de la iglesia de Pérgamo comienza con la conversión nominal del emperador romano Constantino el Grande en el año 313 d.C. y termina con el inicio oficial de la supremacía papal en el año 538 d.C.
4. Tiatira: significa “dulce labor de sacrificio”, representa el periodo: 538– 1517 d.C.
El periodo histórico-profético de la iglesia de Tiatira comienza con la inauguración de la supremacía papal en el año 538 d.C. y finaliza con el hito más determinante de la Reforma Protestante: la publicación masiva de las 95 tesis de Martín Lutero en el año 1517 d.C.
5. Sardis: significa “renovación”, representa el periodo: 1517–1844 d.C.
El periodo histórico-profético de la iglesia de Sardis comienza con el inicio de la reforma protestante liderada por el gran reformador Martín Lutero en el año 1517 d.C. y termina al final de la profecía de los 2,300 días y el comienzo del ministerio de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial como nuestro gran Sumo Sacerdote y Juez, en el año 1844 d.C.
6. Filadelfia: significa “amor fraternal”, representa el periodo: 1844 d.C.– hacia el fin
El periodo histórico-profético de la iglesia de Filadelfia comienza con el cumplimiento final de la profecía de los 2,300 días y el comienzo del ministerio de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial como nuestro gran Sumo Sacerdote y Juez, en el año 1844 d.C. y continúa hacia el fin del mundo y la segunda venida de Cristo.
7. Laodicea: significa “el pueblo es juzgado”, representa el periodo: 1844 d.C.– hacia el fin
Al igual que Filadelfia, el periodo histórico-profético de la iglesia de Laodicea comienza con el cumplimiento final de la profecía de los 2,300 días y el comienzo del ministerio de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial como nuestro gran Sumo Sacerdote y Juez, en el año 1844 d.C. y continúa hacia el fin del mundo y la segunda venida de Cristo.
Desarrollo La Conexión entre Laodicea y Filadelfia
Histórica y proféticamente, ambas iglesias, Filadelfia y Laodicea representan a la iglesia de los últimos días. ¿Cómo es posible esto? Tradicionalmente, hemos interpretado que la iglesia de Filadelfia abarca el periodo que transcurre entre 1798 - 1844 d.C. Sin embargo, un estudio más cuidadoso del contexto inmediato y los detalles presentados en Apocalipsis 3:7-13, nos llevan a la conclusión inevitable de que la iglesia de Filadelfia abarca el mismo periodo que la iglesia de Laodicea: 1844 d.C. - hacia el fin. Es decir, los periodos de ambas iglesias transcurren paralelamente. Los mensajes dirigidos a ambas iglesias hacen referencia a los dos rostros de la iglesia final: mientras una se mantiene fiel en su dependencia total de Dios, la otra se sumerge en la autosuficiencia espiritual.
Por un lado, la iglesia de Laodicea es descrita como una comunidad que está hundida en la tibieza, autosuficiencia y autoengaño espirituales, a punto de ser rechazada por Cristo. Por el otro lado, la iglesia de Filadelfia es descrita como una comunidad sin defectos, fiel, perseverante y unida en el amor y el espíritu de Dios. Filadelfia y Laodicea corren en paralelo hoy en día, marcando el contraste definitivo entre la fidelidad perseguida de las minorías que están integrando la filas del último remanente y la tibieza institucional de las mayorías de la iglesia oficial.
Ahora bien, veamos la evidencia bíblica que indica que la iglesia de Filadelfia representa el mismo periodo histórico-profético que la iglesia de Laodicea de 1844 d.C. - hacia el fin del mundo y la segunda venida de Cristo. Nos daremos cuenta, que esa misma evidencia bíblica comprueba que, ¡la iglesia de Filadelfia, el último remanente y los 144,000 sellados son el mismo grupo de creyentes!
1. Tiene delante una puerta abierta que nadie puede cerrar (Apocalipsis 3:7, 8)
"Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre." (Apocalipsis 3:7-8)
La puerta abierta que Jesús abre delante de la iglesia de Filadelfia y que nadie puede cerrar es sin duda alguna la puerta al lugar santísimo que Cristo abrió el 22 de octubre de 1844 d.C. al final de la profecía de los 2,300 días, cuando Él mismo inauguró su ministerio como Sumo Sacerdote y Juez. La iglesia de Filadelfia comienza cuando la puerta al lugar santo se cierra y la puerta al lugar santísimo se abre en el cielo en 1844. (Daniel 7:9-10, 8:14, 9:24-27, Apocalipsis 4:1-11, 5:1-14)
"Luego se me mostró que los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo acerca de la puerta cerrada no pueden separarse, y que el tiempo en que los mandamientos de Dios habían de resplandecer en toda su importancia y cuando el pueblo de Dios había de ser probado acerca de la verdad del sábado era cuando se abriese la puerta en el lugar santísimo del santuario celestial, donde está el arca que contiene los diez mandamientos. Esta puerta no se abrió hasta que hubo terminado la mediación de Jesús en el lugar santo del santuario en 1844. Entonces Jesús se levantó, cerró la puerta del lugar santo, abrió la que da al santísimo y pasó detrás del segundo velo, donde está ahora al lado del arca y adonde llega la fe de Israel ahora". (Primeros Escritos, pág. 42)
"Vi que Jesús había cerrado la puerta del lugar santo, y nadie podía abrirla; y que había abierto la puerta que da acceso al lugar santísimo, y nadie puede cerrarla. Apocalipsis 3:7, 8; y que desde que Jesús abrió la puerta que da al lugar santísimo, que contiene el arca, los mandamientos han estado brillando hacia los hijos de Dios, y éstos son probados acerca de la cuestión del sábado". (Primeros Escritos, pág. 42)
2. Guarda la palabra de la paciencia de Jesús (Apocalipsis 3:8,10)
"Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra." Apocalipsis 3:8,10)
Esta es una clara referencia al último remanente fiel que quedará sobre el planeta tierra al fin de los tiempos. Ellos serán obedientes a la palabra de Dios (los mandamientos de Dios) y poseerán la paciencia de Cristo. (Apocalipsis 14:12, 12:17, 13:10, 14:4)
3. Es guardada de la hora de prueba que ha de venir sobre el mundo entero (Apocalipsis 3:10)
"Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra." Apocalipsis 3:10)
Aquí vemos claramente que los miembros de la iglesia de Filadelfia pasarán por la gran prueba final que este mundo sufrirá al fin de la historia. La biblia se refiere a esta gran prueba final con frases sinónimas como la gran tribulación, el tiempo de angustia, la abominación desoladora o la marca de la bestia. (Mateo 24:21-22, Daniel 12:1,11; Mateo 24:15-16, Apocalipsis 13:16-17, Apocalipsis 15:2)
4. Jesús hace que la sinagoga de Satanás (iglesia apóstata) venga y se postre a sus pies y reconozca que Él la ha amado (Apocalipsis 3:9)
"He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado." (Apocalipsis 3:9)
Este evento se dará después del fin de la gracia, hacia el final de las siete postreras plagas, cuando Cristo interviene para liberar a su pueblo del decreto de muerte en su contra. Los miembros de la iglesia apóstata (la sinagoga de Satanás), principalmente los que no quisieron abandonar su condición Laodicense, finalmente se dan cuenta de su error, se acercan al remanente final y los reconocen como la iglesia verdadera amada por Cristo. (Isaías 60:14, 49:23, 45:14, Salmo 110:1, Daniel 7:27, Apocalipsis 13:15, Daniel 12:1,3)
5. Jesús le dice que "viene pronto" (Apocalipsis 3:11)
"He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona." Apocalipsis 3:11)
De todas las iglesias, Filadelfia es la única a la que Jesús le dice que "viene pronto". Esto indica que la segunda venida de Cristo sucederá al final del periodo de la iglesia de Filadelfia. (Apocalipsis 3:11)
6. Al que vence, Cristo lo hace columna en el templo de Dios, y nunca más sale de allí (Apocalipsis 3:12)
"Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo." (Apocalipsis 3:12)
Esta es, una vez más, una referencia directa y exclusiva al último remanente, los 144,000 sellados, que serán sacerdotes de Dios por la eternidad en su templo que se encuentra sobre el Monte de Sion. (Apocalipsis 7:12, 14:1-3, Salmo 78:68-69, Joel 3:17)
7. Tiene el nombre del Padre, el Hijo y la nueva Jerusalén escritos en la frente (Apocalipsis 3:12)
"Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo." (Apocalipsis 3:12"
Esta es quizá la referencia más directa de todas hacia el último remanente, los 144,000 sellados, que pasarán por la gran crisis final y vivirán en la tierra hasta la segunda venida de Cristo. (Apocalipsis 7:1-8, 9:4, 14:1, 15:2-3)
Una vez sentadas las bases bíblicas sólidas que respaldan la coexistencia de las iglesias de Laodicea y Filadelfia hasta el fin del mundo, es importante aclarar la siguiente pregunta: Laodicea y Filadelfia, ¿son el mismo grupo de creyentes o son dos comunidades de creyentes diferentes? La respuesta a esta pregunta es de vital importancia.
La iglesia de Laodicea está compuesta por los creyentes que se encuentran en la "condición laodicense" antes del zarandeo de la iglesia causado por la predicación del "mensaje a la iglesia de Laodicea" y permanecen en esa condición aún después de la presentación de dicho mensaje. Ellos no aceptan el diagnóstico, consejo y llamado al arrepentimiento que Cristo hace a la iglesia de Laodicea. El testimonio directo de Jesús no produce en ellos ningún cambio; se mantienen igual.
En cambio, la iglesia de Filadelfia esta integrada por los "creyentes laodicenses" que reciben y obedecen "el mensaje a la iglesia de Laodicea" para formar parte del último remanente. Si seguimos el hilo histórico-profético que ubica a las iglesias de Laodicea y Filadelfia en los últimos días, llegamos a una conclusión inevitable: ¡la iglesia de Filadelfia es el último remanente, los 144,000 sellados!
El Testigo Fiel y Verdadero llama al último remanente a salir de Laodicea para unirse a las filas de Filadelfia. La buena noticia es que, aquellos que finalmente acepten el diagnóstico, consejo y llamado al arrepentimiento de Cristo a la iglesia de Laodicea, formarán parte de la iglesia de Filadelfia, el cual es el último remanente - los 144,000 sellados. ¡Esta es la noticia más hermosa y esperanzadora de todas!
Desarrollo Cristo: Garantía de un Diagnóstico Infalible
Antes de realizar el diagnóstico de la iglesia de Laodicea, Jesús se presenta con títulos que garantizan la veracidad de su diagnóstico. Él es el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero y el Principio de la creación de Dios. Es decir, Cristo es la máxima autoridad de la iglesia y no hay en todo el universo, una persona mejor calificada para realizar el diagnóstico de la iglesia de los últimos días.
"Y escribe al ángel de la iglesia de Laodicea. He aquí el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero, el Principio de la creación de Dios, dice esto:" (Apocalipsis 3:14)
A. El Amén
Cristo es el "Amén". Este título personal presenta a Jesús como la palabra final y la certeza aboluta. La palabra "Amén" proviene del Hebreo y significa "así sea", "verdad" o "firmeza". Al decir que Jesús es el Amén, la biblia enseña que Él es la palabra final y definitiva de Dios; no hay nada que agregar a su obra o a su mensaje. Es decir, en Cristo se cumplen todas las promesas de Dios en relación al plan de salvación. En consecuencia, el Padre Eterno ha designado a Jesús como el Artífice de la maravillosa obra de la salvación.
"Porque todas las promesas de Dios son en Él sí, y Él Amén, por medio de nosotros para la gloria de Dios". (2 Corintios 1:20)
"El que se bendijere en la tierra, en el Dios de "verdad" (Amén) se bedecirá...". (Isaías 65:16)
"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos". (Hechos 4:12)
B. El Testigo Fiel y Verdadero
Cristo es "El Testigo Fiel y Verdadero". Este título personal presenta a Jesús como aquel que ve la realidad tal cual es, sin engaños. Él es "El Testigo Fiel y Verdadero" por dos razones principales. Primero, Cristo es el único ser en todo el universo que conoce la Divinidad, carácter, gloria y designios de Dios en toda su profundidad, porque Él es el Hijo de Dios. Segundo, Cristo conoce todas las luchas de los creyentes contra las fuerzas del mal por experiencia propia, porque Él es el Hijo de hombre. Jesús luchó contra el mal en la naturaleza humana caída y salió más que vencedor. ¡Alabado sea su Nombre!
"... Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz." (Juan 18:37)
"Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea." (Apocalipsis 19:11)
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre." (Filipenses 2:5-9)
C. El Principio de la Creación de Dios
Cristo es "El Principio de la creación de Dios". Este título personal presenta a Jesús como el Artífice designado por Dios para la maravillosa obra de la creación de "los cielos y la tierra y cuanto existe en ellos. El término Griego utilizado para "principio" es "arche", que significa "el originador", "el punto de partida" o "la causa primera". La raíz "arche" también se traduce como "gobernante" o "jefe". De aquí provienen términos como "monarquía" o "jerarquía". Su significado en este pasaje no se refiere a que Jesús fuera lo primero en ser creado, sino a su preeminencia y autoridad. Él es el Originador de toda la creación de Dios.
"Él (Cristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito (Jefe/Gobernante) de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él". (Colosenses 1:15,16)
"... y él (Cristo) es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito (principal/gobernante) de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia". (Colosenses 1:18)
"... en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo". (Hebreos 1:2)
“Debemos aconsejarnos mutuamente, y estar sujetos unos a otros; pero al mismo tiempo debemos ejercer la capacidad que Dios nos ha dado para saber cuál es la verdad. Cada uno de nosotros debe mirar a Dios en procura de iluminación divina”. “Tras haber recibido consejo de los sabios y prudentes, queda aún un Consejero cuya sabiduría es infalible. No dejéis de presentar ante él vuestro caso, y suplicad su dirección. Ha prometido que si os falta sabiduría y la pedís de él, os la dará abundantemente, sin restricción” (Obreros Evangélicos, p. 129 y 257, en inglés)
Desarrollo El Diagnóstico de la Iglesia de Laodicea
Cristo presenta el diagnóstico de la iglesia de Laodicea de dos formas. Inicialmente, en los versículos 15 al 17, a Laodicea se la presenta como una iglesia que sufre de tibieza, autosuficiencia y autoengaño. Posteriormente, en los versículos 17 y 18, se la presenta como una iglesia que padece de pobreza, desnudez y ceguera. En realidad, se trata del mismo diagnóstico expresado en diferentes términos. La tibieza y la pobreza son equiparables. La autosuficiencia y la desnudez se refieren a la misma enfermedad espiritual. El autoengaño y la ceguera describen el mismo padecimiento.
Tibieza o Pobreza Espirituales
La tibieza y pobreza espirituales de Laodicea se refieren esencialmente al mismo problema. Tanto la tibieza como la pobreza espirituales de Laodicea vienen como resultado de la calidad o tipo de obras que produce. Como bien sabemos, sin una evaluación médica no hay un diagnóstico. Antes de diagnosticar a la iglesia de Laodicea con la enfermedad de la tibieza o pobreza, Cristo realiza una evaluación médica. El "chequeo médico" consiste en un examen de las obras de la iglesia. En otras palabras, Jesús realiza un análisis de las obras que la iglesia produce para determinar su condición de salud. Por un lado, dependiendo de la calidad o tipo de obras que produce, la iglesia puede ser fría, caliente o tibia. Por otro lado, la iglesia puede ser rica o pobre. Por lo tanto, para poder entender el diagnóstico, debemos primero estudiar la evaluación médica. De lo contrario, no podremos conocer el verdadero significado de la "tibieza o pobreza" espirituales. En consecuencia, no podremos conocer nuestra verdadera condición espiritual como tampoco sentir la necesidad del "tratamiento médico" que Cristo nos ofrece como miembros de la iglesia de Laodicea.
Es importante señalar que la orgullosa iglesia de Laodicea también presenta su propio diagnóstico. Al evaluar sus propias obras, ella se presenta a sí misma como una iglesia caliente y rica, en contraste directo con el diagnóstico presentado por el Testigo Fiel y Verdadero: tibia y pobre. La pregunta es, ¿cuál de los dos diagnósticos debemos creer? Definitivamente, debemos aceptar el diagnóstico de Cristo y desechar el diagnóstico de Laodicea. El texto bíblico dice:
"Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo." (Apocalipsis 3:15-18)
Cuando realizamos un estudio cuidadoso, encontramos que la palabra de Dios clasifica las obras en tres categorías generales: 1) las obras de la carne 2) las obras de la fe y 3) las obras de la ley. Las tres clases de obras representan las tres condiciones espirituales de frío, caliente y tibio. Asimismo, las obras de la fe representan la verdadera riqueza y tanto las obras de la carne como las obras de la ley representan pobreza espiritual.
1. Las obras de la carne = frío = pobre
"Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios". (Gálatas 5:19-21)
"... porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis". (Romanos 8:13)
Las obras de la carne nacen de toda persona mundana que vive completamente separada de Dios. Todas sus obras están motivadas y manchadas por el egoísmo del pecado, aún las que tienen apariencia de ser buenas obras. Esta condición espiritual es una de frío. La ausencia del calor del Espíritu de Dios es total. Al no tener ningún valor delante de Dios, estas obras son pobres. No obstante, aún en esta condición de muerte espiritual, hay una chispa de esperanza. El pecador puede oír la voz amorosa de Dios, reconocer su condición pecaminosa y aceptar la salvación gratuita en Cristo. ¡La buena noticia es que Dios puede salvar hasta el más vil pecador!
No quiero ser un portador de malas noticias, pero debo decir la verdad del mensaje a la iglesia de Laodicea, la iglesia de los últimos días, de la cual somos miembros tú y yo. Jesús dice: "¡Ojalá fueses frío!" Cristo, aquél cuyo testimonio es fiel y verdadero, dice que desearía que nosotros fuéramos fríos y no tibios. Esto quiere decir que es más fácil para Cristo salvar a un pecador frío y mundano que salvar a un Laodicense tibio. Es realmente aterrador pensar que nosotros estamos más lejos de la salvación que los mundanos que no creen en Cristo.
Nos encontramos en una situación de emergencia total. Estamos en una situación muy complicada de resolver. Estamos al borde de ser "vomitados" o rechazados por Cristo y perdernos para siempre. Pero un amoroso y desesperado Jesús, ha abierto delante de nosotros una última vía de escape, una sola. La única manera de escapar a la destrucción inminente es escuchar, aceptar y obedecer el mensaje a la iglesia de Laodicea. Nuestra última oportunidad de vida, depende de que entendamos "el chequeo médico", "el diagnóstico" y sigamos "el tratamiento" que Jesús nos ofrece, al pie de la letra.
2. Las obras de la fe (o fruto del Espíritu) = caliente = rico
"¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?" (Santiago 2:22)
"... acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo". (1 Tesalonicenses 1:3)
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley". (Gálatas 5:22,23)
A diferencia de las obras de la carne, las obras de la fe o fruto del Espíritu nacen de una persona que está completamente entregada a Dios. Las obras de fe son el resultado de la presencia de Cristo en la vida del creyente a través del Espíritu Santo, por eso también se los conoce como el fruto del Espíritu. La obras de la fe son de alto valor y la única clase de obras aceptables para Dios. Por lo tanto, las obras de la fe constituyen la verdadera riqueza espiritual. Este es el ideal de Dios para la iglesia de Laodicea. Cristo dice: "¡Ojalá fueses caliente!"
No obstante, la dura realidad es que la iglesia de los últimos días no es ni "caliente" ni "rica" porque no está produciendo las obras de la fe. Pero, ¿cómo podemos producir las obras de la fe para llegar a ser una iglesia caliente y rica? ¿Cómo podemos tener a Cristo en el corazón? ¿Qué significa estar completamente entregados a Cristo? La respuesta a estas preguntas es de vital importancia. Sin lugar a dudas, hay algo que, como iglesia aun no comprendemos sobre este tema. Hay algo en nuestras interpretaciones actuales que no nos permite ver la verdad sobre el mensaje a Laodicea. Cuando lleguemos al capítulo titulado "El Consejo a la Iglesia de Laodicea" veremos que hay tres condiciones para producir las obras de la fe que Dios quiere: comprar oro refinado en fuego, cubrirnos con las vestiduras blancas y aplicar colirio en los ojos. Sin estos tres bienes que Jesús nos ofrece, es imposible producir las obras de la fe. Analizaremos el consejo de Cristo en profundidad.
3. Las obras de la ley = tibio = pobre
"... sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado". (Gálatas 2:16)
"... ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado". (Romanos 3:20)
Entonces, si la iglesia de Laodicea no es fría ni caliente, ¿qué es? Es "tibia". Si la iglesia de Laodicea no produce las obras de la carne ni las obras de la fe, ¿qué tipo de obras produce? Produce las "obras de la ley". En realidad, las obras de la ley son pobres, porque ante Dios no tienen ningún valor ni son aceptables. Son las obras de la ley las que hacen que Laodicea esté sumida en la pobreza espiritual o en las palabras de Cristo: "desventurada, miserable y pobre".
Ahora bien, ya hemos identificado bíblicamente que la obras de la carne son aquellas que produce toda persona "fría" del mundo, que no profesa creer en Cristo. De igual manera, hemos identificado bíblicamente que las obras de la fe son aquellas que produce una iglesia "caliente", que está llena del Espíritu Santo. Ahora nos toca estudiar lo que la biblia enseña acerca de "las obras de la ley" que produce una iglesia "tibia". La comprensión correcta de este tema es un asunto de vida o muerte. Solamente cuando entendemos este tema, podemos darnos cuenta de nuestra verdadera condición espiritual. Por un lado, la comprensión correcta de este tema nos habilita para entender "el tratamiento médico" contenido en el consejo del Testigo Fiel y Verdadero. Por otro lado, el reconocimiento de nuestra verdadera condición espiritual es la condición para recibir el consejo de Cristo a la iglesia de Laodicea.
Muchas veces hemos oído a nuestros pastores y predicadores decir que los miembros tibios son aquellos que no asisten regularmente a los servicios de la iglesia y muestran un compromiso a medias con las actividades de la iglesia, el estudio de la biblia y la oración. En el mejor de los casos, se nos ha dicho que los tibios son aquellos que son inconstantes espiritualmente por no llevar una vida plenamente entregada a Dios, sin profundizar en las causas. Queridos hermanos en Cristo, es hora de abandonar estas "interpretaciones superficiales" del mensaje a Laodicea, que hemos creído por mucho tiempo. Estas no hacen más que solo distraernos y oscurecer la verdad del mensaje que Jesús dirige a su iglesia.
Antes de realizar juntos un estudio profundo sobre el significado de "tibieza espiritual" como consecuencia directa de "las obras de la ley", urge reflexionar sobre el peso que tiene este asunto. Se trata de un mensaje diseñado específicamente para despertar a la iglesia de los últimos días en todo el mundo, en la víspera de la gran prueba final provocado por la marca de la bestia, justo antes del fin de la gracia y el regreso de nuestro Señor Jesucristo. Este mensaje funciona como una alarma espiritual cuyo único propósito es despertar a la iglesia del "letargo" y "autoengaño" espirituales y confrontarla con su verdadera condición.
Sin embargo, para que el mensaje a la iglesia de Laodicea actúe realmente como un "despertador espiritual", es necesario comprender su contenido correctamente, especialmente en lo que concierne al asunto de la "tibieza espiritual" y "el consejo del Testigo Fiel y Verdadero". Un entendimiento superficial o incompleto del mensaje, impedirá que este logre el efecto para el cual fue diseñado. Cuando abandonemos las “interpretaciones tradicionales” y estudiemos este mensaje en su verdadero contexto, descubriremos como nunca antes una luz más reveladora y una verdad más contundente.
Como bien mencionamos en la introducción, podemos describir el mensaje a Laodicea como una intervención de emergencia. Es el último mensaje de amor, salvación y advertencia de Cristo a su iglesia. Queridos hermanos, es muy importante entender que no habrá otro mensaje después de este. Este es el último grito desesperado de un Salvador que ve a su iglesia muriendo de "tibieza", "autosuficiencia" y "autoengaño" y utiliza el lenguaje más fuerte posible para generar un golpe de realidad y confrontarla con su verdadera condición espiritual antes que sea demasiado tarde.
Solo cuando entendamos, aceptemos y obedezcamos el mensaje de Cristo a la iglesia de Laodicea correctamente, podremos experimentar el tan anhelado y esperado reavivamiento y reforma. De igual manera, solo así recibiremos "el aceite extra" o la luz adicional que Dios ha prometido a través del derramamiento del espíritu santo en la lluvia tardía para preparar a su pueblo para salir victorioso en medio del zarandeo de la iglesia, la gran crisis final de la marca de la bestia, el juicio de los vivos, el sellamiento y el tiempo de angustia de Jacob.
La dura realidad es que, de acuerdo con el testimonio de Cristo, el Testigo Fiel y Verdadero, toda la iglesia se encuentra en la "condición Laodicense". Desde las máximas autoridades de la iglesia, líderes, pastores, los miembros en general, hasta el miembro más secillo o el recién bautizado... todos estamos enfermos de "tibieza espiritual". Todos necesitamos ser despertados urgentemente del "letargo" y "autoengaño" espirituales. De lo contrario, muy pronto seremos "vomitados" o rechazados por Cristo. Aceptar esta dura e impopular verdad, exige una rendición absoluta del orgullo espiritual. Para digerir este golpe de realidad, que hiere nuestro orgullo, se necesita una humildad profunda y urgente. Tristemente, las profecías de la biblia claramente enseñan que muy pocos atenderán este último llamado al arrepentimiento.
Después de reflexionar sobre la urgencia y seriedad del mensaje a la iglesia de Laodicea, estamos listos para analizar el verdadero significado de la "tibieza espiritual", la cual es causada directamente por "las obras de la ley" que nuestra iglesia produce.
La expresión "obras de la ley" aparece un total de 8 veces en el nuevo testamento, específicamente en las cartas Paulinas de Romanos y Gálatas (Romanos 3:20, 3:28; Gálatas 2:16, 3:2, 3:5, 3:10). En todos los casos, el Apóstol Pablo utiliza esta frase para transmitir la idea del hombre que se justifica a sí mismo por medio sus propias obras de obediencia a la ley de Dios, aparte de la fe de Jesucristo. Es decir, "las obras de la ley" se refiere al hombre tratando de alcanzar la salvación por medio de la obediencia a los mandamientos de la ley de Dios. En tiempos de Pablo, la expresión "obras de la ley" era el equivalente del término moderno "legalismo". Hoy día, utilizamos este término para referirnos a la idea de utilizar la ley de Dios como medio de salvación.
El Apóstol Pablo presenta las "obras de la ley" en contraste directo con las "obras de la fe". Las dos ideas representan dos sistemas de salvación diametralmente opuestos. Por un lado, el sistema de salvación de las "obras de la ley" se fundamenta en los méritos de la justicia del hombre. Por otro lado, el sistema de salvación de las "obras de la fe" se fundamenta en los méritos de la justicia y sacrificio de Cristo.
"Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe..." (Filipenses 3:8-9)
Ahora, surge una pregunta crucial: ¿por qué utiliza Cristo el símbolo de la "tibieza" para describir la enfermedad espiritual de la iglesia? ¿Y qué relación tiene la "tibieza" con las "obras de la ley"? La respuesta a esta pregunta es crucial para conocer la verdad acerca de nuestra enfermedad como iglesia.
Imagínate que tienes dos recipientes con agua y un recipiente vacío. Un recipiente tiene agua fría y el otro tiene agua caliente. ¿Qué necesitas hacer para obtener agua tibia? Obviamente, mezclar el agua fría y caliente de los dos recipientes con agua en el recipiente vacío. Ni más ni menos. Esto es exactamente lo que sucede con la iglesia de Laodicea. La iglesia de los últimos días es una mezcla de agua fría y caliente. ¿Cómo es esto posible? Bueno, como vimos anteriormente, el agua fría representa las "obras de la carne" producidas por una persona que está completamente separada de Cristo. El agua caliente representa las "obras de la fe o del Espíritu" producidas por una persona completamente entregada a Cristo. Por un lado, la iglesia es caliente porque tiene la apariencia de estar produciendo las "obras de la fe o del espíritu". Por otro lado, la iglesia es fría porque lo único que está produciendo en realidad, sin Cristo en el corazón, son las "obras de la carne". La iglesia presenta una doble cara: caliente y fría. Esta mezcla de caliente y frío es la que convierte a la iglesia de Laodicea en una iglesia "tibia".
El diagnóstico es aterrador: ¡tenemos una iglesia luchando por producir las "obras de la fe" o "fruto del Espíritu" con Cristo totalmente excluído de la vida de la iglesia! ¡Cristo no mora en nuestro corazón! ¡Estamos completamente separados de Cristo! Al estar desconectados de Jesús, lo único que podemos producir son "las obras de la carne". Esto es verdad, porque todas "nuestras buenas obras" están manchados de pecado. Es decir, el egoísmo mancha todas nuestras buenas obras porque es la raíz misma de nuestra naturaleza carnal (pecaminosa).
"Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento". (Isaías 64:6)
"Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo". (1 Juan 2:16)
"He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre". (Salmo 51:5)
Si no reaccionamos, la sentencia es inevitable: "te vomitaré de mi boca". La condición del "tibio" es tan repulsiva para Cristo que, en sus propias palabras, le produce nauseas y el deseo de vomitarlo de su boca.
"Pero por cuanto eres tibio, no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". (Apocalipsis 3:16)
Si no admitimos con humildad y honestidad, nuestra desesperada situación, estaremos cerrando la puerta a la ayuda de Jesús. Por esta razón, al final del mensaje a Laodicea, Jesús hace la siguiente urgente y amorosa invitación:
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." (Apocalipsis 3:20)
Producir las "obras de la fe" o "fruto del Espíritu" aparte de Cristo, ¡es una misión imposible! Solo se puede ser "caliente" cuando tenemos el calor de la presencia de Cristo en nuestro ser a través de su Espíritu. Solo se puede ser verdaderamente obediente a la ley de Dios por medio de la presencia de Cristo en el corazón por medio de la fe.
"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan." (Hebreos 11:6)
"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer." (Juan 15:5)
Pero, ¿cómo podemos abrirle la puerta del corazón a Jesús? ¿Qué significa estar "entregado a Cristo". ¿Qué significa "permanecer en Cristo"? ¿Qué quiere decir la Palabra de Dios cuando enseña que debemos "vivir por la fe"? ¿Será posible que nuestra comprensión actual de estos temas es insuficiente? ¿Será posible que nos hace falta más luz o conocimiento al respecto? Mira lo que dice la Palabra de Dios...
"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento". (Oseas 4:6)
Sin embargo, Dios ha prometido a Laodicea, la iglesia de los últimos días, darle la luz o el conocimiento que necesita para conocer "toda la verdad" a través del derramamiento final del Espíritu Santo en la lluvia tardía.
"Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra". (Oseas 6:3)
"Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto". (Proverbios 4:18)
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir". (Juan 16:13)
La buena noticia es que, en la actualidad, Dios está derramando más luz sobre el verdadero significado del mensaje a la iglesia de Laodicea, para la gloria de su nombre y porque Él es fiel con sus promesas. Sigamos examinando juntos esta nueva luz que procede del trono de la misericordia.
El Engaño de las Falsas Riquezas
En la actualidad, la iglesia de Laodicea cree ser rica, autosuficiente y no tener necesidad de nada, pero Jesús, utilizando el lenguaje más fuerte posible, revela todo lo contrario: la iglesia es “desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda”. Es decir, la iglesia ha caído en el engaño de las falsas riquezas. Este autoengaño ha provocado que Laodicea sea ciega y no pueda ver su verdadera condición espiritual. Asimismo, el autoengaño y la ceguera han arrastrado a Laodicea a una tibieza, que se traduce en letargo y muerte espiritual.
"Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo". (Apocalipsis 3:17)
Pero, ¿cuáles son esas falsas riquezas que han engañado a Laodicea? Evidentemente, a los ojos de la iglesia de Laodicea, sus riquezas son el producto de su relación con Cristo y son aceptables ante Dios. Cuando analizamos el contexto bíblico del mensaje a Laodicea, es claro que las riquezas se refieren a las obras que la iglesia produce. Recordemos que Jesús la evalúa por el tipo de obras que produce. Como vimos anteriormente, las obras que la iglesia produce son "las obras de la ley" que la convierten en una iglesia "tibia" y "pobre". Sin embargo, la iglesia erroneamente cree que lo que produce son "obras de la fe o del Espíritu". ¡Esto es un engaño descomunal... una distorsión absoluta de la realidad!
¿Será que somos conscientes de que todos los miembros de la iglesia en la actualidad - absolutamente todos - sufrimos del engaño de las falsas riquezas y tibieza espiritual? La respuesta es un rotundo ¡NO! Jesús mismo nos dice que vivimos ciegos a nuestra realidad, tal como lo describe el texto bíblico: "Y NO SABES que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo". Es realmente aterrador saber que el engaño de las falsas riquezas y la tibieza espiritual nos pone en peligro de muerte eterna, y ¡lo peor es que ni siquiera nos damos cuenta!
Pero, ¿cómo terminamos adquiriendo una condición de tibieza espiritual? ¿Cómo es que vivimos engañados, sin darnos cuenta de nuestro verdadero estado? ¿Qué podemos hacer para sanar de esta enfermedad? Vamos paso a paso... con mucho cuidado. Conforme a nuestra respuesta de fe, humildad y arrepentimiento, y a medida que avanzemos en nuestro estudio, iremos despertando y reaccionando al amoroso y desesperado consejo de Cristo.
Queridos hermanos en Cristo, hemos llegado a un punto donde debemos reconocer con toda la honestidad y humildad del caso, que somos una iglesia "tibia" porque producimos "las obras de la ley". Nosotros vivimos engañados porque nos hacemos creer que estamos produciendo las "obras calientes de la fe" cuando, en realidad, lo único que estamos produciendo son "las obras frías de la carne", porque somos una iglesia separada de Cristo.
Sin darnos cuenta, las "buenas obras" y logros de nuestra iglesia, nos han llevado a una autosuficiencia silenciosa, donde el orgullo sustituyó nuestra total dependencia de Cristo. Creemos que el éxito evangelístico e institucional, que se traduce en un notable crecimiento numérico de la iglesia mundial, se debe a la presencia y bendición de Dios. Cuando consideramos la estabilidad financiera de la iglesia, un gran número de propiedades inmuebles, congregaciones locales, establecimientos educativos, hospitales, clínicas y centros de evangelismo y beneficiencia social, pensamos que todo ello es el resultado de la obra de Dios. Llegamos a la errónea y engañosa conclusión de que, nuestra iglesia está llena de la presencia Dios y está dirigida por el espíritu de Cristo.
Pero la realidad es totalmente lo contrario a lo que creemos. Según el Testigo Fiel y Verdadero, todas esas "buenas obras" y logros no son más que las "obras de la ley" producidas por una iglesia "tibia", completamente separada de Cristo. ¡La verdad es dura de digerir! Sin embargo, Cristo ofrece una salida urgente. La iglesia debe dejar de ser una iglesia "tibia" para convertirse en una iglesia "caliente". Para llegar a ser una iglesia "caliente" que produzca las "obras de la fe" o "el fruto del Espíritu", necesitamos urgentemente entender y obedecer el consejo de Cristo: obtener el oro refinado en fuego, las vestiduras blancas y el colirio para los ojos.
Desarrollo El Consejo a la Iglesia de Laodicea
Jesús ofrece a la iglesia soluciones espirituales usando metáforas de la industria local de Laodicea: banca, textiles y medicina. Como vimos anteriormente, Cristo presenta el diagnóstico de la iglesia de Laodicea de dos formas. Inicialmente, en los versículos 15 al 17, a Laodicea se la presenta como una iglesia que sufre de tibieza, autosuficiencia y autoengaño. Posteriormente, en los versículos 17 y 18, se la presenta como una iglesia que padece de pobreza, desnudez y ceguera. En realidad, se trata del mismo diagnóstico expresado en diferentes términos. La tibieza y la pobreza son equiparables. La autosuficiencia y la desnudez se refieren a la misma enfermedad espiritual. El autoengaño y la ceguera describen el mismo padecimiento.
Para el triple problema de Laodicea, Jesús ofrece una triple solución en su consejo: oro refinado en fuego para la pobreza y tibieza, vestiduras blancas para la desnudez y autosuficiencia y colirio para la ceguera y autoengaño.
"Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas". (Apocalipsis 3:18)
Lo normal hubiera sido que Cristo siguiera un orden de causa y efecto en su consejo a Laodicea: colirio para la ceguera y autoengaño, vestiduras blancas para la desnudez y autosuficiencia y oro refinado en fuego para la pobreza y tibieza, porque primero necesitas ver tu problema para luego cambiar y finalmente madurar. No obstante, el Testigo Fiel y Verdadero eligió el orden inverso. El hecho de que Cristo comience con el oro refinado en fuego, siga con las vestiduras blancas y termine con el colirio para los ojos, tiene una profunda importancia espiritual. Él no está usando una pedagogía de causa-efecto, sino una pedagogía de confrontación directa. Su intención es dar un golpe de realidad que sacuda y despierte a una iglesia dormida.
Jesús ha elegido comenzar precisamente en la causa del orgullo de la iglesia de Laodicea: la riqueza de sus obras. Primero, le dice que sus obras son pobres y tibias. Luego le dice que está desnuda y que es autosuficiente. Finalmente, le dice que vive autoengañada porque sus ojos espirituales están ciegos.
Pero, ¿qué significado espiritual tienen el "oro refinado en fuego", las "vestiduras blancas" y el "colirio para los ojos"? Examinemos el significado de estos símbolos en mayor profundidad a la luz de la Palabra de Dios.
Oro Refinado en Fuego
Cristo nos aconseja comprar oro refinado en fuego para sanar nuestra pobreza y tibieza espirituales para que seamos verdaderamente ricos. Jesús dice que somos pobres y tibios por el tipo de obras que producimos. Es decir, la calidad de nuestras obras es pobre y tibia. En consecuencia, nuestra riqueza espiritual es falsa. Como descubrimos anteriormente, nuestra falsa riqueza consiste en las obras pobres y tibias que producimos como iglesia. La biblia las define como "las obras de la ley". Como iglesia, estamos convencidos de que estamos produciendo las obras de la fe o el fruto del espíritu que agrada a Dios. Sin embargo, según Cristo, lo que estamos produciendo son las obras de la ley porque somos tibios. ¿Por qué somos tibios? Porque, por fuera nuestras obras parecen ser calientes. Pero por dentro, nuestras obras son completamente frías porque nacen de un corazón carnal vacío de Cristo (obras de la carne). Jesús está afuera, totalmente excluido de la vida de la iglesia. Es precisamente esta mezcla de aparentes obras calientes de la fe externas y obras frías de la carne internas, lo que genera la tibieza espiritual de la iglesia de Laodicea.
Según la Palabra de Dios y el espíritu de profecía, el oro refinado en fuego es la fe que obra por el amor y representa las obras de la fe o el fruto del Espíritu que la iglesia final debe llegar a producir antes de la gran prueba final y el fin de la gracia, las cuales deben ser de la máxima pureza o calidad.
"para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas". (1 Pedro 1:7-9)
"porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor". (Gálatas 5:6)
"La fe y el amor son el oro puro, o las verdaderas riquezas que el Testigo Fiel les aconseja a los tibios que compren. Por ricos que seamos en los tesoros terrenales, toda nuestra riqueza no nos habilita para comprar los preciosos remedios que curan esa enfermedad del alma que se llama tibieza. El intelecto y las riquezas terrenales eran impotentes para suprimir los defectos de la iglesia de Laodicea o para remediar su deplorable condición. Sus miembros eran ciegos, y sin embargo creían que nada les faltaba. El Espíritu de Dios no iluminaba sus mentes, y ellos no percibían su estado pecaminoso; por lo tanto, no sentían necesidad de ayuda". (1 Joyas de los Testimonios, p. 478)
"El oro probado en el fuego que se recomienda aquí, es la fe y el amor. Enriquece el corazón, porque se lo ha refinado hasta su máxima pureza, y cuanto más se lo prueba, tanto más resplandece. (1 Joyas de los Testimonios, p. 479)
Pero, ¿cómo son las obras de la fe o el fruto del Espíritu que la biblia describe como el “oro refinado en fuego”? Definitivamente, como iglesia, no hemos aprendido a distinguir entre las obras tibias de la ley y las obras calientes de la fe. Las confundimos. Nos urge conocer cual sea la calidad espiritual de las obras de la fe que son como el “oro refinado en fuego”. Solo cuando aprendamos a producirlas, tendremos verdadera riqueza espiritual. Concluimos que, primero necesitamos conocer la calidad de obras que Cristo exige a su iglesia de los últimos días. Luego, es indispensable conocer las condiciones para producirlas. Del consejo a Laodicea aprendemos que las condiciones son dos: las vestiduras blancas y el colirio para los ojos.
Según el texto de 1 Pedro 1:7-9, cuando Cristo regrese a la tierra (“cuando sea manifestado Jesucristo”) la iglesia deberá poseer el oro refinado en fuego, el cual es la fe que obra por el amor. Es decir, la iglesia final deberá estar produciendo las obras calientes de la fe cuando Cristo se manifieste en gloria y majestad. La fe del último remanente habrá sido probada durante el juicio de los vivos, la marca de la bestia y el tiempo de angustia de Jacob antes de la segunda venida de Cristo. Pero, para poder ser probada durante el juicio de los vivos y la marca de la bestia, antes del fin de la gracia, las obras calientes de la fe que obra por el amor deberán antes haber alcanzado el máximo grado de calidad, refinamiento y pureza. De lo contrario, nuestra fe no podrá superar estas pruebas. Esta condición implica la madurez espiritual plena, la victoria total sobre el pecado y la perfección de carácter, que se manifiestan en la obediencia genuina y estricta a todos los mandamientos de Dios.
Solo así estaremos listos para vivir sin la intercesión de Cristo en el santuario celestial después del fin de la gracia, porque no necesitaremos que Cristo perdone nuestros pecados. El pueblo de Dios habrá alcanzado la victoria total sobre la práctica del pecado antes del fin de la gracia cuando Cristo ya no interceda más por el perdón de los pecados. El oro refinado en fuego representa la obra de la purificación del lugar santísimo del santuario celestial, y nosotros somos la iglesia del lugar santísimo del santuario celestial. Solo cuando reflejemos el carácter perfecto de Cristo, estaremos listos para ser trasladados vivos al cielo sin ver la muerte.
“Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”. (Levítico 16:30)
“Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”. (Daniel 8:14)
“hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Efesios 4:13)
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. (Efesios 5:25-27)
Ahora, es muy importante señalar que la fe debe obrar por el amor. Esto quiere decir que las verdaderas obras de la fe deben estar siempre motivadas por un amor arraigado firmemente en Cristo. La biblia enseña que nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero. Por lo tanto, es necesario tener un conocimiento profundo del amor de Dios hacia nosotros, para que éste despierte y produzca en nosotros un amor verdadero. La máxima manifestación del amor de Dios se dio en el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario. Todos en la iglesia sabemos que Jesús murió para salvarnos. Pero, ¿conocemos la profundidad de la enseñanza bíblica sobre este acto de amor? ¿Conocemos el verdadero costo que el Padre y el Hijo tuvieron que pagar y el sufrimiento real que tuvieron que soportar por nuestra salvación? Solo cuando entendemos el sacrificio de amor supremo e infinito del Padre y el Hijo por nuestra salvación, nuestro corazón se quebranta y se enternece de tal manera que nace en nosotros un amor puro y un respeto profundo hacia Dios. De lo contrario, es imposible experimentar el amor de Dios en nuestras vidas. Para conocer más profundamente el tema del amor de Dios, le exhorto a seleccionar la sección de “Doctrina” y estudiar el tema titulado “Parte 2: La Base del Plan de Salvación”.
https://elultimoremanente.com/temas/parte-2-la-base-del-plan-de-salvacion
“para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”. (Efesios 3:17-19)
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)
“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él... Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. (1 Juan 4:16,19)
“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 8:35-39)
Por su valioso contenido espiritual, compartimos a continuación, un extracto de la serie de sermones: “El Mensaje del Tercer Ángel” presentado por A.T. Jones en 1893.
"Así pues, necesitamos oro purificado en fuego a fin de hacer frente a esas pruebas, ¿no es así? Necesitamos aquello que resistirá la prueba que ha de sobrevenir, tal como hemos aprendido ya. “Los que resisten en cada punto, que soportan cada prueba y vencen, a cualquier precio que sea, han escuchado el consejo del Testigo fiel y recibirán la lluvia tardía, y estarán preparados para la traslación” (1 Joyas de los Testimonios, p. 66). Hermanos, ¿no hay ahí un grandísimo ánimo al saber que es para eso, para que la lluvia tardía nos prepare para la traslación? Ahora, ¿dónde y cuándo ha de ser derramada la lluvia tardía? Ahora es el tiempo para la lluvia tardía, y ¿cuándo es el tiempo para el fuerte pregón? [Voz: ‘Ahora’]. ¿Para qué cosa nos ha de preparar? [Voz: ‘Para la traslación’]. Me anima grandemente el saber que las pruebas que nos da ahora el Señor, tienen por objeto prepararnos para la traslación. Y cuando él viene y nos habla a ti y a mí, es porque quiere trasladarnos. Pero no puede trasladar el pecado, ¿comprendéis? Por lo tanto, el único propósito que tiene al mostrarnos la profundidad y amplitud del pecado, es para poder salvarnos de él y trasladarnos. Así pues, ¿nos desanimaremos cuando él nos muestra nuestros pecados? No. Agradezcámosle que nos quiera trasladar, y lo quiere hasta tal punto, que desea que nos desembaracemos (liberemos) de nuestros pecados lo antes posible. Hermanos, creamos al Señor al pie de la letra, creámosle siempre".
"En El Camino a Cristo, p. 60 leemos que “la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor”. Así pues, cuando el testimonio nos habla de “fe y obediencia”, equivale a “la fe que obra por el amor”. Las expresiones “fe y obediencia”, o “fe y amor” que encontramos en el testimonio, significan lo mismo que la expresión de la Escritura: “la fe que obra por el amor”. Son formas distintas de referirse a la misma fe genuina, espiritual, pues en Cristo Jesús “lo que vale es la fe que obra por el amor”.
"La obediencia es un servicio de amor, y Jesús nos invita a comprar de él oro afinado en fuego, que es fe y amor, el tipo de fe que obra por el amor, o lo que es equivalente: la fe genuina. ¿Qué es lo que ha de ser sometido a la dura prueba del fuego? Vuestra fe, que es más preciosa que el oro, aunque sea refinado en fuego. Y tenemos el testimonio: “¡Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios” ¿y tienen fe en Jesús? ¿Es eso lo que dice? No; “tienen” no está en el texto. “Guardan los mandamientos de Dios y [guardan] la fe de Jesús”. Ese es el artículo genuino: Se trata de la fe que resistió en él la prueba. Es una fe que ha soportado toda prueba de fuego que Satanás conozca, y todo el poder del que Satanás es capaz, habiendo obtenido la más absoluta victoria sobre él. Entonces, Jesús viene a nosotros y nos dice: ‘Compra de mí esa fe que resistió la prueba, “oro refinado en fuego”’. ¿Acaso no es eso mismo lo que leemos en esta otra Escritura? “Haya pues en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús".
"Cuando en mí hay el mismo sentir, la misma mente que hubo en él, ¿acaso no hará en mí lo que hizo en él? ¿Con qué servimos a la ley de Dios? “Con la mente sirvo a la ley de Dios” (Romanos 7:25). Cuando Cristo estuvo en este mundo, sirvió a la ley de Dios continuamente. ¿Cómo lo hizo? Con la mente. ¿Mediante qué proceso de la mente lo realizó? Por la fe. ¿No nos está diciendo acaso a ti y a mí que le compremos esa fe que él tuvo? ¿Acaso no guardó la fe de Cristo los mandamientos de Dios, perfecta y continuamente? ¿No es precisamente esa la fe que obra por el amor? El amor es el cumplimiento de la ley. ¿Acaso no se trata del mensaje del tercer ángel, cuando dice: ‘Ven y compra de mí oro refinado en fuego (fe y amor) y vestidos blancos (justicia de Cristo) para cubrir la vergüenza de tu desnudez’? Vemos pues que la mente que hubo en Cristo, resistirá hoy todas las pruebas que este mundo pueda traer. ¿No es acaso la mente de Cristo la misma ayer, hoy y por los siglos? (Hebreos 13:8). ¿Tendrá la mente de Cristo un resultado en mí, o en cualquier otro, diferente del que tuvo en él? No. ¿Cuál fue la mente de Cristo? [Voz: ‘La mente de Dios’]. Dios fue en él en la carne".
"¿Cómo compraremos? Leamos Isaías 55:1: “Todos los sedientos”. Hermanos, ¿no nos ha dejado sedientos lo que el Señor nos ha dicho en los últimos pocos días? Algunos han venido a mí y me han hablado: estaban pereciendo de sed. Por lo tanto, esas palabras son para vosotros y para mí. “¡Todos los sedientos, venid a las aguas!” “Venid, comprad”. (A.T. Jones, El Mensaje del Tercer Ángel, Boletín Diario de la Conferencia General del 26 de febrero de 1893, p. 399-405)
Después de conocer más profundamente el significado del “oro refinado en fuego”, la pregunta es, ¿estamos produciendo la calidad y pureza de las obras de la fe que Cristo nos exige como iglesia del lugar santísimo, que vive justo antes del fin del mundo? Si somos honestos con Cristo y nosotros mismos, la respuesta es un rotundo y resonante NO. Ahora mismo, estamos muy lejos de alcanzar el ideal espiritual que Cristo tiene para su iglesia final. Las causas principales de nuestra pobreza espiritual (tibieza) son la autosuficiencia (desnudez) y autoengaño (ceguera). No obstante, hay una solución. Cristo nos aconseja comprar vestiduras blancas para cubrir nuestra desnudez (autosuficiencia) y colirio para sanar nuestra ceguera (autoengaño). Estas son las dos condiciones para que la iglesia pueda generar la verdadera riqueza espiritual (oro refinado en fuego). A continuación estudiaremos la segunda parte del consejo de Cristo: comprar las vestiduras blancas para cubrir la desnudez y sanar la autosuficiencia.
Vestiduras Blancas
Cristo aconseja a la iglesia comprar vestiduras blancas para cubrir la vergüenza de su desnudez y sanar la enfermedad de la autosuficiencia. Las vestiduras blancas representan la justicia de Cristo imputada e impartida. La única manera de poseer el oro refinado en fuego, la fe genuina que obra por el amor, es a través de la justicia imputada e impartida de Cristo. Es decir, solo cuando estemos cubiertos con el manto de la justicia de Cristo, podremos producir la pureza y calidad de obras que Dios requiere de su pueblo en este tiempo final. Estas son las obras calientes de la fe o el fruto del espíritu, las cuales se manifiestan en una obediencia perfecta a la santa ley de Dios.
"Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos". (Apocalipsis 19:8)
"En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas". (Isaías 61:10)
"En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra". (Jeremías 23:6)
"Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención". (1 Corintios 1:30)
Ahora bien, es imposible apropiarnos del manto de justicia de Cristo sin conocer claramente y obedecer estrictamente el “mensaje de la justificación por la fe”. Dicho mensaje es el corazón del mensaje a la iglesia de Laodicea y el mensaje de los tres ángeles. Asimismo, este mensaje es el centro del evangelio eterno, el nuevo pacto, el santuario, la profecía y la verdad presente. Ahora bien, es imposible comprender el mensaje de la justificación por la fe en toda su profundidad a menos que se estudie a la luz de las dos grandes fases del proceso de la salvación: la objetiva y la subjetiva. A su vez, la salvación objetiva y subjetiva deben ser estudiadas a la luz de los principios de la creación y salvación corporativas de la humanidad en Cristo, el segundo Adán.
La pureza, belleza y profundidad del mensaje de la justificación por la fe son de tal magnitud que resulta imposible agotarlo en un solo estudio. Para no quedarnos con una simple vislumbre de este preciosísimo mensaje, aconsejo al amable lector estudiar detenidamente el material que se encuentra en esta plataforma en la categoría "El Plan de Salvación" y el tema titulado: "El Mensaje de Salvación Resumido".
https://elultimoremanente.com/temas/el-mensaje-de-salvacion-resumido
Al terminar de estudiar dicho material, le exhortamos a seleccionar la categoría "Doctrina" y escudriñar el tema titulado: "Parte 3: El Método del plan de salvación". Para entender el “mensaje de la justificación por la fe” es clave estudiar el material recomendado.
https://elultimoremanente.com/temas/parte-3-el-metodo-del-plan-de-salvacion
En esencia, el mensaje de la justificación por la fe enseña que toda la humanidad caída en pecado, desde Adán hasta el último ser humano en nacer en este mundo, ha sido plenamente redimida (justificada, santificada y glorificada) en Cristo, el segundo Adán. Esta salvación fue completada durante el ministerio terrenal de Cristo, en su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Esta salvación fue diseñada, planificada y realizada en su totalidad por Dios Padre, en su Hijo Jesucristo, sin que el hombre haya tenido participación ni contribución alguna. Se trata de una salvación objetiva, incondicional y absoluta, cuya validez, no depende de la voluntad ni la fe del hombre.
Entonces, si toda la raza humana ya ha sido plenamente redimida (justificada, santificada y glorificada) en Cristo, ¿por qué estamos todavía en esta tierra en una condición pecaminosa? Esta pregunta es muy válida y su respuesta, de vital importancia. La Palabra de Dios nos da cuatro razones principales. Primero, la salvación requiere el libre ejercicio de la voluntad humana. Segundo, la salvación es un regalo que demanda ser aceptado o rechazado. Tercero, la salvación requiere de un proceso de desarrollo continuo en la vida del ser humano. Cuarto, el plan de salvación exige un tiempo definido para alcanzar sus objetivos finales: erradicar definitivamente el pecado y los pecadores y restaurar la paz y armonía universales.
En consecuencia, cuando el hombre conoce, acepta y obedece las buenas nuevas de la salvación, entonces Dios activa en el creyente, la salvación plena previamente obtenida en Cristo. Dios imputa (acredita) e imparte (desarrolla) la justificación, santificación y glorificación gratuitamente en la vida de sus hijos por medio de la fe en Cristo. Esta segunda fase de la salvación, la conocemos como la salvación subjetiva, y depende de la voluntad y respuesta de fe del creyente.
Como podemos ver, mis queridos hermanos, el mensaje de la justificación por la fe enseña que todo el proceso de la salvación es completamente gratuito. La justificación, santificación y glorificación (redención) son todos dones inmerecidos de la gracia y amor infinitos de Dios hacia el hombre. De principio a fin, en todo el proceso de la salvación, la parte de Dios es hacer todo y la parte del hombre es creer que Dios hace todo. De principio a fin, la parte del creyente es depender y confiar en el poder de Dios para salvarlo plenamente de la culpabilidad y condenación del pecado, del dominio y la práctica del pecado y de la naturaleza y presencia del pecado.
Por lo tanto, el creyente no debe enfocar sus esfuerzos en tratar de hacer buenas obras, en obedecer los diez mandamientos de la ley de Dios o en tratar de vencer el pecado, las pruebas y las tentaciones, sino que debe esforzarse en depender totalmente del poder de Dios por medio de la fe. Es el bendito privilegio de cada creyente, depender continuamente de la promesa de salvación de Dios. La vida cristiana no consiste en un esfuerzo directo por obedecer los mandamientos de Dios, sino en aprender a tener a Jesús en el corazón continuamente, para que sea Cristo quien obedezca la ley en su vida. La “fórmula secreta” de la vida cristiana es "no yo, sino Cristo". Todo lo que nosotros hacemos aparte de Cristo, puede ser bueno por fuera, pero por dentro es malo porque está manchado por el egoísmo del pecado de nuestra naturaleza carnal.
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". (Gálatas 2:20)
"Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;" (1 Corintios 1:30)
"estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;". (Filipenses 1:6)
"porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad". (Filipenses 2:13)
“La justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo; la segunda, nuestra idoneidad para el cielo.” (Review and Herald, 4 de junio de 1895)
“Aunque no habían sido transgresores abiertos, se vieron a sí mismos depravados y degradados de corazón. Habían reemplazado al Padre celestial por otros dioses. Habían luchado por abstenerse de pecado, pero habían confiado en su propia fuerza. Debemos ir a Jesús tales como somos, confesar nuestros pecados y arrojar nuestras almas impotentes sobre nuestro compasivo Redentor”. (The Review and Herald, 5 de marzo de 1889)
“Hubo muchos que testificaron de que al presentarse las verdades escrutadoras, habían sido convencidos de que eran pecadores a la luz de la ley. Habían estado confiando en su propia justicia. Ahora la vieron como trapos de inmundicia, en comparación con la justicia de Cristo que es la única que Dios puede aceptar”. (3 Mensajes Selectos, p. 207)
Como podemos apreciar, las instrucciones específicas del glorioso plan de salvación contenidas en el mensaje de la justificación por la fe son esenciales para poder experimentar el poder del evangelio en nuestra vida. Si no sabemos cómo cooperar con Dios en su maravilloso plan de salvación, jamás podremos producir “las obras de la fe" o "el fruto del Espíritu". Nos quedaremos atrapados en el estado "laodicense", y eventualmente moriremos eternamente.
Por lo visto, el problema de nuestra iglesia es mucho más profundo y serio de lo que pensamos. Siendo honestos, los métodos que hemos utilizado en la iglesia hasta ahora, no han generado los resultados espirituales deseados. Esto se debe en gran medida a las ideas equivocadas que tenemos sobre el mensaje de la justificación por la fe y el método que Dios emplea para salvar al hombre del pecado. La luz y el conocimiento que tenemos sobre el tema es confuso, superficial o insuficiente. El resultado es que no tenemos una conexión viva con Cristo. Por lo tanto, ninguna de las reuniones, actividades o programas de ayuno, oración y reavivamiento espiritual tendrá el efecto deseado. Un conocimiento equivocado del consejo a la iglesia de Laodicea en lo que respecta a "las vestiduras blancas", provoca que nuestras creencias, ideas, hábitos, prácticas y métodos estén destinados al fracaso.
Considera esta sorprendente declaración del espíritu de profecía acerca de nuestro conocimiento insuficiente del tema de la justificación por la fe.
“Se me ha mostrado que se ha estado perdiendo mucho tiempo en detallar ideas minuciosas que no tienen fuerza y que no guían las almas a la Fuente de luz y poder. Un hilo de verdad ha sido presentado por un hombre, otro hilo por otro, pero el tema de la justificación por la fe no ha sido comprendido plenamente, ni se le ha dado la preeminencia que merece”. — Elena de White, Manuscrito 21, 1891 (Fe y Obras, pág. 60).
Veamos qué más tiene el espíritu de profecía para decirnos en cuanto a las vestiduras blancas y el mensaje de la justificación por la fe.
“Varios me han escrito preguntándome si el mensaje de la justificación por la fe es el mensaje del tercer ángel, y he contestado: ‘Es el mensaje del tercer ángel en verdad’”. — (Eventos de los Últimos Días, pág. 171).
“La vestidura blanca es la pureza de carácter, la justicia de Cristo impartida al pecador. Es a la verdad una vestidura de tejido celestial, que puede comprarse únicamente de Cristo, para una vida de obediencia voluntaria”. (1 Joyas de los Testimonios, p. 479)
“Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente. ‘Yo te amonesto—dice él—que de mí compres ... vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez". (La Fe por la cual Vivo, p. 115)
“Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartirnos a nosotros este carácter. ‘Como trapos asquerosos son todas nuestras justicias.’ Todo cuanto podamos hacer por nosotros mismos está manchado por el pecado. Pero el Hijo de Dios ‘apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.’ Se define el pecado como la ‘transgresión de la ley". (La Fe por la cual Vivo, p. 115)
“Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová". (La Fe por la cual Vivo, p. 115)
“Si queréis salir incólumes del tiempo de angustia, debéis conocer a Cristo y apropiaros del don de su justicia, la cual imputa al pecador arrepentido”. (The Review and Herald, 22 de noviembre de 1892)
“El mensaje presente, la justificación por la fe, es un mensaje de Dios. Lleva las credenciales divinas porque su fruto es para santidad. Tememos que algunos que necesitan grandemente la preciosa verdad que fue presentada ante ellos, no hayan recibido su beneficio. No abrieron la puerta de su corazón a Jesús para darle la bienvenida como a un huésped celestial y han sufrido una gran pérdida. Ciertamente, hay un sendero estrecho por el que debemos caminar; la cruz se presenta en cada paso. Debemos aprender a vivir por fe. Entonces las horas más oscuras serán iluminadas por los benditos rayos del Sol de justicia. (1 Mensajes Selectos, p. 421
Colirio para los Ojos
Cristo aconseja a la iglesia comprar colirio para sanar la ceguera espiritual y el autoengaño. El colirio es la capacidad de discernir la verdad y ver la realidad de nuestra condición según Dios. Es imposible darnos cuenta de nuestra desnudez y autosuficiencia si somos ciegos espiritualmente y vivimos autoengañados. Nunca sentiremos la necesidad de las vestiduras blancas de la justicia de Cristo a menos que nos apropiemos del colirio que Jesús nos ofrece. Y si no tenemos las vestiduras blancas de la justicia de Cristo, tampoco podremos tener el oro refinado en fuego. El no tener el colirio celestial, genera un efecto dominó negativo en la vida espiritual del pueblo de Dios del tiempo final.
En el contexto de los últimos días, el colirio representa la luz adicional o el desarrollo de la verdad de las Escrituras que Dios ha prometido a su pueblo a través del derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia temprana y tardía. Esta luz es derramada de forma abundante y creciente hasta llegar a su plenitud antes del fin de la gracia, y tiene como propósito abrir los ojos de la iglesia por medio del discernimiento espiritual y despertarla del autoengaño. Los medios que el Padre Celestial utiliza para darnos el colirio, son la Palabra de Dios y el Espíritu Santo.
El Colirio de Palabra de Dios
"Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. (Salmo 19:8)
"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)
"Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece". (Juan 9:39-41)
"Hay generación limpia en su propia opinión, si bien no se ha limpiado de su inmundicia. (Proverbios 30:12)
El colirio del Espíritu Santo
"para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales". (Efesios 1:17-20)
"Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. (1 Juan 2:20)
“Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados”. (1 Juan 2:27,28)
“El colirio es aquella sabiduría y gracia que nos habilitan para discernir entre lo malo y lo bueno, y para reconocer el pecado bajo cualquier disfraz. Dios ha dado a su iglesia ojos que él quiere que sean ungidos con sabiduría para que vean claramente; pero muchos sacarían los ojos de la iglesia si pudiesen, porque no quieren que sus obras salgan a luz, no sea que resulten reprendidos. El colirio divino impartirá claridad al entendimiento. Cristo es el depositario de todas las gracias. El dice: “Yo te amonesto que de mí compres". (1 Joyas de los Testimonios, p. 479)
"El no poseer las gracias del Espíritu es triste en verdad; pero es una condición aun más terrible hallarnos así destituidos de la espiritualidad y de Cristo y, sin embargo, tratar de justificarnos diciendo a aquellos que se alarman por nosotros que no necesitamos sus temores y compasión. ¡Terrible es el poder del engaño en la mente humana! ¡Qué ceguera la que pone la luz en lugar de las tinieblas y las tinieblas en lugar de la luz! El Testigo Fiel nos aconseja que compremos de él oro afinado en el fuego, vestiduras blancas y colirio". (1 Joyas de los Testimonios, p. 478)
"Los hijos de Dios deben ser conductos para la manifestación de la más elevada influencia del universo. En la visión de Zacarías, se nos presentan dos olivos que están delante de Dios de los cuales fluye el áureo aceite por tubos de oro hacia el depósito del santuario. Este aceite alimenta las lámparas del santuario, para que emitan de manera continua una luz brillante y resplandeciente. Así también mediante los santos ungidos que están en la presencia de Dios se imparte a su pueblo la plenitud de la luz divina, del amor y del poder, para que puedan comunicar a sus semejantes luz, gozo y refrigerio. Deben ser como conductos mediante los cuales los instrumentos divinos comuniquen al mundo la corriente del amor de Dios". (6 Testimonios para la Iglesia, p. 21-22, 1900)
Reiteramos, es imposible obtener las vestiduras blancas y el oro refinado en fuego a menos que recibamos el colirio celestial. Sin el colirio de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, no podremos tener la debida preparación espiritual, el cual debe manifestarse en un reavivamiento y reforma verdaderos. No estaremos preparados para enfrentar el zarandeo final de la iglesia, el juicio de los vivos, la marca de la bestia y el sellamiento. Nunca podremos liberarnos de la condición Laodicense y formar parte de la iglesia de Filadelfia, el cual es el remanente final - la iglesia de los 144,000 sellados.
Los profetas, apóstoles, Jesús mismo y el don profético del tiempo del fin, todos a una sola voz, han profetizado el derramamiento del colirio celestial en nuestros días. En la actualidad, el Cielo está derramando abundante y creciente luz adicional procedente de la Palabra de Dios a través del Espíritu Santo en la lluvia temprana y tardía. Esto es posible gracias a que el derramamiento de la luz de la verdad es progresiva. Las verdades especiales para nuestro tiempo son conocidas en la biblia y el espíritu de profecía como “la verdad presente”.
“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad; No saben en qué tropiezan”. (Proverbios 4:18)
“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”. (Oseas 6:3)
“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar”. (Juan 16:12)
“Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente”. (2 Pedro 1:12)
“No debemos pensar: “Bien, tenemos toda la verdad, comprendemos los pilares fundamentales de nuestra fe, y podemos descansar sobre este conocimiento”. La verdad es progresiva y debemos caminar en su luz creciente”. (El Otro Poder, p. 33)
"Pero la Reforma no terminó con Lutero, como muchos lo suponen. Debe continuar hasta el fin de la historia del mundo. Lutero tuvo una gran obra que hacer al reflejar a otros la luz que Dios había hecho brillar sobre él; pero él no recibió toda la luz que debía ser dada al mundo. Desde aquel tiempo hasta hoy, se han ido desarrollando constantemente nuevas verdades bíblicas." (La Historia de la Redención, p. 367)
"Son muchas las preciosas verdades que contiene la Palabra de Dios, pero es ‘la verdad presente’ lo que el rebaño necesita ahora." (Primeros Escritos, p. 63)
A continuación, consideremos los claros testimonios de la biblia y el espíritu de profecía acerca de la luz adicional que Dios ha prometido a su pueblo de los últimos días:
“Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria”. (Apocalipsis 18:1)
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”. Habacuc 2:14)
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento”. (Isaías 60:1,2)
“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir”. (Juan 16:13)
“Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”. (Joel 2:23,24,28,29)
Actualmente, Dios está cumpliendo su promesa de enviar abundante luz adicional y creciente procedente de las Sagradas Escrituras y el Espíritu Santo sobre verdades especiales para nuestro tiempo tales como: la Palabra de Dios, el plan de salvación, el mensaje de la justificación por la fe, el evangelio de justicia, la ley de Dios, el verdadero séptimo día sábado, la marca de la bestia, el sello de Dios, la purificación del santuario celestial, las profecías de Daniel y Apocalipsis y la Deidad, entre otros.
Luz Adicional y Creciente sobre la Verdad de la Palabra de Dios
“Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria”. (Apocalipsis 18:1)
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”. Habacuc 2:14)
“Es un hecho que tenemos la verdad y debemos aferrarnos con tenacidad a las posiciones que no pueden ser removidas. Pero no por eso debemos mirar con sospecha cualquier nueva luz que Dios pueda enviarnos y decir: “Realmente no necesitamos más luz que las viejas verdades que hemos recibido hasta ahora, sobre las que descansamos”. Mientras nos aferremos a esta posición, el testimonio del Testigo fiel nos aplica su reprensión: “Y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. (Apocalipsis 3:17). Los que se sienten ricos y no sienten necesidad de nada, están ciegos con respecto a su verdadera condición frente a Dios, y no lo saben. (The Review and Herald, 7 de agosto de 1894).
Luz Adicional y Creciente sobre la Verdad del Plan de Salvación
“Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria”. (Apocalipsis 18:1)
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”. Habacuc 2:14)
“No estaremos seguros si dejamos de escudriñar las Escrituras diariamente en procura de luz y conocimiento. Las bendiciones terrenales no pueden ser obtenidas sin esfuerzo, y ¿podemos esperar que las bendiciones espirituales y celestiales vendrán sin que haya un esfuerzo ferviente de nuestra parte? Han de ser trabajadas las minas de la verdad. Dice el salmista: “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”. Salmos 119:130. La Palabra de Dios no debe ser mantenida lejos de nuestra vida. Debe ser recibida en la mente, debe dársele la bienvenida en el corazón y debe ser albergada, amada y obedecida. También necesitamos mucho más conocimiento. Necesitamos ser iluminados acerca del plan de salvación. No hay uno en cien que entienda por sí mismo la verdad bíblica sobre este tema que es tan necesario para nuestro bienestar presente y eterno. Cuando comienza a brillar la luz para hacer claro el plan de la redención a la gente, el enemigo obra con toda diligencia para que la luz sea apartada del corazón de los hombres. Si nos acercamos a la Palabra de Dios con un espíritu dócil y humilde, será barrida la escoria del error, y las gemas de la verdad, largo tiempo ocultas de nuestros ojos, serán descubiertas. (1 Mensajes Selectos, p. 421)
Luz Adicional y Creciente sobre la Verdad del Mensaje de la justificación por la fe
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra”. (Jeremías 23:5-6)
“Se me ha mostrado que se ha estado perdiendo mucho tiempo en detallar ideas minuciosas que no tienen fuerza y que no guían las almas a la Fuente de luz y poder. Un hilo de verdad ha sido presentado por un hombre, otro hilo por otro, pero el tema de la justificación por la fe no ha sido comprendido plenamente, ni se le ha dado la preeminencia que merece”. — Elena de White, Manuscrito 21, 1891 (Fe y Obras, pág. 60).
Luz Adicional y Creciente sobre la Verdad de la Ley de Dios y el Evangelio de Justicia
“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”. (Apocalipsis 11:19)
“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo...” (Apocalipsis 14:6)
“Dijo mi guía: “Hay mucha luz que todavía debe brillar de la ley de Dios y del evangelio de justicia. Este mensaje, comprendido en su verdadero carácter, y proclamado con el Espíritu, iluminará la tierra con su gloria. La gran pregunta decisiva debe ser presentada delante de todas las naciones, lenguas y pueblos. La obra final del mensaje del tercer ángel será acompañada con un poder que enviará los rayos del Sol de Justicia por todos los caminos y senderos de la vida, y se harán decisiones para Dios como supremo Gobernante; su ley será considerada como la regla de su gobierno”. (Review and Herald, 27 de mayo de 1890)
Luz Adicional y Creciente sobre el Verdadero Séptimo Día Sábado del Calendario Lunisolar de la Biblia
“Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo”. (Daniel 7:25)
“Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado”. (Isaías 58:12-14)
"Dentro del arca estaba el vaso de oro con el maná, la florida vara de Aarón y las tablas de piedra, que se plegaban la una sobre la otra como las hojas de un libro. Abriólas Jesús, y vi en ellas los diez mandamientos escritos por el dedo de Dios. En una tabla había cuatro, y en la otra seis. Los cuatro de la primera brillaban más que los otros seis. Pero el cuarto, el mandamiento del sábado, brillaba más que todos, porque el sábado fué puesto aparte para que se lo guardase en honor del santo nombre de Dios. El santo sábado resplandecía, rodeado de un nimbo de gloria... Vi que Dios tenía hijos que no reconocen ni guardan el sábado. No han rechazado la luz referente a él. Y al empezar el tiempo de angustia, fuimos henchidos del Espíritu Santo, cuando salimos a proclamar más plenamente el sábado. Esto enfureció las otras iglesias y a los adventistas nominales, pues no podían refutar la verdad sabática, y entonces todos los escogidos de Dios, comprendiendo claramente que poseíamos la verdad, salieron y sufrieron la persecución con nosotros. (Primeros Escritos, p. 32,33, 1847)
Luz Adicional y Creciente sobre la Verdad del Sello de Dios y la Marca de la Bestia
“Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel”. (Apocalipsis 7:2-4)
“Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”. (Apocalipsis 13:16-17)
“Esta es nuestra obra. La luz que poseemos acerca del mensaje del tercer ángel, es luz verdadera. La marca de la bestia es exactamente lo que se ha dicho que es. No todo lo que concierne a este asunto se comprende plenamente, y no se comprenderá hasta que se despliegue el rollo; pero en nuestro mundo debe realizarse una obra muy solemne. El mandamiento que Dios da a su siervo es: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado” (Isaías 58:1). Debe proclamarse un mensaje que despierte a las iglesias. Debe realizarse todo esfuerzo para dar la luz, no sólo a nuestro pueblo, sino también al mundo. Se me ha instruido que las profecías de Daniel y Apocalipsis debieran imprimirse en libros de tamaño reducido, con las explicaciones necesarias, y debieran enviarse a todo el mundo. Nuestro propio pueblo necesita que se ponga ante ellos la verdad con toda claridad.” (6 Testimonios para la Iglesia, p. 17, 1900)
Luz Adicional y Creciente sobre la Verdad de las Profecías de la Biblia
“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”. (Daniel 12:4)
“Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre. Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes”. (Apocalipsis 10:10-11)
"Hay verdades de la Palabra de Dios que aun están ocultas tras el velo, pero que han de ser reveladas a medida que el rollo de la Providencia se abra. Dios tiene luz para su pueblo y todos los que acepten la luz que se les ha dado, recibirán más luz". (Manuscrito 31, 1890)
"Nuestros mismos hermanos necesitan que se les presente la luz con más claridad... Los que comen la carne y beben la sangre del Hijo de Dios sacarán de los libros de Daniel y el Apocalipsis la verdad inspirada por el Espíritu Santo. Pondrán en marcha fuerzas que no puedan ser reprimidas... Muchas de las profecías están por cumplirse en rápido orden sucesivo". (Testimonios para los Ministros, p. 116-117)
“Cualquiera sea el alcance intelectual del hombre, no crea ni por un instante que no necesita escudriñar cabalmente de continuo las Escrituras para obtener mayor luz. Como pueblo somos llamados individualmente a ser estudiantes de la profecía. Debemos velar con fervor para discernir cualquier rayo de luz que Dios nos presente. Debemos notar los primeros resplandores de la verdad y, estudiando con oración, podremos obtener una luz más clara, que podrá presentarse a otros”. (El Otro Poder, p. 41)
Luz Adicional y Creciente sobre la Verdad de la Deidad (El Padre y el Hijo)
“ Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. (Juan 17:3)
“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre”. (1 Juan 2:22-23)
"No os engañéis; muchos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios. Tenemos ahora ante nosotros el alfa de ese peligro. La omega será de una naturaleza muchísimo más sorprendente". (Mensajes Selectos, Tomo 1, p. 231).
"En el libro 'The Living Temple' se presenta el alfa de herejías mortíferas. La omega seguirá y será recibida por aquellos que no están dispuestos a prestar atención a la amonestación que Dios ha dado". (Mensajes Selectos, Tomo 1, p. 234).
"Él [Kellogg] me dijo que en los últimos días había estado pensando mucho sobre este tema, y que veía que había cometido un error al decir lo que dijo en el libro... Me confesó que ahora creía en Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo; y que su punto de vista era que era Dios el Espíritu Santo el que llenaba todo el espacio y toda la creación viva".(Arthur G. Daniells, Carta a Willie White, 29 de octubre de 1903
"Hasta donde puedo profundizar, la dificultad que se encuentra en 'The Living Temple' puede resumirse enteramente en esta pregunta: ¿Es el Espíritu Santo una persona? Tú dices que no. Yo había supuesto que la Biblia decía que sí por la razón de que se usa el pronombre personal 'él' al hablar del Espíritu Santo. La hermana White usa el pronombre 'él' y ha dicho con tantas palabras que el Espíritu Santo es la tercera persona de la deidad. Cómo el Espíritu Santo puede ser la tercera persona y no ser una persona en absoluto, es algo difícil de ver para mí". (Carta de Kellog a George Butler, 28 de octubre de 1903)
Luz Adicional y Creciente sobre la Verdad de la Purificación del Santuario Celestial
“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”. (Apocalipsis 11:19)
“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”. (Daniel 12:4)
“Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”. (Daniel 8:14)
“Se levantarán hombres que introducirán teorías que no tienen base en la Palabra de Dios. Ellos intentarán socavar la fe en el ministerio de Cristo en el santuario celestial. Me fue mostrado que el enemigo está obrando efectivamente para desestabilizar la mente de nuestro pueblo respecto a la purificación del santuario, la cual es nuestra verdad presente”. (Elena White, Carta 208, 1906)
Desarrollo La Conexión entre Laodicea, Filadelfia y las Diez Vírgenes
La parábola de las diez vírgenes es una ilustración que nos ayuda a entender mejor lo que hemos estudiado acerca del mensaje a la iglesia de Laodicea. En este estudio veremos que el aceite extra o adicional que las cinco vírgenes prudentes tenían, representa el colirio celestial que Cristo ofrece en su consejo a Laodicea. Sin el colirio espiritual, es imposible comprar las vestiduras blancas y el oro refinado en fuego. Sin el aceite adicional, es imposible tener el combustible que se necesita para encender las lámparas en la oscuridad de la medianoche. Leamos la parábola de “Las Diez Vírgenes” en Mateo 25:1-13.
“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”. (Mateo 25:1-13)
La parábola de “Las Diez Vírgenes” dicha por Cristo mismo, es una historia que ilustra perfectamente la experiencia de la iglesia durante la gran prueba final, precisamente antes de la segunda venida de Cristo y el fin del mundo. Así lo manifiesta el don profético de nuestro tiempo.
“Mientras Cristo estaba sentado mirando el grupo que esperaba al esposo, contó a sus discípulos la historia de las diez vírgenes, para ilustrar con ese suceso la experiencia de la iglesia que viviría precisamente antes de su segunda venida”. (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 336)
“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes”. Aquí se presenta a la iglesia que vive en los últimos días la misma enseñanza de que se habla al fin del capítulo 24. Lo que ella experimenta se ilustra con las particularidades de un casamiento Oriental”. (El Conflicto de los Siglos, p. 391)
“Las diez vírgenes están esperando en el atardecer de la historia de esta tierra. Todas aseveran ser cristianas. Todas han recibido un llamamiento, tienen un nombre y una lámpara: todas profesan estar realizando el servicio de Dios. Aparentemente todas esperan la aparición de Cristo. Pero cinco no están listas. Cinco quedarán sorprendidas y espantadas fuera de la sala del banquete”. (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 340)
“Ambas clases fueron tomadas desprevenidas; pero una estaba preparada para la emergencia, y la otra fue hallada sin preparación. Así también hoy en día, una calamidad repentina e inesperada, algo que pone al alma cara a cara con la muerte, demostrará si uno tiene verdadera fe en las promesas de Dios. Mostrará si el alma es sostenida por la gracia. La gran prueba final viene a la terminación del tiempo de gracia, cuando será demasiado tarde para que la necesidad del alma sea suplida”. (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 340)
Cuando realizamos la conexión entre Laodicea, Filadelfia y la parábola de las Diez Vírgenes, los resultados son verdaderamente sorprendentes y provechosos. La iglesia de Laodicea es representada, en primera instancia, por la totalidad de las diez vírgenes; y luego, en segunda instancia, Laodicea es representada por las cinco vírgenes insensatas. En cambio, la iglesia de Filadelfia es representada por las cinco vírgenes prudentes.
“El Clamor de la Medianoche”, sostenida por la Palabra de Dios e impartida por el testimonio del Espíritu Santo, simboliza la predicación del mensaje a la iglesia de Laodicea. Sin duda alguna, la medianoche es un símbolo de las densas tinieblas de la mayor apostasía religiosa de la historia del mundo provocada por la marca de la bestia. La biblia se refiere a dicha gran apostasía como “la abominación desoladora”. Esta se cumplirá cuando la iglesia y el estado se unan para imponer un falso día de adoración a Dios.
Ahora bien, según la biblia y el espíritu de profecía en el libro “El Conflicto de los Siglos”, el clamor de la medianoche tiene un doble cumplimiento profético. Su primer cumplimiento ocurrió en el verano de 1844, al final de la profecía de los 2,300 años. El segundo cumplimiento sucederá justo antes de la segunda venida de Jesús y el fin del mundo. Hay varios paralelismos que podemos sacar de ambos cumplimientos que nos dejan lecciones espirituales muy valiosas.
Así como “El Clamor de la Medianoche” ocurrido en el verano de 1844 sirvió para despertar a la iglesia del letargo espiritual, prepararla para recibir más luz procedente del Lugar Santísimo del santuario celestial y capacitarla para la proclamación del mensaje de los tres ángeles; de igual manera hoy día, “El Mensaje a la Iglesia de Laodicea” tiene como propósito despertar al pueblo de Dios del letargo espiritual, prepararla para recibir más luz proveniente del cielo que la capacite para proclamar el mensaje de los tres ángeles y el fuerte clamor (pregón). En el verano de 1844, el clamor de la medianoche preparó a la iglesia para el comienzo del juicio investigador de los muertos; actualmente, el mensaje a Laodicea tiene como propósito preparar a la iglesia para el comienzo del juicio investigador de los vivos, la gran prueba final y el sellamiento de los 144,000.
Así como el clamor de la medianoche provocó la separación de las diez vírgenes (las cinco prudentes y las cinco insensatas); de la misma manera, la proclamación del mensaje a la iglesia de Laodicea provocará una separación entre los miembros del pueblo de Dios de los últimos días. Conocemos esta separación como el zarandeo final del pueblo de Dios. Al respecto, el espíritu de profecía nos dice lo siguiente:
"El 20 de noviembre de 1857 me fue mostrado el pueblo de Dios, y lo vi poderosamente sacudido... Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el directo testimonio que exige el consejo del testigo fiel a la iglesia de Laodicea. Tendrá este consejo efecto en el corazón de quien lo reciba y le inducirá a ensalzar la norma y expresar claramente la verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él. Esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios. El testimonio del testigo no ha sido escuchado. El solemne testimonio, del cual depende el destino de la iglesia, ha sido tenido en poca estima, cuando no se lo ignoró por completo. Este testimonio ha de mover a profundo arrepentimiento, y todos los que lo reciban sinceramente, le obedecerán y serán purificados". (1 Testimonios para la Iglesia, págs. 166-168)
"Las iglesias en general cerraron sus puertas a este mensaje, y muchos de los que lo aceptaron se separaron de sus congregaciones”. (El Conflicto de los Siglos, p. 399)
“No fueron los de mayor talento, sino los más humildes y piadosos, los que oyeron y obedecieron primero al llamamiento”. (El Conflicto de los Siglos, p. 354)
“Como los aguaceros que caen en tierra sedienta, el Espíritu de gracia descendió sobre los que le buscaban con sinceridad”. (El Conflicto de los Siglos, p. 399)
La iglesia se dividirá en dos grupos: los que acepten y obedezcan el consejo de Cristo a la iglesia de Laodicea y los que lo rechacen. Aquellos que obedezcan el consejo de Cristo son las cinco vírgenes prudentes que integrarán la iglesia de Filadelfia, el remanente final - la iglesia triunfante de los 144,000 sellados. Por el contrario, aquellos que rechacen el consejo del Testigo Fiel y Verdadero, son las cinco vírgenes insensatas que seguirán formando parte de Laodicea hasta el final - la iglesia apóstata que terminará uniéndose a las filas de la gran Babilonia.
Los que estudiamos la biblia sabemos que, en la parábola de las diez vírgenes la vasija representa al creyente en todo su ser: espíritu, alma y cuerpo. La lámpara representa la Palabra de Dios. El aceite es un símbolo del Espíritu Santo. La luz simboliza la verdad de Dios testificada en las palabras, las acciones y el carácter del creyente. En consecuencia, la vasija, la lámpara, el aceite y la luz representan la unión perfecta entre el creyente, la Palabra de Dios, el Espíritu Santo y la luz de la verdad Divina. Teniendo esto en mente, una manifestación gloriosa de la luz de la verdad Divina, solo es posible cuando el creyente está lleno de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo.
Al estudiar detenidamente la parábola de las diez vírgenes, descubrimos que existen dos porciones de aceite. La primera es la provisión inicial que las diez compartían al principio mientras esperaban al esposo que tardaba en venir. Esta medida inicial de aceite terminó por consumirse justo antes de la llegada del esposo. La segunda es la reserva posterior, aquella que las prudentes resguardaron en sus vasijas para verterla en sus lámparas en el momento de la emergencia. Esta medida de aceite era extra o adicional y se utilizó precisamente antes de la llegada del esposo; no había sido aplicada anteriormente.
En un sentido más específico, la porción de aceite inicial que las diez vírgenes tenían en sus lámparas al principio, representa la luz de la verdad que Dios le había dado a su pueblo hasta 1844. En consonancia con lo anterior, la medida de aceite de reserva que las vírgenes prudentes utilizaron en el momento de la emergencia, representa la luz de la verdad progresiva que Dios ha venido concediendo a su pueblo desde 1844 hasta la víspera de la gran prueba final, durante el derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía.
La medida de aceite extra o adicional, es el equivalente al colirio celestial que Cristo nos ofrece en el consejo a la iglesia de Laodicea. Este colirio es la luz que nos permite discernir entre la verdad y el error en las horas de oscuridad más densas de la historia de la iglesia y el mundo. Para seguir alumbrando en medio de la oscuridad de la medianoche, el pueblo de Dios necesita el aceite adicional o el colirio celestial. En la víspera de la gran prueba final, no podemos seguir usando la luz de la verdad Divina que teníamos en 1844, porque ese aceite ya se consumió - ya cumplió el propósito por el cual fue dada. Tampoco podemos seguir echando mano de la luz de la verdad que poseíamos hasta 1863, 1888, 1915 o ni siquiera el año 2,000, porque la luz es progresiva - ella sigue creciendo y desarrollándose más y más a medida que se acerca el fin.
El concepto de aceite de reserva es significativo. Dios se ha reservado un cúmulo de verdades especiales para su pueblo que pasará por la gran prueba final. El aceite de reserva representa la luz de la verdad que Dios ha venido revelando a su pueblo progresivamente hasta llegar a su plenitud justo antes de la gran crisis final. Solo cuando la iglesia reciba la totalidad de la verdad Divina, estará lista para madurar espiritualmente y glorificar a Dios en la tierra a través de la gran prueba final. Como vimos anteriormente, Dios ha estado derramando abundante luz adicional sobre muchas enseñanzas fundamentales de la biblia, según sus promesas.
Consideremos las siguientes citas del espíritu de profecía con sumo cuidado:
“En ese momento de incertidumbre, el interés de los superficiales y de los sinceros a medias empezó a vacilar y cejaron en sus esfuerzos; pero aquellos cuya fe descansaba en un conocimiento personal de la Biblia, tenían bajo los pies una roca que no podía ser barrida por las olas de la contrariedad. Cabecearon todas, y se durmieron”; una clase de cristianos se sumió en la indiferencia y abandonó su fe, la otra siguió esperando pacientemente hasta que se le diese mayor luz. (El Conflicto de los Siglos, p. 392)
“Mientras la luz brillante del “clamor de media noche” había alumbrado su sendero, y habían visto abrirse el sello de las profecías, y cumplirse con presteza las señales que anunciaban la proximidad de la venida de Cristo,... El único proceder seguro para ellos consistía en apreciar la luz que ya habían recibido de Dios, atenerse firmemente a sus promesas, y seguir escudriñando las Sagradas Escrituras esperando con paciencia y velando para recibir mayor luz”. (El Conflicto de los Siglos, p. 404)
“Orando con fervor, volvieron a considerar su situación, y estudiaron las Santas Escrituras para descubrir su error. Como no encontraran ninguno en sus cálculos de los períodos proféticos, fueron inducidos a examinar más de cerca la cuestión del santuario”. (El Conflicto de los Siglos, p. 407)
“Pero así como ocurrió en la parábola, ocurre hoy en día. Interviene un tiempo de espera, la fe es probada; y cuando se oye el clamor: “He aquí, el esposo viene; salid a recibirle”, muchos no están listos. No tienen aceite en sus vasijas para las lámparas. Están destituidos del Espíritu Santo”. (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 337)
“Sin la iluminación del Espíritu, los hombres no podrán distinguir la verdad del error, y caerán bajo las tentaciones maestras de Satanás”. (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 338)
“No podemos estar listos para encontrar al Señor despertándonos cuando se oye el clamor: “He aquí el esposo”, y entonces recoger nuestras lámparas vacías para llenarlas. No podemos mantener a Cristo lejos de nuestra vida aquí, y sin embargo ser hechos idóneos para su compañerismo en el cielo”. (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 340)
“No solamente está Satanás cautivando al mundo, sino que sus mentiras están leudando las profesas iglesias de nuestro Señor Jesucristo. La gran apostasía se desarrollará hasta llegar a las tinieblas de la medianoche, impenetrables como negro saco de cilicio. Para el pueblo de Dios será una noche de prueba, una noche de lloro, una noche de persecución por causa de la verdad. Pero en medio de esa noche de tinieblas, brillará la luz de Dios”. (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 341)
“La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y el henchimiento del vacío con las gracias del Espíritu Santo. Significa iluminación divina, regocijo en Dios. Significa un corazón despojado del yo y bendecido con la presencia permanente de Cristo. Cuando Cristo reina en el alma, hay pureza, libertad del pecado. Se cumple en la vida la gloria, la plenitud, la totalidad del plan evangélico”. (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 345-346)
Conclusion Conclusión
Un Llamado al Arrepentimiento
El diagnóstico espiritual de nuestra iglesia es sombría y la emergencia es total. O reaccionamos al llamado de Cristo o moriremos para siempre. Estamos ante la última oportunidad de salvación. La vía de escape es una sola. El Testigo Fiel y Verdadero nos pide que nos arrepintamos de nuestros pecados. ¿De cuáles pecados debemos arrepentirnos? Nuestros pecados son tres: tibieza (pobreza), autosuficiencia (desnudez) y autoengaño (ceguera).
"Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete". (Apocalipsis 3:19)
¿Cuál es el pecado de la tibieza o pobreza espirituales? Como descubrimos anteriormente en este estudio, el pecado de la tibieza o pobreza consiste en obras que a la vista de los hombres tienen la apariencia de ser obras de la fe, pero que en realidad a la vista de Dios son obras de la carne porque Cristo está ausente del corazón. Es decir, son obras calientes a los ojos del hombre pero frías a los ojos de Dios. Esta mezcla de calientes por fuera y frías por dentro hace que nuestras obras sean tibias. Al mismo tiempo, nuestras obras son pobres porque carecen de la calidad espiritual que Dios requiere de su pueblo.
¿Cuál es la calidad de obras que Dios demanda de su pueblo de los últimos días? ¿Qué tipo de obras pide Cristo de su iglesia final? Dios pide obras que sean como el oro refinado en fuego. Estas las obras ricas y calientes de la fe. La calidad de esta clase de obras se manifiesta en una obediencia genuina, total y permanente de los mandamientos de la ley de Dios. El plan de Dios para el último remanente es la madurez espiritual, victoria total sobre el pecado y la perfección de carácter. Todo lo que sea menor a esto es un fracaso. Tales obras solo pueden ser generadas por una fe que obre por el amor. Solo cuando el último remanente haya alcanzado el ideal Divino, estará listo para el sellamiento final. La realidad es que nuestra iglesia actualmente, no practica ni enseña esta preciosa verdad presente.
¿Cuál es el pecado de la autosuficiencia y desnudez espirituales del que debemos arrepentirnos? Como descubrimos anteriormente en este estudio, el pecado de la autosuficiencia y desnudez consiste en depender de la justicia humana en lugar de la justicia de Cristo para producir las obras ricas y calientes de la fe. Es imposible poseer una fe que obra por el amor si estamos desnudos, desprovistos de las vestiduras blancas o el manto de la justicia de Cristo. Es una realidad muy triste de nuestra iglesia actualmente, el hecho de que no sabemos cómo depender de la justicia de Cristo, porque no tenemos un conocimiento claro del mensaje de la justificación por la fe. Nuestro conocimiento superficial o insuficiente de este mensaje, hace que no sepamos cómo cooperar con Cristo en su glorioso plan de salvación.
¿Cuál es el pecado del autoengaño y ceguera espirituales del que también debemos arrepentirnos? Como hemos descubierto en este estudio anteriormente, el pecado del autoengaño y la ceguera consiste en confiar en nuestra propio discernimiento espiritual u opinión humana para evaluar nuestra condición espiritual, en lugar de confiar en la capacidad del Testigo Fiel y Verdadero para hacerlo. Cuando nos arrepintamos de este pecado, podremos obtener el colirio celestial para ver la realidad de nuestra condición espiritual según Cristo.
Cuando hicimos la conexión entre el mensaje a la iglesia de Laodicea y la parábola de las diez vírgenes, notamos que el colirio es el equivalente del aceite extra de las vírgenes prudentes. Recordamos que el colirio o el aceite extra representan esencialmente la capacidad de discernimiento de la luz progresiva de la Palabra de Dios a través del derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía. Dios ha venido revelando progresivamente más y más luz a su pueblo desde 1844 y lo seguirá haciendo hasta llegar a la plenitud justo antes de la gran prueba final. Como iglesia, debemos arrepentirnos y hacer a un lado nuestro sistema de interpretación bíblica que a sustituido la luz progresiva que Dios nos da por medio de las Santas Escrituras y el Espíritu Santo.
Esta luz adicional que procede del lugar santísimo del santuario celestial, tiene como propósito principal preparar al pueblo de Dios para zarandeo final, el juicio de los vivos, la marca de la bestial y el sellamiento de los 144,000. Adicionalmente, la luz progresiva es indispensable para preparar al último remanente para recibir la plenitud del Espíritu Santo para predicar el fuerte clamor (pregón), vivir sin pecar cuando Cristo ya no esté intercediendo por su pueblo en el santuario celestial después del fin de la gracia y soportar el tiempo de angustia de Jacob.
Ahora, ¿Qué pasa si no aceptamos el colirio celestial o el aceite extra que el Mercante Celestial nos ofrece? La biblia responde:
“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”. (Oseas 4:6
A pesar de la severidad, el mensaje a la iglesia de Laodicea es un acto de amor.
"Yo reprendo y castigo a todos los que amo..." (Apocalipsis 3:19)
"y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos". (Hebreos 12:5-8)
"Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados". (Hebreos 12:10-11)
"... sé, pues, celoso, y arrepiéntete". (Apocalipsis 3:19)
La acción requerida de la iglesia es una de celo y arrepentimiento. ¿Qué significa ser celoso? ¿Cuál es el verdadero arrepentimiento? La palabra griega para celoso es "zeleuo" y significa literalmente arder o hervir. Ser celoso significa desear con fervor o anhelar algo con pasión. En el diagnóstico, Jesús reprende a los Laodicenses por ser "tibios". Al ordenarles ser celosos, les está diciendo textualmente: "vuelvan a hervir o enciéndanse en fervor". En otras palabras: "ojalá fueses caliente".
Por otro lado, el verdadero arrepentimiento es el don de Dios que produce en el pecador una tristeza profunda por el pecado que lastima el corazón de Dios a quien ama. El arrepentimiento genuino conduce al pecador al abandono total del pecado por medio de la fe en el poder de Dios.
"Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. (2 Corintios 7:9-10)
Jesús hace el llamado más íntimo y amoroso de la biblia a su iglesia de los últimos días.
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". Apocalipsis 3:20)
Al mismo tiempo, Jesús hace la advertencia más dura y urgente de la biblia a la última iglesia de la historia del mundo.
"Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". (Apocalipsis 3:16)
"¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta". (Mateo 23:37)
La Promesa de Reinar con Cristo
Cristo garantiza la victoria final del remanente en virtud de su propia victoria terrenal. El honor y privilegio de compartir el trono del universo con Cristo es indecible. Pero debemos vencer como Cristo venció. Y... ¿cómo venció Cristo? Él venció por medio de la fe en su Padre Celestial. ¿Tenía Jesús una fe que obra por el amor? ¿Obedecía Cristo la ley de Dios perfectamente? ¿Este este el ideal de Dios para su iglesia final? Claro que sí.
"Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono". (Apocalipsis 3:21)
Jesús hace una advertencia final: un llamado universal a escuchar lo que el espíritu dice a las iglesias en general, pero más especialmente, a la iglesia de Laodicea.
"El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias". (Apocalipsis 3:22
“Podemos estar seguros de que Dios no favorece a sus hijos cuando ellos se hallan gozando de comodidades y están satisfechos con el conocimiento de la luz que poseen. Es voluntad suya que sigan avanzando para recibir la abundante y siempre creciente luz que resplandece para ellos”. (El Otro Poder, p. 41)
“La actitud actual de la iglesia no agrada a Dios. Se ha apoderado de ella una confianza propia que ha inducido a sus miembros a no sentir necesidad alguna de más verdad y mayor luz. Estamos viviendo en un tiempo cuando Satanás trabaja a diestra y siniestra, delante y detrás de nosotros; sin embargo, como pueblo, estamos durmiendo. Dios quiere que se oiga una voz que despierte a su pueblo y lo incite a obrar”. (El Otro Poder, p. 41)
El Testigo fiel dice de una iglesia fría, sin vida y sin Cristo: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Apocalipsis 3:15-16. Tomad buena nota de las siguientes palabras: “Porque tú dices: Yo soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” Apocalipsis 3:17. Aquí se representa a aquellos que se enorgullecen de sí mismos por su posesión de conocimiento y ventajas espirituales. Pero no han respondido a las bendiciones inmerecidas que Dios les ha conferido. Han estado llenos de rebelión, ingratitud y olvido de Dios, y todavía él los ha tratado como un padre amante y perdonador trata a un hijo ingrato y descarriado. Han resistido a su gracia, han abusado de sus privilegios, han menospreciado sus oportunidades y se han conformado con hundirse en la satisfacción, en la lamentable ingratitud, el formalismo vacío y la insinceridad hipócrita. Con orgullo farisaico han alardeado de sí mismos hasta que se ha dicho de ellos: “Tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad”. (Review and Herald, 23 de noviembre de 1897)
¿No ha enviado acaso el Señor Jesús mensaje tras mensaje de reproche, de amonestación, de súplica a estos que están satisfechos de sí mismos? ¿No han sido despreciados y rechazados sus consejos? ¿No han sido tratados con menosprecio sus mensajeros delegados, y han sido recibidas sus palabras como fábulas ociosas? Cristo ve lo que no ve el hombre. Ve los pecados que, si no son borrados por el arrepentimiento, agotarán la paciencia de un Dios tolerante. Cristo no puede aceptar los nombres de los que están satisfechos en su suficiencia propia. No puede instar a favor de un pueblo que no siente necesidad de ayuda, que pretende conocer y poseer todo. (1 Mensajes Selectos, p. 419)
El gran Redentor se representa a sí mismo como un comerciante celestial, cargado de riquezas, que llama de casa en casa presentando sus mercaderías incomparables, y diciendo: “Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” Apocalipsis 3:18-20. (1 Mensajes Selectos, p. 419)
Consideremos nuestra condición delante de Dios. Hagamos caso del consejo del Testigo fiel. Ninguno de nosotros esté lleno de prejuicios como estuvieron los judíos, de modo que la luz no entre en nuestro corazón. Que no sea necesario que Cristo diga de nosotros como dijo de ellos: “No queréis venir a mí para que tengáis vida”. (1 Mensajes Selectos, p. 419)
En cada reunión, a partir del congreso de la Asociación General, algunas almas han aceptado ávidamente el precioso mensaje de la justificación en Cristo. Agradecemos a Dios porque hay almas que comprenden que necesitan algo que no poseen: el oro de la fe y el amor, el manto blanco de la justicia de Cristo, el colirio del discernimiento espiritual. Si poseéis esos preciosos dones, el templo del alma humana no será como un altar profanado. Hermanos y hermanas, os exhorto en el nombre de Jesucristo de Nazaret a que trabajéis donde trabaja Dios. Ahora es el día de la bondadosa oportunidad y privilegio. (1 Mensajes Selectos, p. 420)
El oro de la fe y el amor, la vestidura blanca de un carácter inmaculado, y el colirio, o el poder del claro discernimiento entre el bien y el mal, todo esto lo debemos obtener antes de que podamos entrar en el reino de Dios. Pero estos preciosos tesoros no nos vendrán sin que nosotros nos ejercitemos de alguna manera. Debemos comprar, debemos ser celosos y arrepentirnos de nuestra condición de tibieza. Debemos estar despiertos para ver nuestros errores, para buscar nuestros pecados, y para quitarlos de nosotros. (Nuestra Elevada Vocación, p. 354)
Un hermano me preguntó: “Hna. White, ¿cree usted que tenemos que comprender la verdad por nosotros mismos? ¿Por qué no podemos tomar las verdades que otros han reunido y creerlas confiados en que investigaron el tema? Así podríamos liberarnos de tener que ejercitar los poderes de nuestra mente en la investigación de todos estos temas ¿No cree usted que estos hombres que descubrieron la verdad en lo pasado fueron inspirados por Dios?” (El Otro Poder, p. 33)
Escudriñe las Escrituras como nunca antes todo el que profese creer que el Señor viene pronto, pues Satanás está determinado a probar todo artificio posible para mantener a las almas en tinieblas y cegar las mentes para que no vean los peligros de los tiempos en que vivimos. Estudie su Biblia cada creyente con oración ferviente para que pueda ser iluminado por el Espíritu Santo en cuanto a lo que es verdad a fin de que pueda saber más de Dios y de Jesucristo a quien él ha enviado. Escudriñad las verdades como si fueran tesoros escondidos y chasquead al enemigo. El tiempo de prueba está precisamente delante de nosotros, pues el fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra. Esto es así, porque la obra de cada uno a quien ha llegado el mensaje de amonestación es la de exaltar a Jesús, presentarlo al mundo tal como está revelado en figuras y bosquejado en símbolos, tal como es manifestado en la revelación de los profetas, tal como es revelado en las lecciones dadas a sus discípulos y en los milagros maravillosos efectuados para los hijos de los hombres. Escudriñad las Escrituras, pues ellas son las que dan testimonio de Cristo. (Mensajes Selectos, p. 425)
En mi última visión se me mostró que este mensaje decidido del Testigo Fiel no ha cumplido aún el designio de Dios. La gente duerme en sus pecados. Continúa declarándose rica, y sin necesidad de nada. Muchos preguntan: ¿Por qué se dan todos estos reproches? ¿Por qué los Testimonios nos acusan continuamente de apostasía y graves pecados? Amamos la verdad; estamos prosperando; no necesitamos esos testimonios de amonestación y reproche. Pero miren sus corazones murmuradores y comparen su vida con las enseñanzas prácticas de la Biblia; humillen sus almas delante de Dios; ilumine la gracia de Dios las tinieblas; y caerán las escamas de sus ojos y se percatarán de su verdadera pobreza y miseria espirituales. Sentirán la necesidad de comprar oro, que es la fe y el amor puro; ropa blanca, que es el carácter inmaculado, purificado en la sangre de su amado Redentor; y colirio, que es la gracia de Dios, y que les dará un claro discernimiento de las cosas espirituales para descubrir el pecado. Estas cosas son más preciosas que el oro de Ofir. (3 Testimonios para la Iglesia, p. 281)
Se me ha mostrado que la mayor razón por la cual los hijos de Dios se encuentran ahora en este estado de ceguera espiritual, es que no quieren recibir la corrección. Muchos han despreciado los reproches y amonestaciones que se les dirigieron. El Testigo Fiel condena la tibieza de los hijos de Dios, que confiere a Satanás gran poder sobre ellos en este tiempo de espera y vigilancia. Los egoístas, los orgullosos y los amantes del pecado se ven siempre asaltados por dudas. Satanás sabe sugerir dudas e idear objeciones contra el testimonio directo que Dios envía, y muchos piensan que es una virtud, un indicio de inteligencia ser incrédulos, dudar y argüir. Los que desean dudar tendrán bastante oportunidad de hacerlo. Dios no se propone suprimir todo motivo de incredulidad. Él da evidencias que deben ser investigadas cuidadosamente con mente humilde y espíritu dispuesto a recibir enseñanza; y todos deben decidir por el peso de las evidencias. (3 Testimonios para la Iglesia, p. 281)
La vida eterna es de valor infinito y nos costará todo lo que poseemos. Se me mostró que no estimamos debidamente las cosas eternas. Todo lo que es digno de posesión, aun en este mundo, debe obtenerse mediante esfuerzo y a veces por el sacrificio más penoso. Y ello es tan sólo para obtener un tesoro perecedero. ¿Estaremos menos dispuestos a soportar conflictos y trabajos y a hacer esfuerzos fervientes y grandes sacrificios, para obtener un tesoro que es de valor incalculable y una vida que se mide con la del Infinito? ¿Puede el cielo costarnos demasiado? (3 Testimonios para la Iglesia, p. 282)
"Pero Dios tendrá en la tierra un pueblo que sostendrá la Biblia y la Biblia sola, como piedra de toque de todas las doctrinas y base de todas las reformas. Ni las opiniones de los sabios, ni las deducciones de la ciencia, ni los credos o decisiones de concilios tan numerosos y discordantes como lo son las iglesias que representan, ni la voz de las mayorías, nada de esto, ni en conjunto ni en parte, debe ser considerado como evidencia en favor o en contra de cualquier punto de fe religiosa. Antes de aceptar cualquier doctrina o precepto debemos cerciorarnos de si los autoriza un categórico “Así dice Jehová”. (Conflicto de los Siglos, pág. 581)
"Satanás trata continuamente de atraer la atención hacia los hombres en lugar de atraerla hacia Dios. Hace que el pueblo considere como sus guías a los obispos, pastores y profesores de teología, en vez de estudiar las Escrituras para saber por sí mismo cuáles son sus deberes. Dirigiendo luego la inteligencia de esos mismos guías, puede entonces también encaminar las multitudes a su voluntad". (Conflicto de los Siglos, pág. 581)
Querido hermano y amigo, este es el último mensaje de un Salvador desesperado a su iglesia de los últimos días. Este es el último llamado al arrepentimiento. Esta es la última oportunidad de salvación. No habrá otro mensaje, otro llamado u otra oportunidad. Nuestro amoroso Redentor pone delante de nosotros la vida y la muerte, la salvación y la destrucción. ¿Cuál de las dos opciones elegirás?