El Mensaje a la Iglesia de Laodicea

El Mensaje a la Iglesia de Laodicea

El Remanente

Publicado el 01 de June de 2026


Introduccion Introducción

Dios tiene un mensaje diseñado para despertar a la iglesia cristiana a nivel mundial, especialmente al pueblo remanente del tiempo del fin, en la víspera de la gran prueba final provocado por la marca de la bestia, justo antes del fin de la gracia y el regreso de nuestro Señor Jesucristo. Este mensaje funciona como una alarma espiritual diseñada para despertar a la iglesia del letargo y confrontarla con su verdadera condición.  Este mensaje no es otro que “el mensaje a la iglesia de Laodicea” de Apocalipsis 3:14-22.

Todos los que estudiamos la palabra de Dios con diligencia, sabemos de sobra que el contenido de este mensaje está dirigido especificamente a la iglesia de los últimos días, por el contexto histórico-profético en el que se encuentra.   Sin embargo, para que el mensaje a la iglesia de Laodicea actúe realmente como un despertador espiritual, es necesario comprender su contenido correctamente. Un entendimiento superficial o incompleto del mensaje, impedirá que este logre el efecto para el cual fue diseñado. A pesar de que los miembros de la iglesia seguramente hemos estudiado y repasado este mensaje muchas veces, hay algo en el mensaje a la iglesia de Laodicea que aún no logramos comprender ni percibir en toda su profundidad. Cuando pongamos a un lado las “interpretaciones tradicionales” de este mensaje y lo estudiemos en su verdadero contexto, descubriremos una luz más reveladora y una verdad más contundente.  

El propósito de este estudio es el de explorar más profunda y honestamente el mensaje que Jesús, “el testigo fiel y verdadero” nos entrega a nosotros, los miembros del pueblo de Dios, que vivimos en los últimos días de la historia del mundo. Podemos describir este mensaje como una intervención de emergencia. Es el último mensaje de amor, salvación y advertencia de Cristo a su iglesia. Es el grito desesperado de un Salvador que ve a su iglesia muriendo de  tibieza, autosuficiencia y autoengaño. Expresado en otras palabras, la iglesia se está muriendo de pobreza, desnudez y ceguera. Jesús utiliza el lenguaje más fuerte posible para generar un golpe de realidad y confrontarla con su verdadera condición espiritual antes que sea demasiado tarde.

Descubriremos juntos que solamente cuando entendamos, aceptemos y obedezcamos correctamente el mensaje de Cristo a la iglesia de Laodicea, podremos experimentar el tan anhelado y esperado reavivamiento y reforma. De igual manera, solo así recibiremos el "aceite extra" o la luz adicional que Dios ha prometido a través del derramamiento del espíritu santo en la lluvia tardía para preparar a su pueblo para afrontar exitosamente el zarandeo de la iglesia, la gran prueba final provocado por la marca de la bestia, el juicio de los vivos, el sellamiento y el tiempo de angustia de Jacob.

Asimismo, la obediencia al mensaje de Laodicea es necesaria para la purificación final del pueblo de Dios en el marco de la obra de la purificación del santuario celestial. Dicha obra es indispensable para alcanzar la madurez espiritual plena, victoria total sobre el pecado y perfección de carácter. Solo cuando el pueblo de Dios haya finalmente alcanzado el ideal de Dios, estará listo para vivir sin necesidad de un Intercesor en el santuario celestial que perdone sus pecados, después del fin de la gracia. Solo así la iglesia estará lista para ser trasladada al cielo viva, sin ver la muerte. Escuchemos el testiminio del espíritu de profecía:

"La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra". (Mensajes Selectos, pág. 141)

"Deben producirse un reavivamiento y una reforma bajo el ministerio del Espíritu Santo. El reavivamiento y la reforma son dos cosas diferentes. El reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual, un avivamiento de las facultades de la mente y el corazón, una resurrección de la muerte espiritual. La reforma significa una reorganización, un cambio en ideas y teorías, en hábitos y prácticas. La reforma no producirá el buen fruto de justicia a menos que esté conectada con el reavivamiento del Espíritu. El reavivamiento y la reforma han de hacer su obra designada, y al hacerlo, deben fusionarse". (Review and Herald, 25 de febrero de 1902)  

"El 20 de noviembre de 1857 me fue mostrado el pueblo de Dios, y lo vi poderosamente sacudido... Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el directo testimonio que exige el consejo del testigo fiel a la iglesia de LaodiceaTendrá este consejo efecto en el corazón de quien lo reciba y le inducirá a ensalzar la norma y expresar claramente la verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él. Esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios. El testimonio del testigo no ha sido escuchado. El solemne testimonio, del cual depende el destino de la iglesia, ha sido tenido en poca estima, cuando no se lo ignoró por completo. Este testimonio ha de mover a profundo arrepentimiento, y todos los que lo reciban sinceramente, le obedecerán y serán purificados". (1 Testimonios para la Iglesia, págs. 166-168)

Desarrollo Laodicea: La Iglesia de los Últimos Días

¿Cómo sabemos que la iglesia de Laodicea representa la iglesia de los últimos días de la historia del mundo? Para contestar esta pregunta, es necesario ubicarnos en el contexto histórico-profético de las siete iglesias del apocalipsis, especialmente la iglesia de Laodicea. Sabemos por la evidencia bíblica e histórica que las siete iglesias representan los diferentes periodos o etapas de la iglesia cristiana desde la iglesia apostólica hasta la iglesia del fin del mundo. Para no salirnos del tema, y por motivos de tiempo y espacio nos limitaremos a compartir un breve resumen. Ya tendremos la oportunidad de examinar toda la evidencia bíblica al respecto cuando publiquemos el tema "Las Siete Iglesias del Apocalipsis". A continuación, detallamos los períodos histórico-proféticos representados por cada una de las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis capítulos 2 y 3:  


1. Éfeso: significa “deseable”, representa el periodo: 31–100 d.C.  


El periodo histórico-profético de la iglesia de Éfeso comienza con el derramamiento del Espíritu Santo en el día de pentecostés en el año 31 d.C. y finaliza con la muerte del apóstol Juan alrededor del año 100 d.C., el último de los apóstoles de nuestro Señor.     


2. Esmirna: significa “olor fragante”, representa el periodo: 100–313 d.C.  


El periodo histórico-profético de la iglesia de Esmirna comienza con la muerte del apóstol Juan alrededor del año 100 d.C., el último de los apóstoles de nuestro Señor y finaliza con la conversión nominal al cristianismo del emperador romano Constantino el Grande en el año 313 d.C.  


3. Pérgamo: significa “elevación”, representa el periodo: 313–538 d.C.  


El periodo histórico-profético de la iglesia de Pérgamo comienza con la conversión nominal del emperador romano Constantino el Grande en el año 313 d.C. y termina con el inicio oficial de la supremacía papal en el año 538 d.C.  


4. Tiatira: significa “dulce labor de sacrificio”, representa el periodo: 538– 1517 d.C.  


El periodo histórico-profético de la iglesia de Tiatira comienza con la inauguración de la supremacía papal en el año 538 d.C. y finaliza con el hito más determinante de la Reforma Protestante: la publicación masiva de las 95 tesis de Martín Lutero en el año 1517 d.C.  


5. Sardis: significa “renovación”, representa el periodo: 1517–1844 d.C.  


El periodo histórico-profético de la iglesia de Sardis comienza con el inicio de la reforma protestante liderada por el gran reformador Martín Lutero en el año 1517 d.C. y termina al final de la profecía de los 2,300 días y el comienzo del ministerio de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial como nuestro gran Sumo Sacerdote y Juez, en el año 1844 d.C.  


6. Filadelfia: significa “amor fraternal”, representa el periodo: 1844 d.C.– hacia el fin  


El periodo histórico-profético de la iglesia de Filadelfia comienza con el cumplimiento final de la profecía de los 2,300 días y el comienzo del ministerio de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial como nuestro gran Sumo Sacerdote y Juez, en el año 1844 d.C. y continúa hacia el fin del mundo y la segunda venida de Cristo.  


7. Laodicea: significa “el pueblo es juzgado”, representa el periodo: 1844 d.C.– hacia el fin  


Al igual que Filadelfia, el periodo histórico-profético de la iglesia de Laodicea comienza con el cumplimiento final de la profecía de los 2,300 días y el comienzo del ministerio de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial como nuestro gran Sumo Sacerdote y Juez, en el año 1844 d.C. y continúa hacia el fin del mundo y la segunda venida de Cristo.

Desarrollo La Conexión entre Laodicea y Filadelfia

Histórica y proféticamente, ambas iglesias, Filadelfia y Laodicea representan a la iglesia de los últimos días. ¿Cómo es posible esto? Tradicionalmente, hemos interpretado que la iglesia de Filadelfia abarca el periodo que transcurre entre 1798 - 1844 d.C. Sin embargo, un estudio más cuidadoso del contexto inmediato y los detalles presentados en Apocalipsis 3:7-13, nos llevan a la conclusión inevitable de que la iglesia de Filadelfia abarca el mismo periodo que la iglesia de Laodicea: 1844 d.C. - hacia el fin. Es decir, los periodos de ambas iglesias transcurren paralelamente. Los mensajes dirigidos a ambas iglesias hacen referencia a los dos rostros de la iglesia final: mientras una se mantiene fiel en su dependencia total de Dios, la otra se sumerge en la autosuficiencia espiritual.

Por un lado, la iglesia de Laodicea es descrita como una comunidad que está hundida en la tibieza, autosuficiencia y autoengaño espirituales, a punto de ser rechazada por Cristo. Por el otro lado, la iglesia de Filadelfia es descrita como una comunidad sin defectos, fiel, perseverante y unida en el amor y el espíritu de Dios. Filadelfia y Laodicea corren en paralelo hoy en día, marcando el contraste definitivo entre la fidelidad perseguida de las minorías que están integrando la filas del último remanente y la tibieza institucional de las mayorías de la iglesia oficial.

Ahora bien, veamos la evidencia bíblica que indica que la iglesia de Filadelfia representa el mismo periodo histórico-profético que la iglesia de Laodicea de 1844 d.C. - hacia el fin del mundo y la segunda venida de Cristo. Nos daremos cuenta, que esa misma evidencia bíblica comprueba que, ¡la iglesia de Filadelfia, el último remanente y los 144,000 sellados son el mismo grupo de creyentes!

1. Tiene delante una puerta abierta que nadie puede cerrar (Apocalipsis 3:7, 8)

"Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre." (Apocalipsis 3:7-8)

La puerta abierta que Jesús abre delante de la iglesia de Filadelfia y que nadie puede cerrar es sin duda alguna la puerta al lugar santísimo que Cristo abrió el 22 de octubre de 1844 d.C. al final de la profecía de los 2,300 días, cuando Él mismo inauguró su ministerio como Sumo Sacerdote y Juez. La iglesia de Filadelfia comienza cuando la puerta al lugar santo se cierra y la puerta al lugar santísimo se abre en el cielo en 1844. (Daniel 7:9-10, 8:14, 9:24-27, Apocalipsis 4:1-11, 5:1-14)

"Luego se me mostró que los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo acerca de la puerta cerrada no pueden separarse, y que el tiempo en que los mandamientos de Dios habían de resplandecer en toda su importancia y cuando el pueblo de Dios había de ser probado acerca de la verdad del sábado era cuando se abriese la puerta en el lugar santísimo del santuario celestial, donde está el arca que contiene los diez mandamientos. Esta puerta no se abrió hasta que hubo terminado la mediación de Jesús en el lugar santo del santuario en 1844. Entonces Jesús se levantó, cerró la puerta del lugar santo, abrió la que da al santísimo y pasó detrás del segundo velo, donde está ahora al lado del arca y adonde llega la fe de Israel ahora". (Primeros Escritos, pág. 42)

"Vi que Jesús había cerrado la puerta del lugar santo, y nadie podía abrirla; y que había abierto la puerta que da acceso al lugar santísimo, y nadie puede cerrarla. Apocalipsis 3:7, 8; y que desde que Jesús abrió la puerta que da al lugar santísimo, que contiene el arca, los mandamientos han estado brillando hacia los hijos de Dios, y éstos son probados acerca de la cuestión del sábado". (Primeros Escritos, pág. 42) 

2. Guarda la palabra de la paciencia de Jesús (Apocalipsis 3:8,10)

"Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombrePor cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra." Apocalipsis 3:8,10)

Esta es una clara referencia al último remanente fiel que quedará sobre el planeta tierra al fin de los tiempos. Ellos serán obedientes a la palabra de Dios (los mandamientos de Dios) y poseerán la paciencia de Cristo. (Apocalipsis 14:12, 12:17, 13:10, 14:4)

3. Es guardada de la hora de prueba que ha de venir sobre el mundo entero (Apocalipsis 3:10)

"Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra." Apocalipsis 3:10)

Aquí vemos claramente que los miembros de la iglesia de Filadelfia pasarán por la gran prueba final que este mundo sufrirá al fin de la historia. La biblia se refiere a esta gran prueba final con frases sinónimas como la gran tribulación, el tiempo de angustia, la abominación desoladora o la marca de la bestia. (Mateo 24:21-22, Daniel 12:1,11; Mateo 24:15-16, Apocalipsis 13:16-17, Apocalipsis 15:2)

4. Jesús hace que la sinagoga de Satanás (iglesia apóstata) venga y se postre a sus pies y reconozca que Él la ha amado (Apocalipsis 3:9)

"He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado." (Apocalipsis 3:9)

Este evento se dará después del fin de la gracia, hacia el final de las siete postreras plagas, cuando Cristo interviene para liberar a su pueblo del decreto de muerte en su contra. Los miembros de la iglesia apóstata (la sinagoga de Satanás), principalmente los que no quisieron abandonar su condición Laodicense, finalmente se dan cuenta de su error, se acercan al remanente final y los reconocen como la iglesia verdadera amada por Cristo. (Isaías 60:14, 49:23, 45:14, Salmo 110:1, Daniel 7:27, Apocalipsis 13:15, Daniel 12:1,3)

5. Jesús le dice que "viene pronto" (Apocalipsis 3:11)

"He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona." Apocalipsis 3:11)

De todas las iglesias, Filadelfia es la única a la que Jesús le dice que "viene pronto". Esto indica que la segunda venida de Cristo sucederá al final del periodo de la iglesia de Filadelfia. (Apocalipsis 3:11)

6. Al que vence, Cristo lo hace columna en el templo de Dios, y nunca más sale de allí (Apocalipsis 3:12)

"Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo." (Apocalipsis 3:12)

Esta es, una vez más, una referencia directa y exclusiva al último remanente, los 144,000 sellados, que serán sacerdotes de Dios por la eternidad en su templo que se encuentra sobre el Monte de Sion. (Apocalipsis 7:12, 14:1-3, Salmo 78:68-69, Joel 3:17)

7. Tiene el nombre del Padre, el Hijo y la nueva Jerusalén escritos en la frente (Apocalipsis 3:12)

"Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo." (Apocalipsis 3:12"

Esta es quizá la referencia más directa de todas hacia el último remanente, los 144,000 sellados, que pasarán por la gran crisis final y vivirán en la tierra hasta la segunda venida de Cristo. (Apocalipsis 7:1-8, 9:4, 14:1, 15:2-3)

Una vez sentadas las bases bíblicas sólidas que respaldan la coexistencia de las iglesias de Laodicea y Filadelfia hasta el fin del mundo, es importante aclarar la siguiente pregunta: Laodicea y Filadelfia, ¿son el mismo grupo de creyentes o son dos comunidades de creyentes diferentes? La respuesta a esta pregunta es de vital importancia.

La iglesia de Laodicea está compuesta por los creyentes que se encuentran en la "condición laodicense" antes del zarandeo de la iglesia causado por la predicación del "mensaje a la iglesia de Laodicea" y permanecen en esa condición aún después de la presentación de dicho mensaje. Ellos no aceptan el diagnóstico, consejo y llamado al arrepentimiento que Cristo hace a la iglesia de Laodicea. El testimonio directo de Jesús no produce en ellos ningún cambio; se mantienen igual.

En cambio, la iglesia de Filadelfia esta integrada por los "creyentes laodicenses" que reciben y obedecen "el mensaje a la iglesia de Laodicea" para formar parte del último remanente. Si seguimos el hilo histórico-profético que ubica a las iglesias de Laodicea y Filadelfia en los últimos días, llegamos a una conclusión inevitable: ¡la iglesia de Filadelfia es el último remanente, los 144,000 sellados! 

El Testigo Fiel y Verdadero llama al último remanente a salir de Laodicea para unirse a las filas de Filadelfia. La buena noticia es que, aquellos que finalmente acepten el diagnóstico, consejo y llamado al arrepentimiento de Cristo a la iglesia de Laodicea, formarán parte de la iglesia de Filadelfia, el cual es el último remanente - los 144,000 sellados. ¡Esta es la noticia más hermosa y esperanzadora de todas!

Desarrollo Cristo: Garantía de un Diagnóstico Infalible

Antes de realizar el diagnóstico de la iglesia de Laodicea, Jesús se presenta con títulos que garantizan la veracidad de su diagnóstico. Él es el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero y el Principio de la creación de Dios. Es decir, Cristo es la máxima autoridad de la iglesia y no hay en todo el universo, una persona mejor calificada para realizar el diagnóstico de la iglesia de los últimos días.

"Y escribe al ángel de la iglesia de Laodicea. He aquí el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero, el Principio de la creación de Dios, dice esto:" (Apocalipsis 3:14)

A. El Amén

Cristo es el "Amén". Este título personal presenta a Jesús como la palabra final y la certeza aboluta. La palabra "Amén" proviene del Hebreo y significa "así sea", "verdad" o "firmeza".  Al decir que Jesús es el Amén, la biblia enseña que Él es la palabra final y definitiva de Dios; no hay nada que agregar a su obra o a su mensaje. Es decir, en Cristo se cumplen todas las promesas de Dios en relación al plan de salvación. En consecuencia, el Padre Eterno ha designado a Jesús como el Artífice de la maravillosa obra de la salvación. 

"Porque todas las promesas de Dios son en Él sí, y Él Amén, por medio de nosotros para la gloria de Dios". (2 Corintios 1:20)

"El que se bendijere en la tierra, en el Dios de "verdad" (Amén) se bedecirá...". (Isaías 65:15)

"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos". (Hechos 4:12)

B. El Testigo Fiel y Verdadero

Cristo es "El Testigo Fiel y Verdadero". Este título personal presenta a Jesús como aquel que ve la realidad tal cual es, sin engaños. Él es "El Testigo Fiel y Verdadero" por dos razones principales. Primero, Cristo es el único ser en todo el universo que conoce la Divinidad, carácter, gloria y designios de Dios en toda su profundidad, porque Él es el Hijo de Dios. Segundo, Cristo conoce todas las luchas de los creyentes contra las fuerzas del mal por experiencia propia, porque Él es el Hijo de hombre. Jesús luchó contra el mal en la naturaleza humana caída y salió más que vencedor. ¡Alabado sea su Nombre!

"... Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz." (Juan 18:37)

"Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea." (Apocalipsis 19:11)

"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre." (Filipenses 2:5-9)

C. El Principio de la Creación de Dios

Cristo es "El Principio de la creación de Dios". Este título personal presenta a Jesús como el Artífice designado por Dios para la maravillosa obra de la creación de "los cielos y la tierra y cuanto existe en ellos. El término Griego utilizado para "principio" es "arche", que significa "el originador", "el punto de partida" o "la causa primera". La raíz "arche" también se traduce como "gobernante" o "jefe". De aquí provienen términos como "monarquía" o "jerarquía".  Su significado en este pasaje no se refiere a que Jesús fuera lo primero en ser creado, sino a su preeminencia y autoridad. Él es el Originador de toda la creación de Dios.

"Él (Cristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito (Jefe/Gobernante) de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él". (Colosenses 1:15,16)

"... y él (Cristo) es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito (principal/gobernante) de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia". (Colosenses 1:18)

"... en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo". (Hebreos 1:2)

“Debemos aconsejarnos mutuamente, y estar sujetos unos a otros; pero al mismo tiempo debemos ejercer la capacidad que Dios nos ha dado para saber cuál es la verdad. Cada uno de nosotros debe mirar a Dios en procura de iluminación divina”. Tras haber recibido consejo de los sabios y prudentes, queda aún un Consejero cuya sabiduría es infalible. No dejéis de presentar ante él vuestro caso, y suplicad su dirección. Ha prometido que si os falta sabiduría y la pedís de él, os la dará abundantemente, sin restricción” (Obreros Evangélicos, p. 129 y 257, en inglés)

Desarrollo El Diagnóstico de la Iglesia de Laodicea

Cristo presenta el diagnóstico de la iglesia de Laodicea de dos formas. Inicialmente, en los versículos 15 al 17, a Laodicea se la presenta como una iglesia que sufre de tibieza, autosuficiencia y autoengaño. Posteriormente, en los versículos 17 y 18, se la presenta como una iglesia que padece de pobreza, desnudez y ceguera. En realidad, se trata del mismo diagnóstico expresado en diferentes términos. La tibieza y la pobreza son equiparables. La autosuficiencia y la desnudez se refieren a la misma enfermedad espiritual. El autoengaño y la ceguera describen el mismo padecimiento.

Tibieza o Pobreza Espirituales

La tibieza y pobreza espirituales de Laodicea se refieren esencialmente al mismo problema. Tanto la tibieza como la pobreza espirituales de Laodicea vienen como resultado de la calidad o tipo de obras que produce. Como bien sabemos, sin una evaluación médica no hay un diagnóstico. Antes de diagnosticar a la iglesia de Laodicea con la enfermedad de la tibieza o pobreza, Cristo realiza una evaluación médica. El "chequeo médico" consiste en un examen de las obras de la iglesia. En otras palabras, Jesús realiza un análisis de las obras que la iglesia produce para determinar su condición de salud. Por un lado, dependiendo de la calidad o tipo de obras que produce, la iglesia puede ser fría, caliente o tibia. Por otro lado, la iglesia puede ser rica o pobre. Por lo tanto, para poder entender el diagnóstico, debemos primero estudiar la evaluación médica. De lo contrario, no podremos conocer el verdadero significado de la "tibieza o pobreza" espirituales. En consecuencia, no podremos conocer nuestra verdadera condición espiritual como tampoco sentir la necesidad del "tratamiento médico" que Cristo nos ofrece como miembros de la iglesia de Laodicea.

Es importante señalar que la orgullosa iglesia de Laodicea también presenta su propio diagnóstico. Al evaluar sus propias obras, ella se presenta a sí misma como una iglesia caliente y rica, en contraste directo con el diagnóstico presentado por el Testigo Fiel y Verdadero: tibia y pobre. La pregunta es, ¿cuál de los dos diagnósticos debemos creer? Definitivamente, debemos aceptar el diagnóstico de Cristo y desechar el diagnóstico de Laodicea. El texto bíblico dice:

"Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo." (Apocalipsis 3:15-1)

Cuando realizamos un estudio cuidadoso, encontramos que la palabra de Dios clasifica las obras en tres categorías generales: 1) las obras de la carne 2) las obras de la fe y 3) las obras de la ley. Las tres clases de obras representan las tres condiciones espirituales de frío, caliente y tibio. Asimismo, las obras de la fe representan la verdadera riqueza y tanto las obras de la carne como las obras de la ley representan pobreza espiritual. 

1. Las obras de la carne = frío = pobre

"Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios". (Gálatas 5:19-21)

"... porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis". (Romanos 8:13)

Las obras de la carne nacen de toda persona mundana que vive completamente separada de Dios. Todas sus obras están motivadas y manchadas por el egoísmo del pecado, aún las que tienen apariencia de ser buenas obras. Esta condición espiritual es una de frío. La ausencia del calor del Espíritu de Dios es total. Al no tener ningún valor delante de Dios, estas obras son pobres. No obstante, aún en esta condición de muerte espiritual, hay una chispa de esperanza. El pecador puede oír la voz amorosa de Dios, reconocer su condición pecaminosa y aceptar la salvación gratuita en Cristo. ¡La buena noticia es que Dios puede salvar hasta el más vil pecador!

No quiero ser un portador de malas noticias, pero debo decir la verdad del mensaje a la iglesia de Laodicea, la iglesia de los últimos días, de la cual somos miembros tú y yo. Jesús dice: "¡Ojalá fueses frío!" Cristo, aquél cuyo testimonio es fiel y verdadero, dice que desearía que nosotros fuéramos fríos y no tibios. Esto quiere decir que es más fácil para Cristo salvar a un pecador frío y mundano que salvar a un Laodicense tibio. Es realmente aterrador pensar que nosotros estamos más lejos de la salvación que los mundanos que no creen en Cristo. 

Nos encontramos en una situación de emergencia total. Estamos en una situación muy complicada de resolver. Estamos al borde de ser "vomitados" o rechazados por Cristo y perdernos para siempre. Pero un amoroso y desesperado Jesús, ha abierto delante de nosotros una última vía de escape, una sola. La única manera de escapar a la destrucción inminente es escuchar, aceptar y obedecer el mensaje a la iglesia de Laodicea. Nuestra última oportunidad de vida, depende de que entendamos "el chequeo médico", "el diagnóstico" y sigamos "el tratamiento" que Jesús nos ofrece, al pie de la letra. 

2. Las obras de la fe (o fruto del Espíritu) = caliente = rico

"¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?" (Santiago 2:22)

"... acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo". (1 Tesalonicenses 1:3)

"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley". (Gálatas 5:22,23)

A diferencia de las obras de la carne, las obras de la fe o fruto del Espíritu nacen de una persona que está completamente entregada a Dios. Las obras de fe son el resultado de la presencia de Cristo en la vida del creyente a través del Espíritu Santo, por eso también se los conoce como el fruto del Espíritu. La obras de la fe son de alto valor y la única clase de obras aceptables para Dios. Por lo tanto, las obras de la fe constituyen la verdadera riqueza espiritual. Este es el ideal de Dios para la iglesia de Laodicea. Cristo dice: "¡Ojalá fueses caliente!"

No obstante, la dura realidad es que la iglesia de los últimos días no es ni "caliente" ni "rica" porque no está produciendo las obras de la fe. Pero, ¿cómo podemos producir las obras de la fe para llegar a ser una iglesia caliente y rica? ¿Cómo podemos tener a Cristo en el corazón? ¿Qué significa estar completamente entregados a Cristo? La respuesta a estas preguntas es de vital importancia. Sin lugar a dudas, hay algo que, como iglesia aun no comprendemos sobre este tema. Hay algo en nuestras interpretaciones actuales que no nos permite ver la verdad sobre el mensaje a Laodicea. Cuando lleguemos al capítulo titulado "El Consejo a la Iglesia de Laodicea" veremos que hay tres condiciones para producir las obras de la fe que Dios quiere: comprar oro refinado en fuego, cubrirnos con las vestiduras blancas y aplicar colirio en los ojos. Sin estos tres bienes que Jesús nos ofrece, es imposible producir las obras de la fe. Analizaremos el consejo de Cristo en profundidad. 

3. Las obras de la ley = tibio = pobre

"... sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado". (Gálatas 2:16)

"... ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado". (Romanos 3:20)

Entonces, si la iglesia de Laodicea no es fría ni caliente, ¿qué es? Es "tibia". Si la iglesia de Laodicea no produce las obras de la carne ni las obras de la fe, ¿qué tipo de obras produce? Produce las "obras de la ley". En realidad, las obras de la ley son pobres, porque ante Dios no tienen ningún valor ni son aceptables. Son las obras de la ley las que hacen que Laodicea esté sumida en la pobreza espiritual o en las palabras de Cristo: "desventurada, miserable y pobre". 

Ahora bien, ya hemos identificado bíblicamente que la obras de la carne son aquellas que produce toda persona "fría" del mundo, que no profesa creer en Cristo. De igual manera, hemos identificado bíblicamente que las obras de la fe son aquellas que produce una iglesia "caliente", que está llena del Espíritu Santo. Ahora nos toca estudiar lo que la biblia enseña acerca de "las obras de la ley" que produce una iglesia "tibia". La comprensión correcta de este tema es un asunto de vida o muerte. Solamente cuando entendemos este tema, podemos darnos cuenta de nuestra verdadera condición espiritual. Por un lado, la comprensión correcta de este tema nos habilita para entender "el tratamiento médico" contenido en el consejo del Testigo Fiel y Verdadero. Por otro lado, el reconocimiento de nuestra verdadera condición espiritual es la condición para recibir el consejo de Cristo a la iglesia de Laodicea.

Muchas veces hemos oído a nuestros pastores y predicadores decir que los miembros tibios son aquellos que no asisten regularmente a los servicios de la iglesia y muestran un compromiso a medias con las actividades de la iglesia, el estudio de la biblia y la oración. En el mejor de los casos, se nos ha dicho que los tibios son aquellos que son inconstantes espiritualmente por no llevar una vida plenamente entregada a Dios, sin profundizar en las causas. Queridos hermanos en Cristo, es hora de abandonar estas "interpretaciones superficiales" del mensaje a Laodicea, que hemos creído por mucho tiempo. Estas no hacen más que solo distraernos y oscurecer la verdad del mensaje que Jesús dirige a su iglesia.

Antes de realizar juntos un estudio profundo sobre el significado de "tibieza espiritual" como consecuencia directa de "las obras de la ley", urge reflexionar sobre el peso que tiene este asunto. Se trata de un mensaje diseñado específicamente para despertar a la iglesia de los últimos días en todo el mundo, en la víspera de la gran prueba final provocado por la marca de la bestia, justo antes del fin de la gracia y el regreso de nuestro Señor Jesucristo. Este mensaje funciona como una alarma espiritual cuyo único propósito es despertar a la iglesia del "letargo" y "autoengaño" espirituales y confrontarla con su verdadera condición. 

Sin embargo, para que el mensaje a la iglesia de Laodicea actúe realmente como un "despertador espiritual", es necesario comprender su contenido correctamente, especialmente en lo que concierne al asunto de la "tibieza espiritual" y "el consejo del Testigo Fiel y Verdadero". Un entendimiento superficial o incompleto del mensaje, impedirá que este logre el efecto para el cual fue diseñado. Cuando abandonemos las “interpretaciones tradicionales” y estudiemos este mensaje en su verdadero contexto, descubriremos como nunca antes una luz más reveladora y una verdad más contundente.

Como bien mencionamos en la introducción, podemos describir el mensaje a Laodicea como una intervención de emergencia. Es el último mensaje de amor, salvación y advertencia de Cristo a su iglesia. Queridos hermanos, es muy importante entender que no habrá otro mensaje después de este. Este es el último grito desesperado de un Salvador que ve a su iglesia muriendo de "tibieza", "autosuficiencia" y "autoengaño" y utiliza el lenguaje más fuerte posible para generar un golpe de realidad y confrontarla con su verdadera condición espiritual antes que sea demasiado tarde.

Solo cuando entendamos, aceptemos y obedezcamos el mensaje de Cristo a la iglesia de Laodicea correctamente, podremos experimentar el tan anhelado y esperado reavivamiento y reforma. De igual manera, solo así recibiremos "el aceite extra" o la luz adicional que Dios ha prometido a través del derramamiento del espíritu santo en la lluvia tardía para preparar a su pueblo para salir victorioso en medio del zarandeo de la iglesia, la gran crisis final de la marca de la bestia, el juicio de los vivos, el sellamiento y el tiempo de angustia de Jacob.

La dura realidad es que, de acuerdo con el testimonio de Cristo, el Testigo Fiel y Verdadero, toda la iglesia se encuentra en la "condición Laodicense". Desde las máximas autoridades de la iglesia, líderes, pastores, los miembros en general, hasta el miembro más secillo o el recién bautizado... todos estamos enfermos de "tibieza espiritual". Todos necesitamos ser despertados urgentemente del "letargo" y "autoengaño" espirituales. De lo contrario, muy pronto seremos "vomitados" o rechazados por Cristo. Aceptar esta dura e impopular verdad, exige una rendición absoluta del orgullo espiritual. Para digerir este golpe de realidad, que hiere nuestro orgullo, se necesita una humildad profunda y urgente. Tristemente, las profecías de la biblia claramente enseñan que muy pocos atenderán este último llamado al arrepentimiento.

Después de reflexionar sobre la urgencia y seriedad del mensaje a la iglesia de Laodicea, estamos listos para analizar el verdadero significado de la "tibieza o espiritual", la cual es causada directamente por "las obras de la ley" que nuestra iglesia produce.

La expresión "obras de la ley" aparece un total de 8 veces en el nuevo testamento, específicamente en las cartas Paulinas de Romanos y Gálatas (Romanos 3:20, 3:28; Gálatas 2:16, 3:2, 3:5, 3:10). En todos los casos, el Apóstol Pablo utiliza esta frase para transmitir la idea del hombre que se justifica a sí mismo por medio sus propias obras de obediencia a la ley de Dios, aparte de la fe de Jesucristo. Es decir, "las obras de la ley" se refiere al hombre tratando de alcanzar la salvación por medio de la obediencia a los mandamientos de la ley de Dios. En tiempos de Pablo, la expresión "obras de la ley" era el equivalente del término moderno "legalismo". Hoy día, utilizamos este término para referirnos a la idea de utilizar la ley de Dios como medio de salvación.

El Apóstol Pablo presenta las "obras de la ley" en contraste directo con las "obras de la fe". Las dos ideas representan dos sistemas de salvación diametralmente opuestos. Por un lado, el sistema de salvación de las "obras de la ley" se fundamenta en los méritos de la justicia del hombre. Por otro lado, el sistema de salvación de las "obras de la fe" se fundamenta en los méritos de la justicia y sacrificio de Cristo.

"Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe..." (Filipenses 3:8-9)

Ahora, surge una pregunta crucial: ¿por qué utiliza Cristo el símbolo de la "tibieza" para describir la enfermedad espiritual de la iglesia? ¿Y qué relación tiene la "tibieza" con las "obras de la ley"? La respuesta a esta pregunta es crucial para conocer la verdad acerca de nuestra enfermedad como iglesia. 

Imagínate que tienes dos recipientes con agua y un recipiente vacío. Un recipiente tiene agua fría y el otro tiene agua caliente. ¿Qué necesitas hacer para obtener agua tibia? Obviamente, mezclar el agua fría y caliente de los dos recipientes con agua en el recipiente vacío. Ni más ni menos. Esto es exactamente lo que sucede con la iglesia de Laodicea. La iglesia de los últimos días es una mezcla de agua fría y caliente. ¿Cómo es esto posible? Bueno, como vimos anteriormente, el agua fría representa las "obras de la carne" producidas por una persona que está completamente separada de Cristo. El agua caliente representa las "obras de la fe o del Espíritu" producidas por una persona completamente entregada a Cristo. Por un lado, la iglesia es caliente porque tiene la apariencia de estar produciendo las "obras de la fe o del espíritu". Por otro lado, la iglesia es fría porque lo único que está produciendo en realidad, sin Cristo en el corazón, son las "obras de la carne". La iglesia presenta una doble cara: caliente y fría. Esta mezcla de caliente y frío es la que convierte a la iglesia de Laodicea en una iglesia "tibia".  

El diagnóstico es aterrador: ¡tenemos una iglesia luchando por producir las "obras de la fe" o "fruto del Espíritu" con Cristo totalmente excluído de la vida de la iglesia! ¡Cristo no mora en nuestro corazón! ¡Estamos completamente separados de Cristo! Al estar desconectados de Jesús, lo único que podemos producir son "las obras de la carne". Esto es verdad, porque todas "nuestras buenas obras" están manchados de pecado. Es decir, el egoísmo mancha todas nuestras buenas obras porque es la raíz misma de nuestra naturaleza carnal (pecaminosa).

"Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento". (Isaías 64:6)

"Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo". (1 Juan 2:16)

"He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre". (Salmo 51:5)

Si no reaccionamos, la sentencia es inevitable: "te vomitaré de mi boca". La condición del "tibio" es tan repulsiva para Cristo que, en sus propias palabras, le produce nauseas y el deseo de vomitarlo de su boca.

"Pero por cuanto eres tibio, no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". (Apocalipsis 3:16)

Si no admitimos con humildad y honestidad, nuestra desesperada situación, estaremos cerrando la puerta a la ayuda de Jesús. Por esta razón, al final del mensaje a Laodicea, Jesús hace la siguiente urgente y amorosa invitación:

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." (Apocalipsis 3:20)

Producir las "obras de la fe" o "fruto del Espíritu" aparte de Cristo, ¡es una misión imposible! Solo se puede ser "caliente" cuando tenemos el calor de la presencia de Cristo en nuestro ser a través de su Espíritu. Solo se puede ser verdaderamente obediente a la ley de Dios por medio de presencia de Cristo en el corazón por medio de la fe. 

"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan." (Hebreos 11:6)

"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer." (Juan 15:5)

Pero, ¿cómo podemos abrirle la puerta del corazón a Jesús? ¿Qué significa estar "entregado a Cristo". ¿Qué significa "permanecer en Cristo"? ¿Qué quiere decir la Palabra de Dios cuando enseña que debemos "vivir por la fe"? ¿Será posible que nuestra comprensión actual de estos temas es insuficiente? ¿Será posible que nos hace falta más luz o conocimiento al respecto? Mira lo que dice la Palabra de Dios...

"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento". (Oseas 4:6)

Sin embargo, Dios ha prometido a Laodicea, la iglesia de los últimos días, darle la luz o el conocimiento que necesita para conocer "toda la verdad" a través del derramamiento final del Espíritu Santo en la lluvia tardía.

"Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra". (Oseas 6:3)

"Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto". (Proverbios 4:18)

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir". (Juan 16:13)

La buena noticia es que, en la actualidad, Dios está derramando más luz sobre el verdadero significado del mensaje a la iglesia de Laodicea, para la gloria de su nombre y porque Él es fiel con sus promesas. Sigamos examinando juntos esta nueva luz que procede del trono de la misericordia.

El Engaño de las Falsas Riquezas

En la actualidad, la iglesia de Laodicea cree ser rica, autosuficiente y no tener necesidad de nada, pero Jesús, utilizando el lenguaje más fuerte posible, revela todo lo contrario: la iglesia es “desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda”. Es decir, la iglesia ha caído en el engaño de las falsas riquezas. Este autoengaño ha provocado que Laodicea sea ciega y no pueda ver su verdadera condición espiritual. Asimismo, el autoengaño y la ceguera han arrastrado a Laodicea a una tibieza, que se traduce en letargo y muerte espiritual.

"Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo". (Apocalipsis 3:17)

Pero, ¿cuáles son esas falsas riquezas que han engañado a Laodicea? Evidentemente, a los ojos de la iglesia de Laodicea, sus riquezas son el producto de su relación con Cristo y son aceptables ante Dios. Cuando analizamos el contexto bíblico del mensaje a Laodicea, es claro que las riquezas se refieren a las obras que la iglesia produce. Recordemos que Jesús la evalúa por el tipo de obras que produce. Como vimos anteriormente, las obras que la iglesia produce son "las obras de la ley" que la convierten en una iglesia "tibia" y "pobre". Sin embargo, la iglesia erroneamente cree que lo que produce son "obras de la fe o del Espíritu". ¡Esto es un engaño descomunal... una distorsión absoluta de la realidad!

¿Será que somos conscientes de que todos los miembros de la iglesia en la actualidad - absolutamente todos - sufrimos del engaño de las falsas riquezas y tibieza espiritual? La respuesta es un rotundo ¡NO! Jesús mismo nos dice que vivimos ciegos a nuestra realidad, tal como lo describe el texto bíblico: "Y NO SABES que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo". Es realmente aterrador saber que el engaño de las falsas riquezas y la tibieza espiritual nos pone en peligro de muerte eterna, y ¡lo peor es que ni siquiera nos damos cuenta!

Pero, ¿cómo terminamos adquiriendo una condición de tibieza espiritual? ¿Cómo es que  vivimos engañados, sin darnos cuenta de nuestro verdadero estado? ¿Qué podemos hacer para sanar de esta enfermedad? Vamos paso a paso... con mucho cuidado. Conforme a nuestra respuesta de fe, humildad y arrepentimiento, y a medida que avanzemos en nuestro estudio, iremos despertando y reaccionando al amoroso y desesperado consejo de Cristo. 

Queridos hermanos en Cristo, hemos llegado a un punto donde debemos reconocer con toda la honestidad y humildad del caso, que somos una iglesia "tibia" porque producimos "las obras de la ley". Nosotros vivimos engañados porque nos hacemos creer que estamos produciendo las "obras calientes de la fe" cuando, en realidad, lo único que estamos produciendo son "las obras frías de la carne", porque somos una iglesia separada de Cristo.

Sin darnos cuenta, las "buenas obras" y logros de nuestra iglesia, nos han llevado a una autosuficiencia silenciosa, donde el orgullo sustituyó nuestra total dependencia de Cristo. Creemos que el éxito evangelístico e institucional, que se traduce en un notable crecimiento numérico de la iglesia mundial, se debe a la presencia y bendición de Dios. Cuando consideramos la estabilidad financiera de la iglesia, un gran número de propiedades inmuebles, congregaciones locales, establecimientos educativos, hospitales, clínicas y centros de evangelismo y beneficiencia social, pensamos que todo ello es el resultado de la obra de Dios. Llegamos a la errónea y engañosa conclusión de que, nuestra iglesia está llena de la presencia Dios y está dirigida por el espíritu de Cristo. 

Pero la realidad es totalmente lo contrario a lo que creemos. Según el Testigo Fiel y Verdadero, todas esas "buenas obras" y logros no son más que las "obras de la ley" producidas por una iglesia "tibia", completamente separada de Cristo.  ¡La verdad es dura de digerir! Sin embargo, Cristo ofrece una salida urgente. La iglesia debe dejar de ser una iglesia "tibia" para convertirse en una iglesia "caliente". Para llegar a ser una iglesia "caliente" que produzca las "obras de la fe" o "el fruto del Espíritu", necesitamos urgentemente entender y obedecer el consejo de Cristo: obtener el oro refinado en fuego, las vestiduras blancas y el colirio para los ojos.

(NOTA: Subiremos la segunda parte de este estudio en los próximos días).